Blogia
El Blog de Sergio del Molino

LA REALIDAD Y EL DESEO

LA REALIDAD Y EL DESEO

Mañana nos vamos de viaje (sí, estoy de vacaciones, ¿qué pasa?), un viaje que ha pasado por muchos avatares desde que empezamos a pensarlo, hace ya unos meses. Digamos que era un proyecto de gran ingeniería y se ha quedado en un pequeño artilugio. Las circunstancias incontrolables, que pesan un montón. En realidad, ya habíamos planeado irnos a Marruecos y Mauritania hace un año, pero asuntos imprevistos nos obligaron a obviar por el momento destinos donde resulta fácil contraer infecciones. Primero, miramos San Francisco y alrededores, pero pronto cambiamos a La Habana. Quiero verla antes de que muera Fidel y abran un Starbucks en el Malecón. En esas estábamos cuando unos amigos nos propusieron poner nuestros ojos en Viena y Praga, en plan road movie centroeuropea invernal. Seducidos nos hallábamos, pero no nos resignábamos a dejar de mirar a las Américas, así que otra idea se impuso: de Miami a Nueva Orleans en coche, por todo el Caribe estadounidense. El horizonte parecía despejado y, sinceramente, yo ya me veía paseando por Bourbon Street, pero una serie de catastróficas desdichas nos obligaron a paralizar cualquier tipo de preparativo. Llegamos a suspenderlo todo, no íbamos a movernos de Zaragoza. Finalmente, París se alzó en el horizonte como un destino apetecible para pasar una semana agradable. Y estuvo muy presente hasta ayer mismo, en que quedó abortado. Tímidamente asomó un escarceo en coche por Burdeos, La Rochelle y alrededores, pero la opción finalmente elegida no tiene nada que ver: nos vamos a Asturias, queridos. Lo hemos decidido hace unas horas, carretera y manta. Y sidra, mucha sidra. A base de fabes voy a recuperar los kilos que he perdido con mi reciente enfermedad.

Repasando todo esto, he podido medir el abismo que separa la realidad del deseo. Uno planifica y planifica, y no le sirve de nada. Mi experiencia con la novela que estoy terminando estos días (y a la que pondré punto final antes de fin de año, si no pillo otro virus) es similar: cualquier parecido con lo que me propuse y el resultado que ya tengo al alcance de los dedos es pura coincidencia. El que en mi plan inicial era un personaje secundario ha acabado siendo protagonista; varios personajes han desaparecido y otros se han fundido en uno solo. Las terceras personas se han convertido en primeras, y las primeras, en terceras. Al final, ha habido mucho menos sexo del previsto (como en la vida real), y he tenido que sacar del armario las tijeras grandes de podar para que la maleza narrativa no se me apoderase. Vamos, que no tiene nada que ver el libro que finiquito con el que empecé. Pero nada.

Yo llevo bien eso de adaptarme a las circunstancias, pero sé que a muchos les frustra. El director Michael Haneke (Caché, La pianista...), por ejemplo, tiene muy claros los guiones que quiere escribir y las películas que quiere rodar. Cambia lo imprescindible y exige a todo su equipo que se doblegue a sus ideas. Los actores con más ego, como Juliette Binoche, le reprochan ese exceso de control, puesto que asfixia su interpretación, no dejándoles espacio para construir su personaje según ellos lo entienden. Para Haneke, eso son contratiempos que le alejan del resultado magistral que persigue desde que comienza a escribir el guión. No se adapta, no deja que las cosas fluyan. Es un moderno Miguel Ángel, que tira a la basura la pieza de mármol en cuanto encuentra en ella una impureza.

Son actitudes paralizantes. Si somos incapaces de vivir con nuestras frustraciones, nunca haremos nada, o siempre viviremos malhumorados. Yo podría haber tirado a la basura mi novela (y he estado a punto de hacerlo muchas veces) cuando empecé a percibir que mi escritura se alejaba peligrosamente del proyecto que tenía en la cabeza, pero decidí seguir por ese camino, explorar, ver qué pasaba con los personajes, que parecían tener sus propias necesidades e impulsos, ajenos a los míos. Y no me arrepiento. Creo que hay que adaptarse al camino en cualquier faceta de la vida. Pero adaptarse, no someterse, que es muy distinto.

Tengo un amigo que era como Haneke. Desarrollaba esquemas detallados, planificaba cada escena, medía cada diálogo (de lo que escribía, no de los de su vida). En su día a día, eso se traducía en un orden espartano y en un gusto por el método y la autodisciplina que nunca he compartido. Pero la vida fue enseñándole a ser más flexible. Una serie de circunstancias le obligaron a improvisar respuestas que no estaban en ningún libro ni en ningún esquema, y aprendió el goce de la espontaneidad. Hoy es mucho más agradable, hoy se ríe más, hoy es más divertido emborracharse con él, y lo que escribe brilla con mucha más fuerza.

Hay que sobreponerse a la frustración y gozar. Carpe diem, ¿no? Me voy a aplicar mis consejos. Estos días, el blog no se actualizará mucho. Todo dependerá de lo desarrolladas que estén las redes wifi en el Principado y de las ganas que me queden de escribir después de las fabes con almejas y de las botellas de sidra. En todo caso, seguiremos en contacto. ¡Salud!

Foto: Michael Haneke.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres