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El Blog de Sergio del Molino

CONVERSACIONES SORIANAS

CONVERSACIONES SORIANAS

Me dan envidia los fotógrafos. Envidio su capacidad para recoger el instante, el gesto, el ángulo preciso. No me gusta -en general- la fotografía "artística", esos montajes de bodegón posmodernos y evocadores que se empeñan en parecerse a la pintura. Prefiero la fuerza del reportaje, la fiereza del momento, la perseverancia de la mirada. He hecho algún pinito ridículo y estúpido, tengo un buen montón de libros de teoría y técnica fotográficas y Michel -confiando quizá demasiado en mi talento- me regaló hace años una vieja reflex con cuatro objetivos que hoy acumulan polvo junto al trípode y el resto de accesorios. Soy demasiado torpe. Veo la escena, veo la foto que me gustaría, y entonces la busco, pero el resultado siempre es pobre, plano, anodino, estúpido y frustrante. Por eso envidio que ellos sí sean capaces de jugar con esas luces, esos tonos y esas masas. Me maravillo viendo trabajar a los fotógrafos que me acompañan en los reportajes, y he tenido la suerte de trabajar con profesionales y profesionalas de una gran sensibilidad. Como no tengo paciencia, me he dado por perdido y he decidido ser sólo espectador de su arte y de su trabajo. Compro y compraré libros de fotografía, seguiré aprendiendo, pero he decidido no mancillar un oficio que tanto admiro con mis torpes incursiones. Me limitaré a juntar letras, único campo en el que todavía no he dado muestras de grave incompetencia.

Hoy he pasado el día con uno de esos fotógrafos. Alfonso Reyes, inteligente cincovillés de carcajada poderosa, conversación inagotable e incurable argentinofilia (que compartimos, claro está). Hemos recorrido parte de la provincia de Soria, hemos comido cochinillo, hemos pasado frío, hemos escuchado tangos en el coche y hemos hablado del arte, de lo divino y de lo humano, sobre el horizonte plano que enamoró a Machado. Alfonso persigue en sus trabajos el gesto y el momento significativo, así como la belleza de la imperfección y, como Frank Zappa -y como yo mismo-, sólo concibe dos tipos de arte: el que le gusta y el que no. Odia las consagraciones por decreto. Una manifestación artística te llega o no te llega. Te emociona, te asquea, te provoca carcajadas, te remueve o te deja frío. Y si te deja frío, tanto da que el ministerio de Cultura de turno lo haya avalado con su correspondiente subvención. No hay nada que hacer. "Una vez -comenta Alfonso-, unas fotógrafas artísticas estaban intentando convencerme de la superioridad creativa de su obra sobre mi trabajo, y yo les pregunté: 'Si fotografío el estucado de la pared, ¿hago arte?', y me respondieron: 'Por supuesto'. '¿Y el que ha hecho el estucado, no es un artista? ¿No ha hecho una escultura?'. 'No, no es lo mismo'. 'Entonces, ¿quién pone el límite?'". El dilema de siempre: ¿quién vigila a los vigilantes?

Conclusión: no se hace arte voluntariamente. Es una pretensión vana. Uno tiene una serie de cosas que decir y una forma determinada de decirlas, en la que emplea diferentes lenguajes, herramientas y técnicas. Y dice lo que tiene que decir. O lo intenta, al menos. En ese proceso, el experimentalismo y la vanguardia deben ser herramientas que faciliten la expresión, pero no el fin mismo de la expresión.

Satisfechos de haber llegado a un acuerdo (que pocas veces alcanzan las personas), hemos bordeado el Moncayo, sepultado bajo su gorro de nubes, y hemos enfilado, muertos de cansancio, hacia Zaragoza. Ha sido un buen día. Seguro que a Alfonso le han salido unas fotos estupendas. A ver qué maña me doy yo con los textos.

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4 comentarios

mirna la ladrona -

Gran artículo S. del Molino (¿'Ese' de señor jovenzano?), un placer para los sentidos leeeer a cuatro ojos sus bocaditos de realidad.

manuel -

tengo un amigo que dice que desde que el arte entró en los museos se convirtió en mercadería y ya no hay más arte.
...él sabrá por qué lo dice.

S. del Molino -

Muchas gracias, maese Cide.

Cide -

Buen artículo este.

También yo aborrezco la fotografía "artística".
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