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El Blog de Sergio del Molino

EL MORBO DEL LECTOR

EL MORBO DEL LECTOR

Cuando alguien ha sido envenenado por el diablo de la lectura, puede llegar a pasar momentos duros, pagando cara su propia disciplina. La lectura es un vicio jodido. Se llevan mal los síndromes de abstinencia y se llevan mal los empachos. Sobre todo, los empachos no deseados. Me explico. Cualquier lector gustoso de serlo puede emprender con buena disposición y ánimo pizpiriteo un programa de tediosas lecturas "utilitarias" para estudiar algo o para documentarse sobre una materia. Asimismo, cualquier lector puede soportar un número considerable de lecturas fallidas, aburridas, vacuas, ramplonas o petulantes. Pero creo que difícilmente puede sobrevivir a una combinación de ambas situaciones, y yo acabo de salir de una. Sólo ahora, a las tres de la madrugada de este viernes en el que no he salido por ahí, me siento resarcido, y por eso dejo constancia de ello.

Llevaba unos cuantos meses embebido en una serie de lecturas instrumentales, útiles tanto para mis trabajos periodísticos como para los otros proyectos que tengo en marcha. Al principio, las coges con entusiasmo, pero cuando la bibliografía engorda y engorda y engorda, pues un libro lleva a un artículo, y un artículo lleva a otro libro, empiezas a sentir los efectos del empacho, y sabes que sólo te los quitarás de encima cuando veas el resultado concreto de lo que persigues (y muchas veces, no llegas a verlo nunca, claro). Por tanto, te refugias en las lecturas de recreo, donde -estás convencido- hallarás reposo y crapulencia. Acudes a ellas ansioso, como un pirata que irrumpe en la taberna del puerto y pide a gritos una botella de ron, dos fulanas y una ronda de cerveza para todos los rufianes del lugar. Pero, claro, para conseguir el efecto deseado, la lectura debe llenarte. El pirata no se sacia con agua del grifo ni con dos chicas recatadas y poco conversadoras. Y yo he sido ese pirata triste. En estos meses, mísero de mí, he ido cayendo en una lectura insulsa tras otra. No quiero culpar a los autores ni a las obras. Probablemente sea una cuestión de tiempo y de lugar (no sos vos, soy yo, que decía una peli argentina), pero la sensación es igual de jodida. Te sientes incómodo, te revuelves en la butaca. No encontrar la lectura adecuada se parece mucho a no encontrar la postura en la cama. Es una putada.

Pero contra eso están los clásicos. ¡Cómo no se me había ocurrido antes! Esta noche, con la casa en silencio, he cogido, como si de un libro sagrado y oculto se tratara, uno de mis regalos de estas navidades: la lujosísima edición del Drácula de Bram Stoker publicada por la maravillosa editorial Valdemar en 2005. Hacía bastantes años que no me reencontraba con ese vampiro de Valaquia que Stoker convirtió en transilvano por capricho. Desde las primeras líneas, me he dejado mecer por la fantástica traducción de Óscar Palmer, que ha renunciado a hacer pasar los centenares de dialectos y acentos ingleses de la novela original por un triste paletismo medio andaluz (recurso utilizado para traducir el intraducible slang o el acento de los negros del sur de los Estados Unidos y que a mí siempre me ha hecho daño en los ojos y en el oído).

Qué maravilla. De pronto, me he visto cercado por los lobos de la medianoche en esa calesa tirada por caballos negros que galopan en la oscuridad hacia un castillo ruinoso. Qué grande, Stoker, qué grande. Debo madrugar mañana y soy incapaz de cerrar el libro. Lo notaré durante el día, claro, pero que me quiten lo bailao. Mi reconciliación con el placer de leer es más importante que el sueño. La edición está muy bien anotada, con mesura y pertinencia, sin estorbar la lectura con erudiciones innecesarias, y gracias a esas notas me he dado cuenta de que la famosa frase del conde ("yo nunca bebo... vino") durante la primera cena del pobre Harker en el castillo no aparece en la novela. Fue una genial morcilla de Bella Lugosi en la película de 1931, y es tan buena, que todas las versiones cinematográficas posteriores la han incorporado, pero jamás salió de la pluma de Stoker.

Drácula suele compararse con el Frankenstein de Mary Shelley, pese a que la primera novela se escribió más de 70 años después de la segunda, pero el cine del siglo XX acabó haciéndolas pasar por contemporáneas. Es curioso. Sin embargo, se distancian por algo más que por la cronología. Mientras Frankenstein interesa al lector de hoy por las evidentísimas reflexiones filosóficas y sociales que contiene sobre la condición humana, Drácula sigue provocando escalofríos en el lector entusiasta. Es decir, que Frankenstein se lee como metáfora (política, científica, feminista...), pero Drácula se lee y se disfruta como Drácula. Porque nos va el morbo. Porque nos mola sentir el apretón de manos firme y gélido del Conde. Porque querríamos ofrecer nuestro cuello a sus siniestras vampiresas y nos gustaría sentirnos tan hechizados como la joven Mina ante la turbadora presencia del No Muerto.

Qué gusto da reencontrarte con tu yo lector.

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4 comentarios

S. del Molino -

jeje. Tapa dura, durísima, nada de clubes Diógenes. Feliz año!

Ex-compañero de piso -

Y es que además la edición de Valdemar tapa dura (no club Diógenes) es una pasada.

Como la de Sleepy Hollow.

Anakrix -

Es una de las mejores sensaciónes que conozco. Encontrar un libro que te atrape, que te agarre con fuerza y del que no quieras escapar. Aunque hace mucho que no me pasa. Me recuerdo de cría y de adolescente contando los minutos para volver a casa de clase y coger un libro. La merienda, la tele o los deberes no importaban. Me esperaba una historia... Pero hace mucho que no tengo esa sensación. No sé si tendrá que ver con la vida adulta, con el estres, las obligaciones, con el no tener nunca tiempo para nada. No lo sé, pero ahora ni siquera las novelas que me gustan mucho me provocan esa adicción. Y es una lástima...

El futurible ingeniero -

Bienvenido a mi mundo. Pero el mio es peor; sin ir más lejos, ayer le dediqué cuatro horas al maravilloso mundo de los tornillos y sus aplicaciones. Después, al llegar a casa, la Fundación de Asimov me supo a gloria...
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