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El Blog de Sergio del Molino

EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO

EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO

Por razones que no vienen al caso, estoy leyendo estas últimas semanas muchos libros sobre la esquizofrenia, en especial, el manual del doctor Edwin Fuller, el mayor divulgador de la enfermedad, de sus causas (desconocidas) y de su tratamiento (en pañales). Tranquilos, no estoy intentando comprender las voces que escucho en mi cabeza ni nada de eso, y tampoco tengo a nadie cerca sufriendo esa pesadilla (toco madera). Me interesa por otros motivos.

(Paréntesis: resulta curioso el enorme estigma que está asociado a la esquizofrenia. Para cualquier otra enfermedad, incluida cualquier otra enfermedad mental, no me habría sentido obligado a aclarar que mi interés es diletante)

Si lo traigo aquí es porque, estudiando la esquizofrenia, he descubierto tres síntomas de imbecilidad humana que me gustaría compartir con vosotros:

1) Al parecer, la investigación sobre la esquizofrenia fue más certera en el siglo XIX (sin medios ni higiene ni nada de nada) que en el aséptico y esterilizado siglo XX. Mientras nuestros antepasados del XIX tenían bastante claro que la enfermedad tenía su origen en el cerebro y en una alteración o lesión que ellos no podían apreciar porque no disponían de las herramientas para verla, en el XX, y hasta bien entrados los años 60, se generalizó la idea de que la enfermedad respondía más bien a un complejo de Edipo irresuelto o alguna paja mental psicoanalítica por el estilo. Los locos no eran enfermos, sino víctimas de la sociedad. Según el doctor Fuller, esta concepción -a la que no fue ajena la costumbre folclórica de la URSS de llamar esquizofrénicos a los disidentes- ha restrasado décadas la investigación. De haber seguido pensando como en el siglo XIX, quizá a estas alturas los científicos ya tendrían clara la causa y podrían desarrollarse tratamientos adecuados para atacarla y prevenirla.

2) Si éramos pocos, vino la New Age. Las teorías de la autoayuda y el neoegocentrismo han influido mucho en muchos sistemas de salud, que en lugar de mejorar sus redes de asistencia y alentar a los investigadores científicos, han generalizado una idea horrorosa e injusta. Hasta no hace mucho, se le decía a los esquizofrénicos y a sus familiares que su curación dependía de su voluntad y de los esfuerzos que hicieran por normalizar su vida y reintegrarse en la sociedad. Por tanto, si no mejoraban (que no lo hacían, porque las lesiones cerebrales siguen ahí aunque las ignores), se les echaba la culpa por no esforzarse lo suficiente, creando en los enfermos y en sus familias una frustración insoportable. Afortunadamente, casi nadie defiende ya estos rollos procedentes de traducciones de baratillo del budismo y de otras religiones orientales, pero el daño ya está ahí. De hecho, las secciones de autoayuda siguen funcionando bien en las librerías, haciendo creer a muchos que pueden solucionar sus problemas siguiendo cuatro formulitas simplistas y sin acudir al psiquiatra.

3) Quizá los genios y los locos no tengan nada que ver. Quizá hemos escuchado a los locos de una forma errónea, prestando atención a lo que no querían decir e ignorando el suplicio que manifestaban. En fin, que estoy sacando la conclusión de que, tanto quienes les han glorificado como espíritus libres de las convenciones de los cuerdos como los que les temen y les recluyen lejos de su vista, han hecho mucho daño. El sentido común no ha predominado en el bando de los supuestamente cuerdos. Les hemos fallado una y otra vez, y como seres humanos que son, merecían mucho más por nuestra parte.

Lecturas literarias sobre la locura que se me ocurren a bote pronto: El pabellón número seis, de Chejov; El corazón delator, de Edgar Allan Poe; Jane Eyre, de Charlotte Brontë; Las olas, de Virginia Woolf... Casi todas, del siglo XIX. Pelis: Shine, Repulsión (de Roman Polansky), Pi y la más floja de todas, pese a la genial interpretación de Russel Crowe, Una mente maravillosa. Ninguna de las que he citado trata al loco como un héroe, sino que busca comprender narrativamente su mente enferma. El loco-héroe de Alguien voló sobre el nido del cuco puede hacernos sentir bien a los izquierdistas bienpensantes con su alegato sobre el abuso de la autoridad, pero no dice nada del infierno personal del loco-enfermo. Es una bonita metáfora, pero inútil para acercarse a la locura.

¿Me dejo algún libro importante? Ah, sí, El Quijote, pero es que me había propuesto no mentarlo en una década después del centenariazo. Rompo hoy mi promesa. 

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9 comentarios

Enketentretendrastu -

Perdona, pero a mi me encanta Jorge Bucay, para gustos, los colores....

S. del Molino -

Gracias, Aurelio. Tomo nota.

Aurelio -

Sobre el sufrimiento en la locura (en y alrededor, claro) una peli más: Betty Blue.
Que triste, dios.

S. del Molino -

Sé de algunos psicólogos que recomiendan a sus pacientes leer esas cosas.
Me he dejado un montón de títulos en el tintero. La locura ha sido muy fructífera como tema literario, pero de todas las metáforas e imágenes que se han escrito sobre ella, la que más me gusta es una que no lo es: "La nave de los locos". Cuente Foucault en su "Historia de la locura" que esas naves existieron realmente, y que en el siglo XV se las podía ver surcando el Rin hasta su desembocadura, llenas de locos expulsados de las ciudades. Eran manicomios flotantes tripulados por marineros que dejaban abandonada su "carga" en cualquier mercado o en cualquier puerto tumultuoso. Esa realidad acabó convertida en metáfora y en tópico artístico gracias al Bosco y a un libro de Brandt en el que el pintor se inspiró.

Cide -

Por cuestiones que no vienen a cuento, estoy muy sensibilizado con los libros de autoayuda. ¡Cuánto daño han hecho! ¡Qué cosa más inútil que un libro de autoayuda! Eso sí, en la sección de libros de autoayuda te puedes encontrar injustamente clasificados libros que podrían salir de esa clasificación como algunos de los de Tony de Mello o "El arte de amar" de Erich Fromm.
Hace unos meses Miguel Ángel Sabadell dio una interesante charla en Ibercaja sobre todo esto. La tituló "Yo me he comido tu queso". Jeje.
El señor Bucay mejor no mentarlo. Y de Lucía Etxebarría ¿qué decir? Ella sola se deja en evidencia.
Ya que nombras el Quijote, podrías hablar también de "El licenciado vidriera". ¡Muerte a los Bucays del mundo!

S. del Molino -

Yo me apunto a lo de Bucay. Además, creo que le acusaron de plagio, ¿no? No sé en qué quedó la historia, pero era algo parecido a lo de Lucía Etxebarría, que parece que copió enteras varias páginas de artículos de revistas de psicología.

gilgamesh -

Pi es una virguería, sinceramente, y eso que la primera vvez que la vi me pegué una pechá de reir que no fue normal: especialmente cuando el matemático viejo le dice al protagonista: "Ya no eres matemático, sino que te has convertido en un numerólogo": la cara que ponía el prota era de antología, parecía haberse cagado en su pu...madre.
En fin, que, tras esto, a lo que venía: ahí tenemos al simpar Jorge Bucay vendiendo humo a chorrocientos euros por pamplinas lamentables. ¿Alguien odia como yo a este tipo?

S. del Molino -

Eso, eso, añadid. Por 25 pesetas, películas y libros que hablen de la locura. Como por ejemplo, Shine. Un dos tres, repita otra vez.

Mapi -

Chico, yo añadiría "Inocencia interrumpida", con Angelina Jolie y Wynona Rider. No trata la esquizofrenia, sino más bien el síndrome "Border line", pero es una buena película. y qué coño, ellas están muy buenas.
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