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El Blog de Sergio del Molino

ESTOS YANQUIS...

ESTOS YANQUIS...

El próximo día 17 se estrena en España Borat, un falso documental que da una vuelta de tuerca al estilo Michael Moore. Según leo en El País, su autor, Sacha Baron Cohen, se hace pasar por Borat, un periodista kazajo ignorante, machista, racista, lerdo y entusiasta de George W. Bush que recorre Estados Unidos de punta a punta con el "encargo" de dar a conocer en su país las maravillas de la civilización norteamericana. En el viaje, pone en evidencia cuán cenutrios son los yanquis de una costa a la otra. Borat enseña un país de paletos que creen que en Europa oriental viven en la Edad Media, llenos de prejuicios racistas, con pueblos donde los cow boys confiesan que quemarían a los homosexuales, etcétera, etcétera, etcétera. Hasta aquí, bien. Todo retrato paródico de una realidad mostrenca que, encima, se haga con sentido del humor, lo disfruto. Probablemente, gozaré y me indignaré por igual cuando vea la peli, pero, al igual que me sucede con Michael Moore, la demagogia europeizante me provocará cierta repulsión.

Producciones como esta sirven en Europa para que nos acomodemos en nuestra superioridad moral e intelectual. Pobres yanquis, pensamos, menos mal que vivimos en una tranquila, progresista y tolerante ciudad europea, menos mal que no somos unos imperialistas repugnantes como ellos. ¿No lo somos? Muy al contrario: producciones como la de Borat confirman una capacidad de autocrítica y autoparodia que apenas percibo en el viejo continente. Si no se producen películas como esta en Francia, en Alemania o en la misma España no es porque no exista una realidad tan mostrenca o más, sino porque una industria hipersubvencionada rara vez se atreve a morder la mano de la sociedad y el Estado que la alimenta.

Estoy convencido de que un Borat recorriendo España de Barcelona a Huelva podría ser tan terrorífico como el estadounidense. ¿Saldría el gracioso reportero ileso de unas cuantas bromas sobre moritos en una plaza de El Ejido? ¿Qué pasaría si entrara con ganas de guasa españolista en una herriko taberna? ¿Y si pidiera a los parroquianos de un bar de Quintanilla de Onésimo su opinión sobre la homosexualidad? ¿Y si visitara la fiesta de Manganeses de la Polvorosa en la que se arroja una cabra desde un campanario? ¿Sería capaz alguien de pasearse con el pelo largo y una camiseta del Che Guevara un 20 de noviembre por la Plaza de Oriente de Madrid?

¿Cómo? ¿Que me voy a los extremos? No, estoy cogiendo el equivalente hispano de los rodeos y de los poblachos de mala muerte llenos de cow boys homófobos y Homer Simpsons republicanos. Pero la cosa no sería distinta en Francia, donde un partido racista que deja pequeña cualquier exageración pueblerina estuvo a punto de llegar a la presidencia de la República no hace nada y cuyo porcentaje de votos jamás baja del 10 por ciento. Venga, acérquese y pregunte al encargado de cualquier tasca marsellesa en qué pino prefiere colgar a los argelinos. Cuando terminen de empaparse de la grandeur que impera en la campiña gala, hagan un viaje por la pintoresca Italia, y después prueben a recopilar los chistes denigrantes que en Alemania occidental circulan sobre los muertos de hambre de Alemania oriental. Y, si no quedan satisfechos, paséense por las calles de Viena acompañados por alguien de piel morena y pelo rizado (la chilaba es opcional) y pidan mesa en un restaurante fino, verán qué risa.

En fin, que el documental podría hacerse en cualquier país de Occidente con parecidos resultados. Lo que me jode de la demagogia instaurada por Moore es que se cultiva a mayor gloria de una Europa tan palurda o más que los Estados Unidos, pero que se cree, mirándose su minúsculo ombligo, depositaria de todo el saber y el cosmopolitismo del universo. La diferencia entre ellos y nosotros no radica en nuestros distintos niveles de estulticia, ignorancia y oscurantismo, sino en que ellos tienen un grupo de gente que sabe trascender el reconfortante y calentito nacionalismo, mientras que los de aquí se aferran a la hogareña subvención, ya sea autonómica, estatal o europea.

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18 comentarios

acróbatas -

No sé por qué (bueno sí, por el frío) entré al cine a verla. Un horror. No puedo decir más porque estoy de acuerdo con lo que has comentado.

Lo del momento de la plaza de oriente debió ser toda una aventura... ¡a quién se le ocurre! jeje...

Un beso!

S. del Molino -

¿Quién coño eres, submarino? ¿Acaso estuviste con nosotros esa fatídica mañana? Hay que aclarar que no nos paseamos por allí "para provocar a los fachas", líbreme Tamariz. Sólo fuimos a presenciar un acto folclórico que, según nos habían informado, consistía en un grupo de nonagenarios artríticos que ni siquiera podían levantar el brazo para hacer el saludo fascista. Cuando nos encontramos la plaza llena de "sanos chavales" de pelo rapado, nos acojonamos un mucho. Pero, ya que estábamos allí. Nos salvó la tribuna de la prensa: no nos apalearon por miedo a que la tele lo grabase.

submarino -

¿Sería capaz alguien de pasearse con el pelo largo y una camiseta del Che Guevara un 20 de noviembre por la Plaza de Oriente de Madrid?, pregunta con cierta guasa Sergio del Molino.

Pues bien, yo conozco a dos que fueron uno con su pelo largo, el otro con el que tiene, la Plaza de Oriente un 20 N a provocar a los fachas y nada. Pues nada, que cuente el bloguero del Molino lo que pasó.........

El futurible ingeniero -

Pincho era el cactus (gran fruta, por cierto), hemos colgao en www.losgiraos.com la presentación y el final ("es mi bosque") de esta mitica serie

S. del Molino -

¿Pero la piña no era Pincho?

Ex-Compañero de piso -

Para reirse a costa de los Fruitties http://www.viruete.com/articulos/2006/fruitis.htm.

Leanlo, no tiene desperdicio. Deja además una de mis incognitas favoritas en el aire...¿ Por qué Gazpacho era una piña?

S. del Molino -

¡Qué primicia, Enrique! ¿Era sindicalista del COAG o un nutricionista radical?

ENRIQUE -

He entrado en los "Comentarios" con la intención de hacer alguna aportación mínimamente interesante sobre el artículo de Sergio, pero me he encontrado con otro tema de muchísima más enjundia: LOS FRUITTIES. Debo deciros que tengo información sobre su creador, sé quién es. No es broma. Iré soltando poco a poco lo que sé en este blog. Continuará...

El futurible ingeniero -

Pyes con la peli de Ali g me partí la caja. Pero si tienes razón, es raro que se hagan cosas así en Europa y m-as en España. No creo que una serie como Family Guy o South Park triunfaran aquí. Todas la asociaciones pro... o contra... se echarían encima.

Cide -

Echadle un vistazo a este vídeo: http://youtube.com/watch?v=YGWsW7jgdrQ

Cide -

Fantástico artículo. Totalmente de acuerdo contigo. Aquí de todos modos, recuerdo a un reportero dándole mamporros a la gente con el micrófono en la boca y preguntándole "¿usted es heterosexual?". Los catetos, que en todos lados los hay decían cosas como "a mí eso no me lo dices en la calle" y cosas por el estilo. Vaya, que tampoco inventa nada.

S. del Molino -

Gazpacho y Mochilo siempre van con Pincho.
¿Quién producía los Fruitties? ¿La asociación de fabricantes de invernaderos de Almería? Es uno de los episodios más negros de la historia de la tele.

Ex-Compañero de piso -

Mientras ellos hagan los Simpsons y nosotros los Fruitties, nos callamos.

gilgamesh -

Más allá, supongo que el montaje de esta producción estará cuidado al máximo, y también supongo que sleccionarán testimonios que refuercen sus argumentos...
Yo también te doy la razón en todo esto, y de entre los parroquianos, hay alguien que haya pasado una temporadita en EE.UU. podría confirmar en parte si la cosa es cierta o no. Amos, digo yo.

Ex-Compañero de piso -

Eh, eh, que el indignado de arriba soy yo.

¡God bless America!

Anónimo -

El colega ese, es un imbécil redomado que en U.K se dedicaba a hacer lo mismo. Además de películas bodrio como Ali G.

Por cierto, que los kazajos son tártaros, no moros balbuceantes.

P.D: también puedes pasearte con una camiseta de Molly Hatchet (con bandera confederada, por supuesto) por Malasaña

S. del Molino -

Gracias, Chewi!

Chewi -

Dándote la razón, te diré que este chico empezó haciendo lo mismo en Inglaterra. Hasta que se hizo demasiado conocido y sus engaños ya no tenían el efecto deseado. Asi que se marcho para los USA. Fueron los ingleses entonces los primeros en mirarse el ombligo.
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