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El Blog de Sergio del Molino

FELISIDÁ, QUÉ BONITO NOMBRE TIENES

FELISIDÁ, QUÉ BONITO NOMBRE TIENES

He llegado a una conclusión inapelable: ser feliz no mola. ¿Eres feliz? Es una pregunta que me encanta soltar de cuando en cuando a bocajarro a algunos amigos especialmente brumosos y complejos. La última vez fue hace muy poquito, a las tantas de la mañana, a mi querida P., que vino de Madrid un fin de semana fugaz. Siempre se quedan un rato callados. Los más insolentes responden a la gallega, con otra pregunta como ¿qué es ser feliz, Sergio? Pero lo normal es que pongan esa cara que ponemos siempre en el supermercado ante las hortalizas: me llevaría cebollas, que están de oferta, pero es que las cebolletas tienen el tallo tan verde y fresco... No sé si os habéis fijado, pero la cara de indecisión nos hace una mueca de lo más desagradable. El caso es que todavía no he encontrado a nadie que me diga que sí, y creo que todos tendrían motivos sobrados para dar una respuesta afirmativa. De hecho, como amigo, debería sentirme insultado ante cualquier otra respuesta: vamos a ver, estás charlando con alguien a quien quieres y que te demuestra su amor, estás algo o bastante borracho y la música que suena en el garito no está nada mal. ¿Qué más necesitas? (las parejas embelesadas y ñoñas que se dicen "¿eres feliz, almendrita garrapiñada?" y se contestan "sólo cuando estoy contigo" no cuentan en esta encuesta, lo digo desde ya). 

¿Cómo me lo van a decir? Alguien feliz es, a los ojos del mundo, un meapilas o un hipócrita. Los felices no caen bien. Si la tasa de suicidios se dispara en primavera es porque a los amargados no les gusta ver a gente sonriente y floreada por la calle. Los inteligentes no son felices. Los inteligentes son complicados, y su complejidad les lleva a abismos donde arden homéricamente. Sólo el lerdo es feliz. Sólo los organismos unicelulares son felices, porque hasta mi perro tiene días de profunda depresión y languidez. 

Pues ya está bien, hombre. Felices del planeta, salid de vuestros escondites y proclamad al mundo vuestra felicidad. ¿Cómo? ¿Qué dicen? ¿Que es insultante que haya una sola persona feliz en un planeta lleno de miserias y cosas chungas? No, señora, lo insultante son las miserias y las cosas chungas. Como decía Haro-Tecglen cuando le acusaban de pesimista: "A mí no me miren, el pesimismo no está en mi columna, sino en la primera página del periódico". 

A los movimientos protestatarios les costó mucho llegar a combinar lo lúdico con las estrategias de lucha. No hay más que ver fotos de aquellas sufragistas, que parecían que iban de funeral, y compararlas con las de cualquier manifestación actual. El movimiento gay ha hecho mucho en ese sentido, pero antes ya lo hicieron los ecologistas y algunas de las llamadas nuevas izquierdas.

Pues yo me siento razonablemente feliz -aunque no siempre ha sido así, claro está- y creo ser algo menos simple que un protozoo. Hace tiempo que dejé las lecturas graduadas de El barco de vapor y hasta puedo enfrentarme a un texto de Walter Benjamin sin que mis neuronas se derritan por el esfuerzo. Y eso no me convierte en un tipo sombrío o en un alcohólico autodestructivo. Es más, puedo decir que ni siquiera me rondan tentaciones suicidas, y espero que eso no me quite puntos a la hora de publicar una novela o de presentarme como alguien creíble en el turbio y bufandista mundo cultureta. 

Y seguro que hay miles como yo. Personas a las que les gustaría anunciar que son felices o que están enamorados, pero cualquiera se atreve a decir nada con el Euribor por las nubes y Corea del Norte pegando zambombazos. La otra noche, en Hablar por hablar (sí, ya sé, me tengo que quitar de esa adicción, pero es que actúa como una nana), jóvenes y viejos se enzarzaron en un combate por ver qué generación era más desgraciada. Los jóvenes hablaban de hipotecas altas y sueldos bajos, y los viejos, de posguerras, de latas de sardinas con gusanos y de andaluces de Jaén, aceituneros altivos. Los jóvenes replicaban que ya, ya, pero que los tiempos habían cambiado y que qué culpa tenían ellos de vivir en paz y en democracia, y los viejos volvían al ataque diciendo que los jóvenes se quejan de que no podían comprarse un piso, pero luego bien que se gastan el jornal en vacaciones por ahí, y que yo a mis 132 años no he salido de mi comarca. Entonces, salía un joven diciendo que de viajar, nada, que a él sólo le llegaba para una pizza los sábados por la noche que no llovía. Así se pasaron la noche, compitiendo en ver quién era más miserable. Y se ofendían un montón cuando unos acusaban a los otros de vivir bien. Joder, pues mejor para vosotros.

Yo me quedo con La Cabra Mecánica y la poesía de Lichis, porque la felicidad es fugaz y voladiza, como los buenos licores, pero también entra fuerte y deja resaca:

"Felisidá, qué bonito nombre tienes. / Felisidá, ve a saber donde te metes. / Felisidá, cuando sales a bailar, / te tomas dos copas de más / y se te olvida que me quieres".

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9 comentarios

Anakrix -

Cañas y despelote!!! Sin duda!!!

S. del Molino -

Esto no puede ser, o nos ponemos de cañas y despelote o nos ponemos académicos. Las dos cosas a la vez, no

ENRIQUE -

¡SOY FELIZ, COÑO!

S. del Molino -

a) yo no he dicho que sea un insulto que te llamen feliz, sólo que un tío feliz no cae bien, es un incordio, un grano anal.
b) yo, al menos, me refiero a algo mucho más intuitivo y menos taxonómico, pero por ser riguroso, que no quede. Claro que nadie, hablando con propiedad, puede decir que es feliz. El mero hecho de plantearlo ya elimina la supuesta felicidad. Pero yo prefiero eludir las definiciones absolutas. No comparto la distinción entre endógena y exógena, pues aunque puede estar provocada por lo bien que te van las cosas, sin una predisposición "interna" a disfrutarlas no hay goce que valga. En la tensión dialéctica (si nos ponemos marxistas) que mantienen las dos está la clave. Pero, mucho más allá de todo eso, yo sólo hablo de un sentimiento radicalmente subjetivo, imposible de valorar por alguien que no sea uno mismo, que se proyecta hacia fuera y que busca contagiar su entorno. Supongo que habrá mucho de bioquímica cerebral y de segregación hormonal de por medio.

Javivi -

A què tipo de felicidad nos referimos, exactamente? No es la misma la felicidad endògena que la exògena, la que se lleva dentro porque sí o la que se recibe cuando las cosas te van bien. Distingamos, señoras y señores. Y maticemos, pues creo que nadie puede decir, ni el más pesimista ni el más optimista (felicidad endògena) al que mejor le vayan las cosas (exòogena) que es completamente feliz, o completamente infeliz. Además, en algo no estoy de acuerdo contigo, Sergio. Que te llamen feliz no es un insulto, un menosprecio o un menoscabo. Que te digan infeliz, sí.

S. del Molino -

Venga, pues que corran las cañas, otra ronda!

El Fary -

Mira no me ha tocado el cuponazo pero me han tocado algunos reintegros y me he sentido feliz y es un buen motivo de poder invitar a mis amigos `puesto que digo que me ha tocao la lotería y me dicen: "no me digas!", y les digo "si señor, un reintegro en los ciegos".

Anakrix -

Pues mira, yo soy feliz. Y no me da vergüenza ni nada. Tengo días tristes, claro, y sufro cuando a la gente que quiero le pasan cosas malas, pero así, en general, soy feliz. No soy una ingenua. El mundo en que vivimos es un asco lleno de injusticias y de situaciones terribles. Pero precisamente por eso, joder. Tengo un novio estupendo, un trabajo que, pese a las jodiendas, me gusta y en el que me pagan bien, buenos amigos, mi familia está bien... cómo no voy a ser feliz? Y tampoco es que crea que haya que ser feliz por imperativo categórico, eh? es que me sale. Me gusta mi vida. Soy de natural optimista y pienso seguir siéndolo. Y si a alguien le parezco simple, poco interesante o una ilusa, allá él. Me quedo con mi sencilla y maravillosa felicidad
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