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El Blog de Sergio del Molino

ARQUEOLOGÍA EN EL SUPERMERCADO

ARQUEOLOGÍA EN EL SUPERMERCADO

Lo que me gusta de los arqueólogos es que son unos cotillas que se presentan bajo dignidades académicas. Escarban en basuras milenarias para saber qué comían y cómo follaban nuestros tatarabuelos. Como unas cotorras de escalera, se permiten dudar de las crónicas oficiales sobre las grandes gestas y olisquean y olisquean hasta descubrir los trapos sucios. ¿En qué se diferencian de la portera que susurra: "Sí, dice que le va muy bien después del divorcio, pero se ve que no llega a fin de mes, que sólo lleva latas de sardinas en la bolsa de la basura"? Me encantan los arqueólogos que se sientan en la sala de congresos y, sin descomponer su rostro, afirman: "Según nuestros últimos hallazgos, en el Antiguo Egipto, los escribas defecaban subiéndose las faldas de su túnica y sentándose en un cómodo sillón de madera, mientras que, según indican las hendiduras con formas de dedo gordo halladas en el sector III de las excavaciones, los esclavos defecaban de cuclillas tras unos matorrales llamados matorrum".

Soy fan de los arqueólogos, de verdad, por eso les tomo como excusa para justificar mi tendencia al espionaje cutre. Me digo: esto es arqueología en tiempo real, o antropología, si ustedes lo prefieren. Últimamente, me dedico a practicar mi afición arqueológica en la cola del supermercado, y trato de reconstruir la vida de los que tengo detrás y delante a partir de lo que llevan en los carros o en las cestas. Un paquete de pan de molde o una lata de espárragos pueden ser más reveladores que un tercer grado policial. Mi escáner funciona así: varón, raza blanca (desde Canción triste de Hill Street he visto muchas series de polis, así que imito sus descripciones), unos treinta y pico, abrigo largo, pelo corto, afeitado y gafas, bien peinado. Contenido de la cesta: una pizza de Casa Tarradellas, un paquete de chorizo de Pamplona Hacendado, una botella de dos litros de Coca-Cola, una barra de pan y un paquete de cuatro rollos de papel higiénico. Conclusión: soltero, no mal situado económicamente, pero tampoco para tirar cohetes. Vive solo y para poco en casa. No le gusta cocinar, lo que puede indicar una pereza supina o una torpeza sin límites. Tampoco cuida su dieta, lo que denota cierta desinhibición desprovista de hedonismo. Probablemente, un quiero y no puedo, un contenedor de pequeñas frustraciones con cada vez más abundantes canas que se resignan a que la vida es una pizza calentada en el microondas con un vaso de Coca-cola y cualquier programa de la tele que no sea del corazón. Aunque el toque del paquete de chorizo desconcierta un punto. El chorizo de Pamplona habla de la infancia, de bocatas en el parque, de búsqueda premeditada de sabores concretos. Hay una pequeña parte de él que se rebela contra el conformismo gris. Es esa misma parte de él que tuerce el gesto cuando echa en la urna la papeleta del PSOE o cuando le dice que sí a un jefe que le encarga una tarea ingrata. Esa parte que no le teme al colesterol. O quizá, sencillamente, es que necesita el chorizo para alegrar unos insípidos macarrones, en cuyo caso, estaríamos ante un looser prototípico y empeñado en representar su papel con tediosa exactitud.

Antes de que termine mi análisis, me toca el turno. Sólo llevo unos huevos y un paquete de sobrasada que he visto antes de llegar a los huevos. Esta vez sólo he cogido una cosa, porque soy el blanco perfecto de los estrategas de mercadotecnia: no puedo comprar sólo lo que he ido a comprar. Siempre abandono el super cargado de cosas que ni necesito ni debo comer ni se me había ocurrido comprar, pero que he ido cogiendo casi automáticamente. A veces, hasta me olvido de lo que realmente había ido a adquirir, y eso repercute en una pequeña carestía de huevos, aceite o detergente (y sobreabundancia de chocolatinas, yogures de sabores imposibles y anchoas del Cantábrico) que no se soluciona hasta el día siguiente. Soy un peligro financiero y nutricional. ¿Qué pensarán de mí los de la cola si miran lo que llevo en la cesta?, me pregunto. Probablemente, lo que pensaría cualquiera: menudo gilipollas y qué lento es pagando.

Ah, feliz 2007, que no lo había dicho todavía.

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13 comentarios

May -

la verdad que sorprende encontrar esta clase de disparates (en el buen sentido) y llama aún más la atención la cantidad de gente identificada

juanita -

Agrega que el hombre en el super es el cazador recolector de hoy (te has visto corriendo tras la única cerveza helada un viernes en la noche??!!)ehhh...es arqueología pura y práctica, y yo que pensaba que era deformación profesional lo mío de mirar lo que llevan los demás, de paso trato de imaginarlo convertido en basura y me doy cuenta de cuan poco es lo que podemos llegar a saber. Me encanta cuando la gente se rie de los arqueólogos, sí es cierto,lo que mejor nos sale en la vida es contar cuentos.

S. del Molino -

Yo de fúmbol entiendo poco, prefiero que me consideren una abuela artrítica del humor, jajajajajaja.
Puedes improvisar esos yogures tú mismo, añadiéndole trocitos.

gilgamesh -

Después de tu desliz posteador con Sivrada, no sé si decirte, oh Koeman del Humor (por aquello de la poca cintura), que no, hombre, en Mercadona no hay yogures así (espero), pero que es lo que falta por probar en el mundo de los lácteos y esa mezcla de sabores. Algún día llegarán esos yogures, algún día...

S. del Molino -

No te conozco y lamento de veras que sonara tan desabrida mi respuesta comentario en el blog. Espero que no te haya molestado. Por favor, acepta mis disculpas. Cintura para el humor no sé si tendré (quiero creer que sí), pero si algo no soy es descortés, especialmente con alguien que se toma la molestia de leer mis regurgitaciones blogueras, cosa que agradezco infinito.

Sivrada -

La verdad no te tenía yo por tan estricto y con tan poca cintura de humor.

Pero bueno, allá tú.

Hasta otra...

síl -

más que antropólogo pareces un sociólogo... "cotilleas" entre los vivos! te lo digo con conocimiento de causa... de pequeña quería ser arqueóloga y periodista, al final mi poco "tal@nte" me llevó a ser socióloga... y ahora, dispenso conocimiento, como una cajera de super...
me gusta mucho tu blog... (y yo sólo justifico cuando me acuerdo)

un saludo

S. del Molino -

Me releo ahora y me sueno un poco seco en mi respuesta a Sivrada. No era mi intención, ciertamente. Gracias por leer y comentar.

S. del Molino -

No los justifico porque me gustan desaliñados. Aquí no usamos etiqueta. Y en cuanto a lo de largos, son como me salen. Tampoco hay por qué leerlos enteros. Feliz 2007.

Cide: por dios, vivimos en sociedad. Nos fijamos en las personas, no en las piedras. Y si nos fijáramos en nosotros mismos seríamos unos onanistas impenitentes. No es cuestión de que nuestra vida sea o deje de ser aburrida (percepción muy subjetiva de cada cual, por otro lado), sino de que la mirada nos obliga a mirar a los demás.

Gilgamesh: ¿en el Mercadona tienen yogures de morcilla?

Anakrix: ¿y cuándo ves a una señora gorda que sólo lleva unas judías verdes y una caja de leche desnatada?

Sivrada -

Una de las cosas que menos me interesan del mundo son los arqueólogos.
Me parece de los más aburrido que existe y luego me incomoda ese lenguaje tan exclusivo y específico que parece un criptograma.

El supermercado me parece una maravilla.Siempre pienso en Jerry Lewis.
Esplendidos tus artículos y el blog. Un poco largos.¿Por qué no los justifica? Así parecen como desaliñados...

Cide -

Creo que todos hacemos eso. A menudo pienso que qué aburrida es mi vida para acabar inventándome la de los demás.
En fin, feliz año nuevo.

gilgamesh -

...ergo vas a arqueologizar al mercadona... Por cierto, el chorizo sería para aderezar las insípidas pizzas de la marca Casa Tarradellas (al menos así lo hago yo, quizir). Y sobre los yogures de sabores imposibles, no te preocupes: es de común afición por aquí abajo. Son irresistibles las promesas de yogur de kiwi con trocitos de cereales y tropezones de morcilla extremeño-castellana...
Feliz 2007.

Anakrix -

SIIIII!!! Yo también hago eso en la cola del súper!!! aunque mis análisis no son tan profundos como los tuyos. Son más del tipo: mujer, treinta y tantos, evidente exceso de peso. En su cesta pueden verse bollitos de chocolate, patatas fritas, chocolatinas y lasaña congelada. Conclusión: ¡¡Pero como no va a engordar!! je, je... soy así de frívola, qué voy a hacerle
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