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El Blog de Sergio del Molino

MEDIA LUNA

MEDIA LUNA

Sinceramente creo que algunos de los más sublimes logros de la humanidad se han manifestado en las cosas de comer y de beber. Por eso, en los viajes, procuro comer y beber lo que se come y bebe en el lugar donde me encuentro, aunque me tenga que rascar un poco más el bolsillo y tenga que perder un poco más de tiempo buscando los sitios adecuados. También creo que, pese a que ya no es lo que era y pese a que su aire ostentoso y excesivamente graso le ha hecho perder muchos puntos, la gastronomía francesa debería ser declarada patrimonio de la humanidad, al mismo nivel que el mudéjar o las Pirámides. Y, de entre toda su variedad, hay un producto que roza la perfección platónica: el croissant.

De lo maravilloso que es dice mucho el hecho de que los españoles, siempre predispuestos contra el gabacho -aunque con una extraña y sutil relación de amor-odio que todavía está por estudiar- no hayan traducido el nombre y lo llamen así: croissant. Si los quisquillosos hispanos respetamos el nombre en francés, incluso con una pronunciación que imita tímidamente a la gala, por algo será. En casi ningún país de habla hispana sucede algo parecido. Los argentinos los llaman medias lunas, y las preparan excelentes a la hora del desayuno, por cierto. En Buenos Aires siempre nos preguntaban si los queríamos "de grasa" o "de manteca". Yo me los pedía de manteca, y al rato, de almuerzo, me tomaba una empanada de carne salteña (dios, cómo engordé de placer). Recuerdo que eran pequeños, con los cuernos afilados, muy distintos a los de aquí, mucho más etéreos.

No sé quién tenía la teoría de que los croissants españoles mejoran con la proximidad a la frontera francesa. Ese personaje, que vivía en Madrid, tenía amigos en Barcelona y, de vez en cuando, quedaban madrileños y catalanes en Zaragoza un fin de semana, porque les quedaba a mitad de camino. Pues bien: él constataba que los de Madrid decían que los croissants de Zaragoza eran infinitamente mejores que los de Madrid, mientras que los de Barcelona aseguraban que eran puro mazacote. Eso venía a confirmar su teoría. Por tanto, para este hombre, los peores croissants de España los sirven en La Línea de la Concepción, y los mejores, en algún pueblecito del Pirineo. Puede que no le falte razón.

Lo que está fuera de toda duda es que no hay color entre los croissants de un lado y otro de la frontera. No sé qué don poseen, pero, en materia croissantera, la más mohosa boulangerie del más triste y deprimente pueblo francés le da sopas con hondas a la más exigente creación del más elitista obrador de estos lares. Nada iguala esa textura que parece de algodón de azúcar y, sin embargo, está dorada por fuera. Nada iguala esa delicadeza, ese aroma a mantequilla, ese bocado que se funde en la boca. ¡Es que me siento ereccionar con los croissants de boulangerie, apilados junto a las baguettes!

Antes, cuando ir a Francia significaba ir a ver a la familia, comprábamos baguettes y, si había suerte y llevaba algún franco de sobra, caía un croissant. Ahora, que vamos de hotel, pagamos con euros y pasamos de la familia, ya no compro baguettes, pero sigo recorriendo boulangeries. Única y exclusivamente para zampar esas delicias. Dénme una servilleta, un croissant horneado pocas horas atrás y una calle con contraventanas de cualquier ciudad francesa de provincias y me harán feliz. Con tan poquita cosa me conformo, fíjense. Como le dijo Hank Scorpio a Homer Simpson: "No hay nada que hacer, la felicidad se compone de las pequeñas cosas". Des petites choses, en este caso.

También recuerdo que A., vieja compañera de penas y alegrías, decía que los croissants son en verdad crustáceos reencaranados en bollos, y que hay que comerlos como si fuesen nécoras o langostas: por eso ella siempre me robaba los cuernos-patas de los míos. Y le sabían más ricos cuanto peor cara ponía yo ante su latrocinio.

¿Y por qué me da por pensar ahora en los croissants? Quizá porque se acercan las navidades (que no voy a reivindicar: lo siento, pero me ponen de los nervios, soy así de triste) y recuerdo las que pasé en Angers, en una casa sepultada bajo la nieve y llena de franceses que intentaban chapurrear español, y de españoles que intentaban chapurrear francés, todos borrachos con el vino de la cave del abuelo Louis. No sé, igual es que me pongo ñoño a veces.

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9 comentarios

José -

Con todo respeto, pero rellenar un buen croissant de cualquier cosa me parece una aberración.

Yo -

Benita. Los inolvidables croissants de Buenos Aires los desayunábamos en Benita...

Quisquilloso -

Quería decir: "el día después del sorteo" en lugar de "al día siguiente del sorteo".

Las prisas, ya se sabe.

Qusquilloso -

No es "a few hours ago", que se traduce como "unas horas antes" o "hae unas horas", sino "a few hours back". El back de los cojones se ha incrustado en el lenguaje periodístico y no lo quita ni el Fary.

Es como "el día siguiente del sorteo" en lugar de "al día siguiente del sorteo".

S. del Molino -

Esto... que el anónimo era yo.

Anónimo -

A few hours ago. Vaya, no había caído en que estaba calcando del inglés. Pues lo dejo como está, que no está mal meter un anglicismo en una loa a Francia (que se joda la gabachería).
Sergio, tocayo, gracias por leer y rellénalo de lo que quieras. Aconsejo morcilla con pasas o botillo del bierzo con mermelada de moras. Por ejemplo.
Anakrix: no es que los españoles no sepan hacer croissants como los de los franceses, es que consideramos -y con razón- que imitar excesivamente algo del país vecino es afeminado y plúmbeo. Por eso, nuestros recios reposteros imprimen un carácter más mazacótico a su versión croissantera, para que nadie en el barrio dude de su hombría.

Quisquilloso -

Muy bien el comentario, pero te hubiera quedado mejor si en lugar del anglicismo

un croissant horneado pocas horas atrás

hubieras puesto

un croissant reciente

o bien

un croissant recién horneado

o bien

un croissant horneado unas horas antes.

Sin acritú.

Sergio -

Pues en esta antesala de la Nochebuena, desde el hotel en que trabajo, me comeré uno de los croissants que traen a tu salud. Sergio, ¿lo puedo rellenar con algo? Buaaahhhh... Felices días, o que pasen pronto, jeje... Un abrazo de otro lector diario de tu blog.

Anakrix -

Mmmmmmmm... es verdad. Croissants franceses, hechos de mil capas de finísimo hojaldre que se rompen al morderlos... ¿Por qué será que nadie los hace como ellos? Aquí, por ejemplo, aunque los hagan ricos, resultan más bien bollitos con la costra crujiente. Y no es lo mismo. Aunque como no tengo otra cosa a mano, estoy por hacerme un vaso de leche con cola-cao y untar un croissant mañico, para quitarme el antojo...
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