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El Blog de Sergio del Molino

EL FERVOR DE ZAGAJEWSKI

EL FERVOR DE ZAGAJEWSKI

En un breve paréntesis al frenesí cotidiano, me he encerrado en esta gélida tarde con mi último y deslumbrante descubrimiento (que le debo al buen F., que me leyó apasionado unas líneas que me hicieron casi correr a la librería). Se trata de un polaco, como Ryszard Kapuscinski, pero poco más comparte con el periodista, aparte de la nacionalidad. Se trata de Adam Zagajewski, poeta y ensayista cuyos libros ha traducido al español la editorial El Acantilado.

Empecé leyendo Dos ciudades, preciosa colección de ensayos con la identidad y la memoria como ejes temáticos, y con una fuerte carga sentimental como mar de fondo, y ahora sigo con En defensa del fervor, que reúne un puñado de reflexiones sobre la literatura actual y sobre su poética. Sus ideas, expresadas con una brillantez y una claridad valientes y firmes, deberían ser el punto de partida de un debate necesario para evitar la oxidación literaria e intelectual. Sus propuestas pueden y deben ser discutibles, pero nadie puede quedar indiferente ante su sabiduría carente de apriorismos, con una mirada limpia, desprejuiciada y atrevida, que camina siete leguas por delante de los acomplejados intelectualillos que siempre le están dando vueltas a sus mismos tópicos. Permitidme que rescate un par de párrafos que me he subrayado:

"Fuerte por sus lecturas, fuerte por sus pensamientos, fuerte por sus vivencias y débil por su condición, encarcelado en la actualidad como aquellas momias excavadas en las antiguas turberas que protagonizan los poemas de Seamus Heaney, y también débil -como todos los modernos- por culpa de su psique asediada por los teóricos, por ser un "hombre sin atributos", el escritor que busca un estilo más elevado no deja de ser Everyman. Débil como todos, a veces presa de la televisión descerebrada y del cine norteamericano, acostumbrado al aburrimiento de las autopistas y al tedio del veraneo multitudinario, fuerte tal vez sólo por su inagotable ambición de buscar algo superior, por su recuerdo de la sublimidad que nunca dará por perdida".

(...)

"La generación de los 'escritores violentos', que aborrecían el mundo indolente y horizontal de la democracia contemporánea y la sociedad actual gobernada no por los gestos de un soberano sino por los seísmos de la Bolsa y los comicios parlamentarios, proclamaba el culto a la proeza; eran guerreros, amantes de las corridas, soldados, hidalgos, seductores, revolucionarios, nacionalistas o comisarios bolcheviques. La proeza -revolucionaria o militar; erótica o aristocrática- era para ellos una metáfora del estilo elevado (...) cuyo objetivo último era el repudio del mundo moderno, su trasmutación en una amalgama más noble (...). A menudo me pregunto si el visible apaciguamiento de la actual generación de escritores, que ya no quieren ser ni caballeros, ni heroicos oficiales con los rostros cubiertos de cicatrices (...), ni revolucionarios sin miedo ni piedad (...), resulta de una elección fundada en razones, o bien es una simple reacción a la saciedad, al cansancio causado por una retórica demasiado ruidosa, al deseo de cambio."

No sé a vosotros, pero a mí me da qué pensar. Es un pequeño dilema sobre el que llevo un tiempo reflexionando y, qué queréis que os diga, ya que son contadas con los dedos de una mano las personas con las que puedo debatir estas cosas sin que me llamen tío peñazo o se líen a collejas conmigo, da mucho gusto leer a Zagajewski y comprobar que le preocupa tanto como a mí. ¿Habrá tenido en cuenta estas ideas Jorge Volpi al escribir El fin de la locura? Si no ha sido así, las sinergias son más fuertes de lo que aparentan. Por otro lado, y pensando en el recurrente "péndulo" de Eugeni d'Ors, también pienso que el antirretoricismo muestra ya algún síntoma de agotamiento, como consecuencia lógica de su posición de dominación todopoderosa. ¿Se avecina una avalancha de neorrománticos? Que Alá nos coja confesados si así es.

Foto: Adam Zagajewski.

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4 comentarios

S. del Molino -

Se puede interpretar de ambas formas.

manuel -

pues según lo cuentas parece al revés: ella neorromantica corriendo en pos del amor o el sexo, sensación al fin y al cabo, y el encastillado en la castidad, incapaz de cepillarse a su jefa, o antirreto total.
...si lo he entendido bien, claro.

S. del Molino -

Ella, antirretórica perdida, con unas ganas de meterse al lío sin prolegómenos que para qué; y él, paralizadamente neorromántico, mirando las musarañas.

El Fary -

Pues la verdad es que no lo sé, majo.

¿Qué tal van los del kebab, antirretóricos o neorrománticos?
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