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El Blog de Sergio del Molino

MUJERES (AFGANAS) AL VOLANTE

MUJERES (AFGANAS) AL VOLANTE

"Mujer al volante, peligro constante", que decía el tópico machista. Si todavía hoy en España muchas mujeres tienen que escuchar esta y otras lindezas cuando despiertan la impaciencia de algún energúmeno conductor, ¿qué no escucharán en las calles de Kabul?

Anoche tuve la oportunidad de ver un reportaje televisivo excelente, de esos que te reconcilian con tu profesión y te hacen sentir que, después de todo, no está tan mal. O, al menos, que hay gente que no lo hace tan mal. Lo producía la BBC (¿qué será del periodismo audiovisual el día que la BBC deje de ser la BBC? No quiero ni pensarlo) y lo firmaba Sean Langan. Su título, Afghan Ladies Driving School, traducido al español de forma horrísona como Mujeres al volante en Afganistán. Espero que los programadores de la tele generalista lo emitan pronto (si es que no lo han hecho ya y se me ha pasado), porque es una joyita. Dicen que se puede descargar del e-mule, pero yo no os he dicho nada, que la SGAE está por todas partes.

En un país del que apenas nos llegan noticias de muertos, refriegas, bombas y tipos barbudos y feos agitando armas ante una cámara, Sean Langan se preocupa por acercarnos su realidad cotidiana. Y uno de los aspectos es que, bajo el nuevo régimen, y a pesar de todos los pesares, las mujeres están levantando cabeza y algunas se atreven (oh, sacrilegio) a conducir por las caóticas y bacheadas avenidas de Kabul. Eso es posible porque un simpático y vivaz kabuleño llamado Mamozai ha abierto la primera autoescuela mixta del país. Uno de los profesores es, además, un ex talibán que está encantado con su nuevo trabajo.

Langan sigue durante cinco meses (benditos presupuestos de la BBC: en nuestro caso el asunto se liquidaría en un par de días y en una página escasa de periódico) la vida de Mamozai y de varias de sus alumnas, y de forma sutil y calma va entreabriendo las cortinas de un país sufriente y dolorido, poblado por gentes ingenuas y simpáticas (léase normales) que tratan de encajar como mejor saben la nueva situación de igualdad legal de los sexos. Mamozai es un hombre querido y respetado en su barrio, que ayuda a todo el mundo, y quiere aprovechar esa popularidad para presentarse a las elecciones legislativas por Kabul. Langan sigue sus "mítines", su campaña y sus discursos, y el espectador llega a empatizar con ese personaje.

En un momento determinado, charlando con los empleados de la autoescuela (entre los que se encuentra una mujer que fue maestra de una escuela de niñas clandestina durante el régimen talibán), Langan saca el tema de las relaciones matrimoniales, y el ex talibán asegura que jamás de los jamases se le ha ocurrido ponerle la mano encima o faltar al respeto a su mujer, a la que ama. Langan confiesa entonces que su mujer está pensando en divorciarse de él, y requiere consejo a sus interlocutores. La ex profesora clandestina le responde: "Es normal que quiera divorciarse de tí. Te pasas la vida en Afganistán mientras ella está en Londres. Yo también me divorciaría de tí".

Mujeres que no quieren casarse y que luchan por seguir sus estudios, mujeres que quieren sacarse el carnet de conducir para ayudar a su familia y mujeres temerosas de asumir nuevos roles fuera de los muros del hogar. Langan se gana la confianza de todas ellas (con cinco meses sobre el terreno, así cualquiera) y es rápidamente aceptado por los hombres, que se rigen por códigos ancestrales de hospitalidad y camaradería. Así aparece un Afganistán insólito, a pie de calle. No niega la violencia ni la miseria que denuncian los titulares de los corresponsales, pero va mucho más allá, cumpliendo sin arrogancias ni apriorismos una de las funciones básicas del periodismo: descubrir al público lego qué se cuece en un determinado sitio. Y recalco que lo hace sin arrogancia porque ése es el periodismo que me gusta a mí, no el intrépido justiciero y efectista de quitarse el chador ante un ayatolá. Es el periodismo del hic y el nunc, del aquí y el ahora. De sentarse, ver, escuchar y saber transmitir a quien no ha estado ahí lo que se ha visto y lo que se ha escuchado. Eso es lo difícil en esta profesión: contar bien una historia. Lo otro, el griterío y la indignación, es algo que se ve y se oye a diario, y yo estoy un pelín harto ya.

Podrá argumentarse que el trabajo de Langan no es más que una justificación imperialista de la invasión aliada del país, haciéndonos ver que ha merecido la pena. Pudiera ser, aunque no lo creo. Pero incluso concediendo que así fuera, no le restaría ni un ápice de valor a su trabajo. Porque no se ha inventado nada, porque la realidad, independientemente de la intención de quien la mire, emerge en su documental. Es un reportaje fantástico al que sólo le encuentro una pega: no lo he hecho yo, y la envidia es muy mala.

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5 comentarios

S. del Molino -

Gilgamesh, los presupuestos de la BBC son enormes, pero inocentes. Tienen dinero a espuertas y no les importa gastarlo en buenos proyectos independientes. Por eso decía que no sé qué pasará con el periodismo audiovisual cuando se carguen ese modelo británico, el único y frágil parapeto de contención frente a la mediocridad tomatera y granhermanera.
Gracias por leerme (por lo que veo, desde la otra punta de la Península), Gilgamesh. Voy a enlazar tu página. Por cierto, este verano estuve por tu tierra procedente de Portugal. No estuve en Lepe, pero me harté de comer gambas, jamón y tomates aliñaos con la brisa del Atlántico.
Salud!

gilgamesh -

Quizá no me expresado con exactitud. Yo tampoco he visto el documental, y vale que ni oculte a la vista nada, pero que hay alguna segunda intención, me parece que sí la hay. Ya digo que es cuestión de verlo: seguro que cuenta la historia de manera ejemplar, magnífica...
Una producción con ese caché no puede ser en absoluto inocente, porque sencillamente no me lo creo. Pero bueno, para opiniones y gustos, los colores.
Por cierto, nunca he tenido la oportunidad de darte la enhorabuena por el blog, al que llegué de casualidad, pero que me tiene pendiente casi a diario de sus actualizaciones, a pesar de las distancias que nos separan: la vida de los periodistas de este país, por fortuna o desgracia, y al menos en lo laboral y tal, se parece mucho.
Un saludo.

Anakrix -

¿Por qué va a ser criticable contar algo bueno de Afganistán? El mérito de ese reportaje -y no lo he visto, pero me fío de Sergio- es que retrata cómo, a pesar de todos los pesares, muchos afganos quieren llevar una vida normal. Aprenden a conducir, hacen nuevos amigos y buscan ser felices. Y es que, aunque viven a miles de kilómetros, en un país convulso y violento, no son tan distintos a nosotros...

S. del Molino -

¿Aviesas intenciones? A ver, no confundamos churras con merinas. La única aviesa intención de Sean Langan consiste en ejercer con honestidad, rigor y brillantes su oficio. La BBC, pese a quien pese, sigue siendo modélica, y su sello, una garantía real que demuestran andando. La apostilla final la he puesto para adelantarme precisamente a esas críticas.
Lo he dicho en el artículo y lo repito ahora: el reportaje no niega ni oculta nada. Simplemente, busca una anécdota para ilustrar el día a día de un país que lucha por ponerse en pie, pero sin elevar la anécdota a generalidad. Simplemente, cuenta una historia, y la cuenta muy bien. Y eso es lo único que se le puede exigir a un periodista (y no es poco).

gilgamesh -

Si quieres cotidianeidad en Afganistán, también puedes leer el artículo siguiente; más que nada por molestar.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=37765
Y sí: creo que el documental está hecho con aviesas intenciones, por muy bueno que sea.
Lo mismo pienso del documental del 11-S de la BBC (creo) que emitió Cuatro la semana pasada. Es una joya, para mí perfecto, pero...
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