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El Blog de Sergio del Molino

DÉJENNOS ZAMPAR (Y BEBER) EN PAZ

DÉJENNOS ZAMPAR (Y BEBER) EN PAZ

No es que el que suscribe (me encanta ese carpetovetonismo) sea Antonio Escohotado, que yo no promuevo nada ni invito a nadie a que se compre un balcón con vistas a ningún precipicio, pero sí defiendo dos derechos básicos que no se incluyeron en la Declaración Universal y que tal vez deberían estar en ella. Me refiero al derecho al hedonismo y al derecho a utilizar los propios orificios corporales como buenamente se quiera, tanto para introducir como para expeler cosas. Eso incluye poder meterse en la boca -y masticar, tragar y, si se deja, digerir- lo que a cada cual se le antoje, sin ser importunado ni acosado por nadie ni por nada. Mi ideal de Estado es el de una aséptica y técnica entidad de gestión ajena a ideales, teocracias laicas o religiosas y fulanos con vocación redentora. Por tanto, en esa utopía mía donde los moralistas y los predicadores no mangonearían al ciudadano, el ministerio de sanidad (estoy harto de escribirlo siempre con mayúsculas, releñe), en lo que a materia alimentaria se refiere, se preocuparía única y exclusivamente de controlar a los productores para que no nos dieran gato por liebre y para que "barato" no fuera sinónimo de "tóxico". El resto, allá cada cual con sus Megabestiacefaloburgers XXL. Como si nos desayunamos un barreño de migas con longaniza cada mañana. Señora ministra, hasta el más lerdo de los lerdos sabe que se va derechito al infarto de miocardio comiendo eso, pero somos mayores de edad, y eso no sólo sirve para votarla a usted, sino para que, una vez en el cargo, no nos sofronice. De hecho, si aplaudo la Ley Antitabaco no es porque persiga a los fumadores, sino porque protege (o pretende proteger a medias) a los no fumadores. Fume usted lo que le plazca, amigo mío, pero lejos de mi sistema respiratorio. Déjeme al menos un margen de libertad para elegir de qué quiero morirme.

Pero como mis humildísimas utopías parecen irrealizables, la terca realidad se empeña en ponerme delante a mil modernos moralistas. Ahora, la ministra SuperSalgado quiere meterle mano al vino, después de darle caña a las multinacionales de la hamburguesa y a qué me sé yo. Con las bodegas ha topado. Menuda la que se puede liar en este país de nuevos ricos donde los enólogos de salón crecen más que las setas en el otoño soriano. Por si no lo sabíamos, Sor Salgado nos advierte de que el vino tiene alcohol, y el alcohol es fuente de hepatitis, problemas cardiorrespiratorios y visiones marianas, entre otras muchas cosas. Se olvida de una: es fuente de placer, pero a los ministros no les suele preocupar mucho el placer. Pues bien, como pérfida bebida alcohólica, debe ser proscrita y sofronizada a base de impuestos que actúen a modo de penitencia. Alguien en su gabinete le ha debido decir: "Serénese, doña Elena, que los bodegueros tienen muy mala follá", pero la vocación predicadora le puede. Pues sí, el vino tiene alcohol, hay que joderse. Pero usted preocúpese de que los productores lo pongan en la etiqueta y déjenos emborracharnos en paz, por dios. Ah, y gestione una mejor atención primaria, para que mi excelente médica de cabecera detecte mi hepatitis/cirrosis a tiempo, por favor. Esa sí que es su responsabilidad, y no la de marcarme las horas de desayuno ni el número de horalizas que debo licuar de 5 a 6 para supervitaminarme y mineralizarme.

Me incomoda mucho el afán predicador de los gobiernos. ¿Habrá alguna vez alguno que se dedique a gestionar en vez de hacer campañas? Ya sabemos que contratar una campaña es mucho más fácil que gestionar de forma eficiente un sistema sanitario o educativo, pero creo que (al menos, yo) no les votamos para escuchar sermones. Bueno, yo ni eso, porque no sé si votaré algo en las próximas elecciones. O quizá sí, aunque sólo sea por no escuchar el repelente "si no votas, no te podrás quejar" (como si la abstención me anulara el habla). ¿Por qué no viviremos y dejaremos vivir?

Rondabandarra se zampó una XXL a raíz de la campaña antihamburgueseril (y lo contó en su blog) y constató que aquello no era para tanto. Vamos, que se quedó un poco con hambre. Pues yo, cada vez que veo un anuncio del gobierno que dice "no te drogues" o "no bebas", me entran unas ganas de esnifar una raya de aquí a La Coruña o de meterme Jack Daniell's en vena que no os quiero ni contar.

Por cierto, dentro de poco me tocará hacerme análisis clínicos. Seguro que el colesterol me sale por las nubes.

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7 comentarios

Anakrix -

Javi, pensé que estabas pachucho, no que tuvieras algo grave. Mucho ánimo, y como parece que la cosa va para largo, mucha paciencia. Ahora dedícate a cuidarte mucho y a dejarte cuidar por la gente que te quiere. Y desde aquí, aunque no sea gran cosa, te mando un cariñico cibernético y un beso gordo.

S. del Molino -

¡Viva el Fary!

El Fary -

A mí me gusta comer de todo, sobre todo limones. Y además no engordo, mi cuerpo es un milagro antigrasa.

ENRIQUE -

De acuerdo del todo con Javivi y mucho ánimo.

Javivi -

Sergio, hace ya unas semanas que quería decir esto en tu blog, y aprovecho ahora que vuelves a sacar el tema sanitario. Al margen de campañas tontas y publicística varia, al margen de ministros y ministerios, el sistema público de salud funciona, a mi juicio, mucho mejor de lo que debería, a juzgar por sus a veces escasos recursos. En esto, pues, y a fuerza de pasar por quisquilloso -lo asumo-, creo que hay que hilar finísimo. Como ya dije, ando con la salud estropeada desde hace algo más de un mes, y aún me quedan unos meses de tratamientos y recuperación. Es decir, que estoy chupando hospital a lo burro. Y la sensación que tengo es que si se quiere una atención exclusivísima, con doctores-as que te pidan un TAC al primer estornudo, nadie lo va a encontrar. Pero que, en cambio, si lo que se encuentra es gordo y grave -y lo mío, por desgracia, lo es-, actúan con una seriedad, velocidad y profesionalidad admirable. Que le den, por mi parte, a la ministra y a sus consejeros, y que se gasten sus presupuestos en tonterías si quieren, siempre y cuando, de ser necesario, los verdaderos profesionales de la salud trabajen tan bien como lo hacen.

ENRIQUE -

¡Claro que sí, coño, un poco de hedonismo navideño!
Lo de "el Estado como una aséptica y técnica entidad de gestión" a mí me acojona un poco, eh. Ni tanto, ni tan calvos. Con que promueva los valores básicos democráticos, que son su soporte a día de hoy es suficiente; pero cuidado, no confundamos al Estado con un robot o con la fábrica de la Coca-Cola. Pese a que me confieso uno de los que dan la matraca animando a que la gente vote (a quien sea o en blanco), de lo que me siento orgulloso, por lo demás, completamente de acuerdo. El hallazgo de que el vino lleva alcohol me ha jodido la mañana: me debato entre hacerme abstemio o salir al bar más cercano a superarlo emborrachándome. En cuanto a tus análisis, no te preocupes demasiado por ellos: a mí me dieron el lunes los resultados de los míos e, inexplicablemente, estoy perfecto. Si a ti te ocurre lo mismo, podemos enviar nuestros casos a la American Medical Association. ¡MERICRISMAS!

Rondabandarra anti-Salgado -

Y además me la zampé por culpa de la Salgado, que si se hubiera metido en sus asuntos, yo ni habría hecho mención.
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