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El Blog de Sergio del Molino

ALLONS, ENFANTS DE LA PATRIE

ALLONS, ENFANTS DE LA PATRIE

Agárrense a los machos: Jacques Chirac quiere contagiar al mundo de los valores de Francia. Uno creía que esas cosas, los valores, eran propios de las personas, pero ahora parece que los países también gastan de ellos, y quizá degluten o desintegran a los ciudadanos que, instalados sobre su suelo, no los comparten, de la misma forma que nuestro cuerpo expulsa a los virus. ¿Será esa la explicación a las misteriosas abducciones, a la chica de la curva y al Triángulo de las Bermudas (¿qué pasa, que los continentes sí pueden tener valores, pero los mares no? Qué sucia discriminación)? Es un nuevo reto para tí, Iker.

¿Y cómo se propone Monsieur Chirac empezar su magna tarea de evangelización? ¿Va a colgar sus tesis de la puerta de Notre Dame? ¿Va a recorrer las aldeas y villorrios descalzo y predicando la buena nueva a los aldeanos? ¿Va a contratar a Mel Gibson para que dirija un film didáctico al respecto? No, señoras y señores, va a montar una tele que empezará a emitir mañana bajo el nombre de France 24. En resumen, se trata de una CNN en francés que, en palabras de le président, quiere "llevar a todas partes los valores de Francia y su visión del mundo". Ah, que los países también tienen visión del mundo. Acabáramos. Me siento muy pequeñito al lado de ese conjunto de accidentes geográficos acotados arbitrariamente por una frontera que, de siglo en siglo, baila más que Georgie Damn con un chute de anfetaminas.

Hasta ahora, el mundo francófono tenía TV5, un proyecto de varios países liderados por Francia que pretendía llevar el francés a los francófonos alejados de su tierra y servir de difusor en el resto del mundo de la cultura y de la lengua que comparten naciones como Suiza, Canadá, Argelia, Senegal o Bélgica. Pero difundir el cine, la literatura y el arte de esos países, así como dar a conocer lo que se cuece en ellos con buenos informativos y reportajes no tiene nada que ver con "llevar a todas partes los valores". TV5 no evangeliza, sino que ayuda a gente como yo a desengrasar su francés de vez en cuando gracias a sus pelis subtituladas. No quiero ser malpensado, pero me da a mí que Monsieur Chirac confunde los valores de todos los franceses (no de Francia, en abstracto) con los suyos propios y los de los dirigentes de su partido. Claro, que decir que te vas a gastar una millonada padre del erario público en propaganda en lugar de invertir en pavimentar las aceras de los guetos argelinos de las afueras de París no queda muy bien en período preelectoral.

Pero ahora la francofonía está de capa caída. Le Monde publicó hace poco una serie de reportajes donde se alertaba del retroceso de su otrora poderosa lengua en favor del español y (¡oh, horror!) del alemán. Perdemos fuelle, amigos, venía a decir Le Monde: el mundo ya ni siquiera nos acepta como los mejores cocineros y los muy lerdos se han liado a cultivar vides, como si pudieran competir con nuestros Borgoñas. Antes -prosigue la argumentación nacionalista dolida-, cuando les llamábamos paletos, se ofendían. Ahora, pasan. No les importa que les miremos por encima del hombro. Sí, señores, el mundo se ha convertido en un lugar hostil para los francófonos, y tienen derecho a defenderse.

Pues nada, a exportar valores franceses. Pero, ¿cuáles? Tenemos muchos para elegir: los canallas de Georges Brassens, los maoístas de Jean Paul Sartre, los submarinos de Jacques Cousteau, los nazis de Jean Marie Le Pen, los cristianos del obispo Sur Le Pont D'Avignon, los bon vivants de los bodegueros de la Dordoña, los cabreados y sofronizantes de José Bové, los sindicalistas ferroviarios de mi abuelo adoptivo Louis, los feministas de Segolène, los zafios de Louis de Funes, los antidepilatorios de las mujeres de mediana edad que toman el sol en La Rochelle de 12 a 2 y los extremadamente intransigentes de los puristas productores de Armagnac. Entre muchos otros, claro. ¿Tendrán cabida todos estos valores en France 24?

Yo, si puedo elegir, prefiero que en el paquete del cable me pongan TeleSur, la de Chávez, donde por lo menos emiten Aló, presidente. Estoy acumulando puntos bolivarianos para ver si en el concurso La Ruleta Bolivariana me toca un palacete expropiado a algún antiguo directivo de Petróleos de Venezuela. En Isla Margarita me iría bien, pero no le hago ascos a cualquier otra playa tropical. Soy modesto, señor Chávez. Por cierto, en las locales de Madrid, por lo visto, se ve TeleSur. Me siento discriminado: a mí por el cable sólo me llega Cubavisión, y es un tostonazo.

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4 comentarios

pablo -

¿los maoístas de Jean Paul Sartre?

vete a leer un libro de él, en lugar de escribir tantas gilipolleces

Rondabandarra pachanguero -

Espero que lo de Damn (eme-ene) sea un error de transcripción. ¡¡A mi Georgie no lo maldice nadie!!

S. del Molino -

Yo, siempre que voy, me pongo tibio de croissants. No sé por qué fuera de Francia saben tan distintos. No debería ser tan difícil imitar su sabor y su textura, pero como en una boulangerie cualquiera, nada. Yo no he trabajado en Francia, sólo he pasado períodos de un mes o dos seguidos, con la familia, pero siempre me he sentido muy a gusto, la verdad.

Cide -

En ningún país me he sentido tan incómodo trabajando como en Francia. Eso sí, la comida exquisita. Qué postres, cuántas maneras de preparar las patatas, cuántas clases de pan,...
El vino, como aquí, los hay buenos, muy buenos, malos y muy malos.
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