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El Blog de Sergio del Molino

LA TEORÍA DEL BOICOT

LA TEORÍA DEL BOICOT

Sólo en un diario británico pueden leerse cosas como la que paso a comentar. En cualquier otro país, o no superarían los filtros necesarios, o sus autores serían apedreados por hordas de enfurecidos lectores. Marcel Berlins, francés afincado en Reino Unido desde hace muchos años (y anglosajonizado, lo que resulta más increíble aún) escribía en The Guardian una columna sobre la teoría del boicot. ¿Adjetivos para definirla? Frívola, pedante, elitista, ególatra, insoportablemente alambicada... En una palabra: fantástica. Los (siempre frágiles) reparos que suelen esconder el ego del columnista aquí no existen. El texto es Marcel Berlins con todas sus humanas mezquindades y estupideces.

El asunto es como sigue. Berlins pasea por Primrose Hill, en Londres, y se da cuenta de que el restaurante Odette’s ha cerrado. Ufano, se cree en parte responsable del cese de negocio debido al boicot que le impuso quince años atrás, cuando fue a celebrar un cumpleaños con unos amigos y el camarero no se dignó a sentarles en la mesa que ellos querían. A partir de ahí, Marcel empieza a desarrollar su teoría del boicot.

Punto uno: el boicot se ejerce contra una institución, no contra quienes la dirigen o trabajan en ella. Quiere esto decir que, aunque Odette’s cambió de dueños poco después del "incidente", él no aflojó su determinación, pues iba contra el restaurante, no contra sus camareros o gerentes. Punto dos: el boicot puede justificarse por los sucesos más peregrinos. Así: "Dejé de leer cualquier cosa escrita por un famoso autor que ganó el premio Booker cuando, en nuestra librería local, se coló en una fila en la que yo estaba, utilizando su fama para ello". Punto tres: el boicot ha de ser público; todas tus amistades deben saber qué boicoteas (en el caso de Marcel la lista debe ser tan larga que habrá editado un folleto para repartir entre sus conocidos). Punto cuatro: no se rebla nunca, no importa lo tentador que sea volver a disfrutar de un restaurante o volver a leer a un buen novelista. Una vez que se toma la decisión, se acata para siempre.

La conclusión que el propio Marcel extrae es que el único perjudicado por sus boicots es él mismo. Los restaurantes siguen sirviendo cenas, los novelistas siguen publicando libros y los actores siguen rodando películas pese a sus campañas. Y como, generalmente, boicotea excelentes restaurantes, brillantes novelistas y sensacionales actores, se queda sin comer bien, sin leer buenos libros y sin disfrutar de buenas pelis. Por confundir la dignidad con la papanatería. Y bien merecido que se lo tiene: sus boicots pueden dejarle tirado en un desierto yermo e inculto. Él mismo lo dice: soy un imbécil. Y tanto.

Yo sólo he hecho un boicot parecido una vez en mi vida, pero fue por motivos de salud mental. Durante un tiempo, me dormía escuchando programas de radio de madrugada y me pasaba las mañanas de un  humor de perros. Todo me parecía mal, la gente a mi alrededor era fea y cualquier pequeña contrariedad me sacaba de mis casillas. Hasta que descubrí la causa: al dejarme la radio encendida, escuchaba inconscientemente las tertulias mañaneras. Mi mente se llenaba de "este país se va a pique", "este Gobierno es una vergüenza", "los jóvenes sólo saben hacer botellón y mear en mi portal", "contubernio judeo-masónico", "patriotismo constitucional", "Blair es un gilipollas", etc., etc. Tomé la determinación de apagar la radio cuando notaba que el sueño me vencía, y todo fue a mejor. Las camareras del bar donde desayunaba parecían más guapas y simpáticas, la gente se me antojaba más educada y agradable y mis compañeros ya no huían de mí. Desde entonces, decidí boicotear a los tertulianos para siempre, dados los efectos terapéuticos comprobados, y mi vida ha cambiado sustancialmente a mejor. A todos los que sufrís de mala hostia matutina, os recomiendo secundar mi boicot. Probadlo una semana, y si no notáis resultados, dejad también de leer periódicos (aunque esto último no os lo he dicho yo, que vivo de eso, y tal).

Foto: Marcel Berlins.

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3 comentarios

El futurible ingeniero -

Si esa canción la escuchado... del disco "¡ese Fary!". Por cierto hay una maravilla de los electrodomésticos llamado botón "sleep" programable para que se apague con quieras... La ciencia avanza que es una barbaridad!

S. del Molino -

Es que cuando se tiene arte (y al Fary le sobra)...

El Fary -

A mí me pasaba lo mismo, me encontraba de mal rollo, pero un día
Entré en una discoteca, soy timido y me asusté,
pibitas que con quince años y los chavales también
hablaban de cosas raras de lo cual no me enteré
les diré lo que decían,
por si saben lo que es

Que dame la mandanga y déjame de tema
dame el chocolate que me ponga bien
dame de la negra que hace buen olor
que con la maría vaya colocón

Pasados 20 minutos sin saber cómo y por qué
con el aroma del humo yo tambien me coloqué
me dijeron los chavales ven acá y aplastaté
le pegué a la mandanguita,
se acabó mi timided.

Así que cuando tengo mal rollo,
Me voy pá la discoteca a buscar mi churifú
mirad si me pongo bien que creo que soy Kun Fú
lo mismo en Valladolid, Toledo que Salamanca
Todo el mundo baila ya,
el ritmo de la mandanga
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