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El Blog de Sergio del Molino

I'LL BE THERE FOR YOU

I'LL BE THERE FOR YOU

¿Qué puede hacerse un sábado antes de Nochebuena, aparte de pasar la tarde acumulando bolsas y deslomándote acarreando paquetitos con perritos piloto para el nene y para la nena? Pues ir al cine. Un clásico, vaya. Otros años, dedico ese día a trabajar, pero esta vez (vaya por dios: el trabajo a veces es un buen refugio contra otras responsabilidades que eludimos) me tocaba librar. Así, tras la obligatoria visita a San Corte Inglés y después de ponerle unos vendajes y hacerle unos mimos a la tarjeta de crédito, que no entiende la razón de tanto meneo en tanta caja registradora, nos fuimos al cine. Sin exigencias, que es Navidad. Con tal de no ver algo así como Pinkie and Winkie meets Santa Claus o Rudolph, el reno aficionado a los clubs de carretera y al bourbon de garrafón, nos conformábamos. Por eso acabamos viendo Scoop, la de Woody Allen con la imponente Scarlett (de la que hablaré otro día).

La peli, floja, flojísima. Claro que Allen, a estas alturas, puede hacer lo que le salga de las canas, pero... Es una farsa con un guión muy poco trabajado, que pretende no sé si homenajear a las comedias de enredo americanas que, a su vez, están emparentadas con los sainetes y los vodeviles que alegraban las frías noches de nuestros abuelos. Si buscaba eso, no lo logra. Scarlett no tiene vis cómica para este tipo de obras, y Woody apenas se reserva un par de chistes sobre judíos para sus frases. No sé si me sonreí un par de veces en toda la película, pero la tónica general fue de aburrimiento. Por eso, me dediqué a observar al público que llenaba la sala (ajá, así que es aquí donde os escondéis de vuestras familias, pensé). Creo que ya he escrito en otra ocasión que lo que menos soporto de Woody Allen es la gente a la que le gusta Woody Allen, lo que puede equivaler a una declaración de misantropía muy poco navideña, lo sé. Pero es que alucino con la predisposición del público, que se comporta como un perro de Pavlov. Primera secuencia, primera frase: risotada general. ¿Por qué? Porque es de una peli de Woody Allen, ergo gracioso, ergo me río. ¿Tiene gracia? Qué más da, es de Woody Allen, hemos venido por la marca, no por el contenido. Y así, toda la película: no importaba lo insípido o malo del chiste en cuestión, mis compañeros de butaca se desternillaban.

Este curioso fenómeno social, unido al aburrimiento, me llevó a pensar en las series de televisión que tienen risas. Y pensé en las que tienen risas de verdad, no enlatadas, como Friends, que se grababa con público en directo. Y entonces recordé que Enrique me había pedido en un comentario que diera mi opinión sobre esa serie en cuestión algún día en el que no supiera de qué escribir. Y creo que hoy es ese día. Por hablar de otra cosa que no lleve turrones y esas cosas.

Me incorporé a la serie tarde, muy tarde. Pasé de ella las cinco o seis primeras temporadas. No me atraía lo más mínimo la vida de esos individuos. Me la traía al fresco, y me la hubiera seguido trayendo al fresco de no ser por la insistencia de varios amigos a los que considero inteligentes, cultos y sensibles. Gente con criterio cuya opinión siempre valoro mucho. Me dije: algo tiene que tener la serie si estas personas a las que quiero y admiro me la venden con tanta pasión. Y, poco a poco, tuve que reconocer a regañadientes que me había equivocado al juzgar Friends. De hecho, acabé patéticamente enganchado a ella y recuerdo haber sentido auténtica pena cuando se emitió el último capítulo y la casa se quedó vacía. Tengo en casa todas las temporadas en DVD (ocupan un estante entero, junto a Los Simpsons y Cheers) y, de vez en cuando, nos tragamos algunos capítulos en versión original, porque descubrimos que el doblaje ha hecho papilla parte de la ironía de la serie.

¿Por qué me gusta Friends? A ver, intentaré improvisar algo, porque siempre es más fácil argumentar por qué no te gusta una cosa que lo contrario. Las afinidades proceden del estómago y de las vísceras y son más difíciles de diseccionar. En primer lugar, me gusta porque me parece graciosa, sin darle más vueltas, pero, si voy un paso más allá, me gusta porque ennoblece el desprestigiado humorismo blanco, es decir, un humor sin sesgo político o ideológico, que no persigue justificar ningún discurso previo y que tiene una acusada tendencia universalista. Es decir, que podamos reírnos todos independientemente de nuestra condición social, país, sexo, trabajo o raza de animal de compañía. Por supuesto, no hay altruísmo detrás de esa voluntad, tan sólo una natural expansión de mercados de consumo: si limas los argumentos de localismos, jergas, acentos y referencias políticas y geográficas, obtendrás un producto exportable para todas las televisiones del mundo. Ni más ni menos. It's business, my friend. Pero hacer eso bien es muy complicado, porque el resultado más probable es el de una serie plana, y ejemplos hay miles. Pero plano no es lo mismo que blanco: el humor, para serlo, debe tener aristas. Lo plano no hace gracia ni emociona ni nada. Ni contenta ni disgusta, sólo deja indiferente.

El mérito de Friends fue que consiguió esa universalidad sin perder intensidad en la acidez de su humor. Sus guionistas (y sus actores, que entendieron muy bien qué tipo de interpretación se requería de ellos) supieron incluir en cada episodio un sinfin de registros: desde el zafio chiste camionero hasta la más elevada humorada de universitarios de Harvard. Todo el mundo tenía su ración adecuada a sus necesidades. Tomaron como base el cine de comedia de los años 60 de Rock Hudson y Doris Day, le limpiaron la caspa y el tufo reaccionario de guerra fría y le añadieron unas cuantas dosis de mala leche. Luego, eligieron unos personajes que estuvieran entre los 25 y los 30, en una edad difusa, donde todavía no se han (no hemos, pues estoy en esa horquilla) asumido muchas de las servidumbres de la edad adulta pero se ha perdido la mayoría de las adolescentadas. Por tanto, hay una buena porción de público que puede identificarse con ellos: los jóvenes y adolescentes se ven reflejados en algunos aspectos, y los más adultos, en otros. Ahí está el núcleo de la serie. Sólo les faltaba darle un aire teatral y ubicarlo en un espacio reconocible: Nueva York, tierra soñada por mí. Era muy difícil que el asunto fracasara, aunque bien podrían haberse estrellado con todo el equipo.

Total, que a mí me hace mucha gracia y creo que Friends ha sido la última gran manifestación mundial de humor blanco, un humor que en España cultiva gente como Gomaespuma, por ejemplo, con Cándida como última expresión cinematográfica.

PS: Scarlett Johanson no tiene vis cómica, pero Jenifer Aniston (en la foto, la Rachel de Friends, aunque en un principio, los productores la contrataron para el papel de Mónica) tiene tanta, que se ha encasillado. Le acaban de rechazar un papel en la serie 24 porque ha perdido crédito como actriz dramática. Y eso que era la intérprete más preparada del reparto de Friends, la única que procedía de los exigentes circuitos de teatro alternativo del off Broadway. Qué malo es encasillarse, maños.

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8 comentarios

Anakrix -

Ese es mi chico... Un beso, futurible.

El fururible ingeniero -

Para mi, la mejor serie de humor (con actores reales) que se ha hecho. Punto.

S. del Molino -

Manuel: has dado con la clave: "es una Sensación de vivir, pero en broma". Ahí está la gracia.
Enrique: A lo mejor sigue sin convencerte después de eso. No creo que sea cuestión de inteligencia, sino de estómago: las cosas te llegan o no te llegan.

ENRIQUE -

Gracias, Sergio, por contestar a las peticiones. Confieso que te pedí el comentario sobre "Friends" creyendo que la destrozarías con una de tus habituales furias diseccionadoras. Me duele reconocer que yo también tendré que entonar pronto un "mea culpa" ante mi novia y alguno de mis amigos, todos ellos seguro también más inteligentes que yo y seguidores de la serie. Por cierto, a mi "Scoop" me gustó mucho.

manuel -

scoop tampoco me satisfizo. pensé que era por el doblaje, porque quizá algunos chistes tuvieran su gracia en juegos de palabras que se perdían, por algún tipo de guiño que el doblaje no pudiera respetar, por por por...por justificar a woody allen, que me gusta, y mucho. si. yo también voy entregado a ver una película suya, qué le vamos a hacer. para mi supone un standard de calidad, una garantía de que lo que vas a ver no es bodrio. y en ese sentido nunca me decepciona. scoop no es ni de lejos la mejor que ha hecho, pero tampoco está tan mal. la cosa es que a allen se le compara consigo mismo. es dificil mantener el listón tan alto como lo ha puesto con algunas de sus pelis (match point, la maldición del escorpión..., misterioso asesinato...).
sobre friends: yo no pude superar el prejuicio de que eran unos pijos con problemas de pijos. una especie de "sensación de vivir" pero en broma. así que no le presté atención. y como no la vi no digo nada de ella. solo que hacerla con público delante no es garantía de que la risa sea genuína. hay tipos con cartelitos que ordenan aplaudir, o reír o gritar según lo pida el guión. a veces.

S. del Molino -

No, aporte nutritivo, ninguno, pero es que a mí, cuando me da por algo... Carácter obsesivo-compulsivo que tiene uno.

Anakrix -

Pues yo creo que si Friends es puro business... ¡viva el business!, porque anda que no he pasado buenos ratos con esta serie. Me enganché al final de la primera temporada y ahora, entre el DVD y las múltiples repeticiones del Plus, la he visto enterita unas cuantas veces. Y no dejo de reírme. Por eso, estoy de acuerdo con Sergio en que es un ejemplo perfecto de humorismo bien hecho. La clave está en sus guiones, que me parecen impecables. Saben parodiar situaciones de la vida cotidiana con muchísimo sentido del humor y los seis personajes están creados de tal manera que, entre unos y otros, abarcan características que hacen que te sientas identificado con ellos. Por eso, la serie de Joey en solitario es un peñazo, porque el personaje por si solo es absurdo, y sin embargo en Friends resultaba, porque había un contrapunto con los demás protagonistas. En fin Javivi, que a mí con Friends también me pasa como con las golosinas... pero es que yo soy muy laminera...

Javivi -

Exactamente lo mismo, y en el mismo orden, me pasó a mí con Friends. La pillé tarde, obligado por mi compañero de piso, al principio sin ganas... La diferencia es que, maño, yo sigo sin verle tanta gracia. No aburre, pero tampoco divierte. Entretiene sin más (ni menos). Es como comer golosinas: alegran, agradan, pueden llegar a empachar, y no tienen ningún aporte nutritivo. No me gastaría un leuro en un dvd, e incluso me daría pereza bajarla de la mula pues, chico, son muchos capítulos y ocupan mucho disco duro.
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