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El Blog de Sergio del Molino

QUÉ MAMONES, DON FERNANDO

QUÉ MAMONES, DON FERNANDO

Hoy, sin la fiebre de días pasados -y también con un par de kilos menos por el ayuno-, creo reconocer la naturaleza de mi virus: era el espíritu del difunto Fernando Lázaro Carreter, que me poseyó en forma de organismo biológico maligno para que yo, en mis delirios febriles, ejerciera de médium y prosiguiera su inacabado Dardo en la palabra. Como en circunstancias sanas suelo meterme bastante con las neologizaciones por decreto y con otras panhispanadas de la RAE, sólo puedo atribuir mi súbito interés por el uso y disfrute académico de la lengua a un virus, a un espíritu o a una lesión cerebral.

Dos cosas me han sacado de quicio esta semana cuya única actividad ha consistido en ver la tele -y en otras cosas de mal gusto propias de un enfermo que no voy a relatar, claro está-, y las apunto aquí a mayor honra de esos filólogos con telarañas que denuncian a la prensa con sus dedos artríticos.

Informativo de Cuatro de uno de estos días. Empiezan con Deportes, haya pasado lo que haya pasado en el resto del mundo, pero bueno, it's their choice. No me interesa, pero no alcanzo el mando, así que les doy una oportunidad, y veo cómo Manu Carreño, que parece hacer oposiciones para yerno perfecto de España, y Manolo Lama, a quien no le saco parecidos, se enzarzan en una charla "informal", supongo que sucintamente apuntada en el guión. Lo de la imporvisación está bien cuando quienes improvisan son Orson Welles o Woody Allen, pero Carreño y Lama, al no tener papelito que leer, rebajan su charla a un nivel tabernario que llega a dar miedo. Enseguida empiezan a oírse expresiones como "joder" o "fíjense en este tío". Pero lo que más hirió mis oídos de señorita de internado británico fue cuando comentaban unas imágenes de la NBA y Carreño exclamó, ante una brillante jugada: "¡Qué mamones!". Creo que me subió la fiebre unas décimas. Me quedó claro que ambos se habían ganado sus bien retribuidos contratos por su simpar despliegue expresivo, lleno de matices que alcanzan a describir las más recónditas sutilezas del mundo del deporte, desvelando su inaprehensible hálito.

Pues no, señores. "¡Qué mamones!" no es una frase para un informativo, troncos. No es que yo sea especialmente conservador ni nada de eso, pero creo que el registro tabernario está bien en la taberna con los amigotes. Lo que un espectador espera de un periodista es una capacidad descriptiva y analítica algo más refinada que la de mi primo Josete. Porque si no es así, supriman los comentarios y dejen que cada cual pongamos los "joder" y los "coño" a las espectaculares imágenes que nos pasan por los morros. De acuerdo que los protocolos lingüísticos de los medios audiovisuales han sido siempre muy rígidos y solían sonar falsos e impostados, llegando al ridículo de obligar a los no-castellanos a "castellanizar" su acento. Pero ni tanto ni tan calvo. Una cosa es que ya no se vaya con frac y otra muy distinta es que se paseen en gayumbos y rascándose los huevos en público. El coloquialismo no tiene por qué ser empobrecedor ni soez, pero sí lo es cuando el redactor sólo domina ese registro y se le escapan los niveles cultos. Pero vamos, qué sabré yo de tan elevados asuntos decididos por ejecutivos con masters del universo por la univeridad de Illinois del Centro, aunque probablemente no hayan redactado una noticia en su vida.

El otro asunto que le preocupa al espíritu virulento de don Fernando Lázaro Carreter es la plaga del "y es que". No sé si os habéis fijado, pero domina prensa, radio y televisión. En los textos que yo edito, salvo si son colaboraciones literarias de autor (donde, de momento, no aparecen, pero no descarto su contagio), suelo podarlo, pero como editar todo lo que se publica en España me dejaría agotado, el "y es que" sigue publicándose una media de novecientos millones de veces al día. Yo lo escucho a todas horas, y me irrita mogollón. Es una moda contagiosa que afecta a quienes carecen de imaginación -que, en términos literarios, actúa como los anticuerpos en la medicina: quien no la tiene, se infecta de la basurilla que circula por ahí-. Suele aparecer en frases tan absurdas como: "Los niños comieron filetes. Y es que, a estos niños, les gusta mucho la carne". O "El grupo parlamentario X presentó una moción de censura. Y es que, el partido X llevaba tiempo queriendo derribar al actual gobierno". Es decir: se usa como expresión de transición, pero no "transiciona" a nada. No es una conjunción, no significa nada, no aporta nada. Ni confirma, ni matiza, ni contradice. Es basurilla del discurso, una basurilla que le debe sonar elegante a quien la escribe, pero sólo remacha obviedades: si los niños comen filetes, es obvio que les gusta la carne; si el grupo presenta una moción de censura, es obvio que quiere derribar ese gobierno. Es una forma de repertir una idea dos veces sin que lo parezca y rellenar un poco más de espacio inútil. Luego se quejarán de que no tienen sitio para contar historias, y cuando lo tienen, lo llenan de aire. Odio el "y es que". Es una plaga que se me ha metido en el tuétano.

En fin, yo sólo espero que mi médico me firme el papelito para volver mañana al curro y poner en práctica estas sesudas reflexiones provocadas por la fiebre. Aunque, si lee esto, igual me da una semana más de baja. Para que me calme.

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12 comentarios

Cide -

Enhorabuena, siempre está bien que nos posean los espíritus de gente inteligente :oP

Me encanta El Dardo en la Palabra. A menudo me pillo a mi mismo en alguno de los artículos.

Ängeles -

Mi trabajo consiste en enseñar español a aquellos que no lo dominan y son de otros países. Y a veces es muy complicado explicar que en muchos lugares (carteles, prensa, radio , tv...)van a
escuchar y encontrar errores.
A veces les suelo "contar" lo que van a oir y lo corregimos. Espero que te encuentres mejor. Un saludo.

Severiano Delgado -

Sí señor.

En realidad, lo que ha abandonado Tribuna de Salamanca es la dignidad, desde que está Julián Lago de director. No os podéis hacer idea del cambiazo, a peor, que ha pegado ese periódico.

Llamero ha dejado un mensaje en su blog:

Adiós a "TRIBUNA"
Ayer concluyó abruptamente mi relación con "Tribuna de Salamanca", al menos de momento. No me han echado. Me fui cinco minutos antes de que lo hiciera el nuevo director, el "famoso" Julián Lago. Ni lo he visto ni me ha visto. Pero me envió dos recados. El primero, que hablara menos de política y más de sociedad. O sea, de flores y plantas. El segundo, tres días después, era para comunicarme que ya no tenía que escribir todos los días, sino tres. Comprendí. Y dije adiós.

Ayer era "20-N".
http://llamero.blogspot.com/2006/11/adis-tribuna.html

pillage street -

Braulio Llamero....¿ Ha abandonado "Tribuna de Salamanca"?

Severiano Delgado -

Madres implementan sanciones a perfil bajo para repentizar la conducta socialmente inadecuada de los niños y niñas cuando percuten el esférico en parque y alcanzan a golpear a una persona, produciendo esquenosis trófica en ligamento cruzado de su rodilla derecha. Y es que los niños ya se sabe.

Anakrix -

A mí me ponen de los nervios cosas como "implementar", "perfil bajo", "poner en valor"... que aparecen de repente sin que nadie sepa por qué para sustituir a palabras o expresiones que estaban muy bien como estaban. Y lo malo es que es imposible librarse de ellas. Sus primeros seguidores son políticos y periodistas, claro, pero son imparables. En dos días, veremos a las madres implementando castigos a los críos que se porten mal...

S. del Molino -

Como en todo, hay excepciones. Hay algunos periodistas deportivos lectores de este blog que se manejan muy bien con la gramática. De hecho, un compañero -y, sin embargo, amigo- que estuvo un tiempo cubriendo la información de pelota vasca en un diario navarro, tenía en su mesa una gramática latina, entre otros artilugios idiomáticos, para pulir su pulcro estilismo. También he de decir que dicho maestro se desesperaba cuando le tocaba corregir a algunos compañeros. Hacerles entender que los artículos y las preposiciones forman parte del idioma, y que la concordancia no era un capricho que acabara de inventarse, le desesperaba. Qué grande eres, tío, y con cuánto zote te ha tocado lidiar!

Javivi -

Sí, tienes razón. Siempre he pensado que "periodismo deportivo", sobre todo el televisivo sea, salvo honrosas excepciones, prácticamente un oxímoron. Que me perdonen las honrosas excepciones, pero en muchos casos creo que más bien hay que hablar de "comentaristas deportivos". Dos ejemplos: Maldini, periodista (currela e inteligente). Manu Carreño, comentarista (tabernario y forofo).

Severiano Delgado -

Del periodismo deportivo mejor no decir nada. Son los periodistas que peor hablan y escriben, con mucha diferencia sobre cualquier otro sector.

Javivi -

Y ¿qué me decís de los disparos y pases "a banda derecha", "con pierna izquierda"? Por qué los comentaritas de fútbol se comen todos los artículos? Les pagan tan mal como para tener hambre lingüística?

Severiano Delgado -

Se me olvidaba, pero acabo de ver en un periódico una de esas modas que a mí me repatean como a Sergio el "y es que". Se trata de empezar una frase con sustantivo sin artículo antes ni adjetivo después:

Encapuchados atacan un autobús.

Estudiantes protestan ante el rector.

Iraquíes miran los restos de un coche bomba.

Esta es una frase real y reúne mis dos alarmas:

Obreros protestan contra alza al pasaje del transporte en Panamá.

Otro titular real (El País):

Jóvenes atacan a la policía en un barrio de París.

Y ya concluyo (muletilla).Ese tipo de titulares me pone de los nervios.

Severiano Delgado -

Hay muchas plagas de ese tipo. El lenguaje periodístico -y ya no digamos el político- está lleno de muletillas y frases hechas que no añaden nada.

Dicho esto (muletilla), a mí me preocupa la invasión de la preposición "a", que como el mejillón cebra va ocupando el habitat de otras preposiciones y expulsándolas de su sitio natural.

Por ejemplo, se dice "disparar a" en lugar del correcto "disparar contra" ("disparó a su enemigo" en lugar de "disparó contra su enemigo").

También se dice "violaciones a los derechos humanos" en lugar del correcto "violaciones de los derechos humanos".

Hay otros muchos usos incorrectos de esa preposición. Y es que la gente se deja llevar por las modas.

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