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El Blog de Sergio del Molino

¿ADIÓS, PERIODISMO, ADIÓS?

¿ADIÓS, PERIODISMO, ADIÓS?

¿Es hora de reciclarse? ¿Traerá el nuevo año el tan cacareado fin del periodismo? ¿Será hora de hacer las maletas y largarse a otro lugar? La revista Time así parece creerlo, ya que nos ha escogido a nosotros (no a los periodistas, sino al público internetero) como personas del año. Puede parecer una chorrada, pero es más significativo de lo que aparenta a primera vista.

Desde la Edad de Bronce, año arriba, año abajo, la revista Time viene nombrando por estas fechas al personaje del año, es decir, a la persona que, según el criterio de la redacción, más ha destacado o influido o conmovido o qué sé yo a lo largo del año que se acaba. Es un rito inocente, una tradición sin mayores consecuencias y una forma de mantener expectante al público, pero también es un rito que cumple con una de las hasta ahora funciones del periodismo: marcar tendencias. ¿En qué basaba hasta ahora su prestigio un medio? En decidir, con sus afirmaciones o con sus silencios, de qué debía hablar la gente (hay una teoría sociológico-comunicativa al respecto llamada "agenda-setting" que yo nunca me he tragado, pero explica esto). Cada medio orienta a sus lectores afines. O, al menos, eso pretendía. Les decía qué políticos eran más guapos y honrados, qué cantantes debían escuchar, a qué deportistas debían jalear, qué películas debían ver, qué escritores debían leer y qué conclusiones debían sacar de determinados acontecimientos. Los lectores no buscaban tan sólo información, sino claves. Si pagaban para leer un medio era para que los periodistas le hicieran el trabajo sucio, cribasen la basurilla que no interesa conocer y les ofrecieran una actualidad limpia de polvo y paja: lo que usted tiene aquí, junto al croissant y el café con leche, es lo que necesita saber para desenvolverse con soltura en el mundo; el resto, caballero, no cuenta, porque si contara, saldría en estas páginas. Era una relación basada en la confianza mutua, en un pacto implícito en el que el lector no iba a ser engañado por intereses ajenos a "lo periodístico". Por eso, uno de los negocios más lucrativos de los últimos 50 años ha sido la industria de las relaciones públicas, encargada de "colocar" personas e instituciones en los medios engatusando de mil formas a los periodistas. Y por eso se ha puesto a prueba la integridad de muchos y la mayoría de los periódicos ha tenido que imponer límites a los regalos que llegan a la redacción (en Le Monde hay que rechazar o justificar ante la dirección cualquier regalo de valor superior a 30 euros, por ejemplo). Hace poco salió el dato de que en España ya hay más periodistas trabajando en gabinetes de comunicación que en redacciones de medios. Mi bandeja de correo del Heraldo da fe de ello: nos avasallan con miles de comunicados, convocatorias e invitaciones diarias. Se hace casi imposible discernir lo interesante de lo vacuo entre tanta oferta interesada.

De ahí la importancia simbólica del rito anual de Time, que se encargaba de recordar quién marca las tendencias y quién las sigue. Hasta este año, porque con esa portada ha abdicado de su función y ha reconocido implícitamente su derrota. Con internet, la gente no quiere seguir tendencias, quiere crearlas. Todos a la vez, en griterío constante. Y los medios han abierto sus páginas para que los lectores cuenten sus cosas, no sólo para que opinen sobre lo que el periódico quiere que opinen, como se hace con las cartas al director. Lo hemos visto hace poco en España con la reforma del viejo Tentaciones. De repente, a nadie le interesa recibir, todos quieren emitir, y el periodismo tradicional no sabe muy bien cómo reaccionar ante esa avalancha de blogs, YouTubes y cacharros varios que les pasan por encima. Sociólogos, pasantes de abogado y profesionales de la repostería soriana se han apresurado a proclamar con entusiasmo que estamos ante una nueva revolución democrática. Yo, que bastante tengo con sobrevivir en el día a día y mis vuelos son más bajos, no lo tengo nada claro. No sé si esto nos lleva a un mundo mejor o peor, sólo sé que el viejo periodismo agacha la cabeza y se prepara para hacer mutis. Los viejos maestros que nos han enseñado la profesión se retirarán y nos dejarán helados de frío, incapaces de prepararnos para lo que se avecina. Pero también creo que se están retirando sin presentar batalla porque una resignación de siglos les ha dejado sin fuerzas. Creo que se está despidiendo antes de tiempo, la verdad. Las trompetas de Jericó todavía no han empezado a soplar con fuerza, pero el periodismo ya se ha rendido y ha tirado los muros. Demasiado pronto.

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8 comentarios

Mario -

El testimonio. El penúltimo género periodístico... Uno mira el anclaje estructural de las informaciones hoy día y son todas exactas, especialmente las televisivas. El testimonio. Y el "y es que". Sobre todo el "y es que...".

S. del Molino -

No creo que esta estupidez y desorientación sean privativas del periodismo. Los historiadores tienen un buen chocho armado con la moda de la "historia oral" y con el contraste entre "testimonios" y "hechos". Pero, aunque en otras disciplinas estas cosas no suponen más que unas crisis y unos debates más o menos profundos, el periodismo ha decidido suicidarse. Y sin que el público le demandara ese suicidio: ha creído que ese público (que no percibe como tal, sino como clientes, como tú bien dices) le iba a apuñalar y ha decidido adelantarse a ese asesinato. Pero la verdad es que no hay ninguna prueba que indique que los lectores quisieran (quisiéramos) matar al periodismo. No sólo nos está jodiendo a los profesionales, sino que nos están dejando huérfanos como lectores.
Un abrazo, Mario.

Mario -

Es una estupidez inmensa. Es como si los chefs de alta cocina tratasen de recuperar los valores tradicionales del fogón metiendo a trabajar con ellos a los cocinicas caseros que todos o muchos llevamos dentro. Sólo en una profesión como el periodismo es posible inventarse la Prensa gratuita, una competencia desleal evidente (voy al concepto en sí, no a la figura legal) y una forma de suicidio. Así nos va. No sólo eso: los diarios gratuitos fuerzan titulares, enfoques y noticias que la prensa de pago no se puede permitir, por ligeros. Sin embargo, en las redacciones tradicionales los jefes PIDEN esos titulares porque los ven en el otro lado. Durante años premiaron aquel famoso informativo de La 2, que era necesario y entretenido, sí, pero no era un informativo: dar las no-noticias no es hacer un informativo. No me jodáis. Lo difícil es hacer un gran informativo entretenido con noticias de verdad, no con las cuatro noticias alternativas del día. Eso resulta sencillísimo. Son los periodistas los que han creado el modelo y lo están destruyendo. Después, los diarios ingleses se dedican a hacer directores por un día a personajes famosos, con sus buenas dosis de utopía: Bono y compañía. Y Bono llena al diario de sus obsesiones personales, y a los periodistas nos parece tan bien, y tan democrático, y tan saludable ese ejercicio. Estamos tontos: la responsabilidad de esta profesión va mucho más allá e implicó siempre una estatura ética mucho más elevada. El problema es que se han cargado el modelo porque los medios son puras empresas que venden un producto. Tienen clientes, no lectores. Y últimamente ya no tienen ni clientes, sólo tienen votantes. En ese estado de las cosas, a lo mejor todos estos fenómenos son necesarios o útiles, pero no sé a dónde nos llevan, la verdad. Creo que al suicidio. Y todos tan contentos.

manuel -

pues yo estoy de acuerdo con sergio. está claro que internet pone un montón de información al alance de todos, y está claro que de los montones no se saca en claro nada, a no ser que se analicen con paciencia, conocimiento y cuidado (cosa que nadie -o casi- hace). el resultado es un cacareo informe y un río revuelto que solo es ganancia de vivos y aprovechados. quizá no sea del todo así. quizá exagere en mi valoración general, pero en lo tocante al periodismo como profesión (las voces autorizadas, especializadas, dedicadas a desliar la maraña de información diaria) esta situación le ha pasado por encima. quedan excepciones, claro, pero en general comparto pesimismo. y mira que me da rabia hacerlo.

S. del Molino -

Sí, por supuesto, pero hay que hacer una labor de criba que el periodismo, cuando es tal, te da ya hecha.

Cide -

Conozco varios gallegos a través de internet, y recuerdo cómo me contaban lo del Prestige. Cada uno decidimos a qué damos crédito y a qué no. Cada vez nos lo ponen más difícil. Ahora buscas un concepto en google y lo primero que sale es la wikipedia, donde cualquiera puede dejar su perla. Pero internet nos pone al alcance de la mano también información veraz. Eso sí, hay que buscarla.

S. del Molino -

A mi no me preocupa tanto ese "periodismo alternativo" (que no creo que lo sea, porque sus contenidos transgreden el pacto de lectura básico y su veracidad es imposible de contrastar; más que periodismo alternativo es el clásico patio de vecinas con chismes y cotorreos), lo que a mí me preocupa es la reacción del periodismo "clásico" ante eso. Me preocupa su abdicación y el abandono de su oficio, y vinculo a las relaciones públicas porque creo que su labor ha influido en el descrédito de su autoridad a la hora de marcar tendencias. Me preocupa que el periodismo renuncie a seguir siendo periodismo (si es que no renunció hace mucho, como piensa infinidad de compañeros míos). Igual el periodismo ya no existe y estamos hablando (y viviendo de, en mi caso) del sexo de los ángeles. Qué sé yo.

Anakrix -

No sé si estoy o no de acuerdo contigo, Sergio. Verás, si me pongo optimista, pienso que todo este fenómeno de blogs, youtubes y demás inventos ha generado algo así como un periodismo aternativo, muy amplio y variado, que permite, por ejemplo, que esta segunda guerra de Iraq no nos haya llegado sólo con los ojos de la CNN, sino que hayamos podido saber qué pasa desde el punto de vista de Al Yazira y de quienes escriben blogs desde el centro de Bagdad. Hay que cribar un poco internet, claro, porque no todo lo que hay en la red es igual de veraz e interesante, pero pueden encontrase grandes cosas. Lo malo es que, si me pongo pesimista, también creo firmemente en eso de que el exceso de información produce desinformación y, al final, pese a la sobreabundancia de medios y enfoques, poca gente se sale de ese coto cerrado que son sus tres o cuatro medios afines, con lo que los datos que les llegan son siempre limitados y muy, muy sesgados. No lo tengo nada claro, la verdad...
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