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El Blog de Sergio del Molino

MRS. ROBINSON EN EL CARIBE

MRS. ROBINSON EN EL CARIBE

Llego cansado, no he quedado con nadie y no tengo ganas de hacer cena. Me atrae el torpe neón de la puerta y me siento como un Sam Spade cualquiera, desengañado y sucio. Alcanzo la barra con intención de pedir algo para subir a casa, pues sólo quiero descalzarme y sofronizarme en el sofá. Lo hago a menudo, aunque ciertos cargos de conciencia dietéticos han hecho que dilate cada vez más el tiempo entre visita y visita al lugar, que es el garito de los kebabs de debajo de casa. Al llegar, juego a imaginarme que estoy en una cafetería americana, que llevo una gabardina astrada y que la encantadora y dulce chica de Arkansas que hace de camarera -mientras espera la llamada de su agente para convertirse en la nueva Ava Gardner- me llama honey mientras llena mi taza de un café aguado y dulzón.

Pero no, no vengo de hacer ninguna heroicidad. Sólo soy un currito más, hastiado de otra larguísima jornada laboral, que espera su recompensa en forma de merecida cena. Estoy en una especie de duermevela. La chica que me atiende es latinoamericana, pero acusa ya ciertos dejes aragoneses que delatan una sólida integración -quizá excesiva, pues parece renunciar a la dulzura de su acento por la adusta y gritona habla local-. Hojeo una revista mientras espero la comida, pero he cometido el error de comprar la revista más moderna de los modernos, y no tengo humor para desestructurarme ni para valorar discursos narrativos no lineales.

Pido una caña mientras espero mi pedido a la chica latina, que me ha caído muy bien, y observo que está enseñando a un chaval nuevo. Es un yogurín imberbe, que no tendrá ni 18 años, frente a los 30 que tendrá ella. Le explica cómo debe cobrar, cómo debe anotar las comandas, dónde se guardan los refrescos y cómo se sirven, cómo se tiran las cañas de cerveza, cuándo debe recoger una mesa y cómo debe estar atento a los clientes. Demasiada información. El chico, inevitablemente, se aturulla, pero no quiere que se le note. Su cara de agobio recorre el local, enterneciendo al jefe, que desde la cocina le insta a que se tome un respiro. Pero la chica latina no le da tregua. Imparte órdenes con una dulzura infinita, pero no le deja en paz. Le gusta verlo en movimiento, casi se relame de gusto y, poco a poco -la tardanza en que me sirvieran me ayudó a percibir la evolución del asunto-, su dulzura se vuelve más y más lasciva. Me doy cuenta de que le devora con la mirada. No disimula su reclamo erótico y, si el local estuviera vacío, se abalanzaría sobre el chaval al estilo de El cartero siempre llama dos veces. El chico, por supuesto, está demasiado agobiado y concentrado en sus mil tareas como para enterarse. Si lo hiciera, huiría aterrado ante el deseo burlón y explícito de esta Mrs. Robinson caribeña. Les miro y me invade un horrible sentimiento de ternura. Estoy contemplando la felicidad en estado puro. La chica latina es feliz, inmensamente feliz por tener un juguetito imberbe que le pone terriblemente cachonda.

Sería el agotamiento, el hambre, los cabreos de las miserias cotidianas o las ganas que tenía de decir adiós al mundo por ese día, pero ahí estaba sucediendo una pequeña epifanía en forma de acoso juguetón. Aquella latina me hizo sentir emociones que sólo algunas películas han logrado, y ella nunca lo sabrá. En aquella noche gris y miserable, me recordó que la grandeza de la vida está ahí, sobre la rutina y los malos humos. Cuando por fin me trajo la comida estuve por despedirme con un beso y darle las gracias, pero me contuve y me fui con un sobrio "buenas noches". Siento envidia por ese chaval que, si las cosas siguen su camino, descubrirá el fascinante terror del sexo con una mujer tan vitalista. Como dice Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.

PS para los amigos de Argentina y para todos en general: iba a empezar a publicar este fin de semana en el blog las disparatadas aventuras bolivianas de un curioso personaje, pero estoy ordenando sus largas crónicas y, próximamente, las sacaré por entregas. Esta semana, en este blog, el folletín ilustrado ¿Qué hace un bonaerense con mal de altura en la corte de Evo Morales? Espero que resulte de su agrado.

Foto: God bless to you, Mrs. Robinson / Heaven holds the place for those who pray...

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16 comentarios

jdm -

Una situacion cuanto menos interesante!

S. del Molino -

Gracias, Cide, lo miraré.

MARISA -

JE JE JE QUE IMAGINACION SERGIO.TIENES MADERA DE ESCRITOR.

Cide -

No tiene mucho que ver con el post, pero creo que te puede gustar visitar un blog que he descubierto. Se trata de www.malaprensa.com
No te va a descubrir nada que tú no sepas, pero alguna vez dan en chistes que si no te paras a leer con criterio pasan desapercibidos.

S. del Molino -

Pos sí es raro, sí. No conozco a ningún Del Molino que no sea familia. Curioso.

S. del Molino -

Nada, me da a mí que el miedo escénico le está provocando al chico una erección inversa, padentro, y así lo va a tener difícil para consumar.

Gabriel del Molino -

Te añado a mi lista de blogs, aunque solo sea porque compartimos apellido, y eso en Zaragoza no es muy común (sin ser familia, creo)

curioso -

¿Cómo va eso? ¿Todavía no mojan?

Lone -

El chico está llegando al nivel de mito,¿cambiaría algo en la historia si leyese los comentarios?
Al final el que sale ganando es el jefe, va a doblar las ventas con tantos curiosos.
Un saludo a todos.

ENRIQUE -

De todas formas, reconozco que este debate nace porque he tratado de ir más allá y lanzar la hipótesis de que el chaval estaba jugando consciente e intencionadamente sus cartas. Reconozco, sin embargo, que no tiene por qué ser así. Era sólo una posibilidad. Es más, es probable que no sea así, lo reconozco. En cualquier caso, como presiento que este asunto va a lograr entidad de carpeta propia en este blog, seguiremos debatiendo y, si vemos que el chaval va a quedarse sin reggaeton, me ofrezco voluntario para ir a comerme un kebaab y alertarle, en nombre de ésta nuestra cibercomunidad, del peligro que corre.

S. del Molino -

No, no. Yo creo que, si hace mucho el tonto, se va a quedar sin noche caribeña.

Anakrix -

Eso también es verdad, Enrique. Pero da gusto, en esta guerra van a salir ganando los dos

ENRIQUE -

Anakrix y Sergio: Por supuesto que va a ganar la camarera y que el chico va caer con todo el equipo, por supuesto. ¿Pero hay triunfo mayor que ése para él? Jeje.

Anakrix -

Estoy por acercarme a por un kebab, sólo para conocer a la parejita. De momento, y sin conocer el panorama en persona, voto por la camarera. No hay yogurín que se resista a una jefa sexy, simpática y que sabe lo que quiere. Chavalín... date por caído.

S. del Molino -

No sé, no sé. Este chico juega con fuego. No se puede ir de farol con una tahur de ese calibre, máxime cuando tú eres un novato. Se va a caer con todo el equipo...

ENRIQUE -

Yo también estuve por allí y la chica latina le preguntó al imberbe cómo había ido el fin de semana pasado con aquella chica de la que le había hablado. Supongo que, tras lo que cuentas, ella desearía que la respuesta del chico hubiera sido: "fatal". Sin embargo, él le contestó que había caído. Verdad o mentira, supongo que ella se vio obligada a redoblar entonces sus esfuerzos. Quizás el yogurín no sea tan tontico e inocente y, pese a no haberse comido una rosca, el finde, jugó sus cartas como los que ganan sin que se les note.
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