Blogia
El Blog de Sergio del Molino

NECESITO UN PELUQUERO

NECESITO UN PELUQUERO

Vuelvo a Madrid por segunda vez en menos de una semana. La primera fui por placer (el placer del reencuentro, de comprobar que sigues compartiendo ese territorio de implícitos con los amigos, de cerciorarte de que las cosas siguen en su sitio aunque tú no estés ahí para cuidarlas con la mirada). La segunda, por trabajo. En esta, cojo un cercanías, uno de esos trenes tristes que bajan a un sur que antes era polvoriento y que ahora sólo tiene bloques de ladrillo rojo que desafian la aridez. Demografía elemental: al menos un cuarto de las personas del vagón no han nacido en España. Voy cansado, agotado por un trabajo ingrato que no creí que tuviera que repetir. Voy cansado y me fijo en la gente, incapaz de seguir con la lectura de una novela de una fascinante autora francesa que me está poniendo de mal humor. Frente a mí, un señor con bigote. De Centroamérica, con más blanco que indígena en su pigmentación. Podría dar el tipo de capataz en una peli sobre hacendados cafeteros. Me lo imagino tirando de su burro, bajando la colina y llegando al porche de la plantación, donde el señor Saimaza, vestido de blanco impoluto, aprobará o desaprobará su mercancía con un leve gesto sin réplica posible. Me digo que veo demasiada tele y que no voy a comprar café Saimaza, mi café. No me gusta el racismo del criollo.

El señor saca un móvil y marca un número. Escucho la conversación. Su voz tiene un soniquete mexicano muy reconocible:

"Oye, estuve dos horas tratando de hablar contigo y comunicabas. ¡Dos horas! Bueno, no pasa nada. Mira, ¿tú le cortaste el pelo a Carlitos, verdad? Sí, quedó muy guapo, me gustó mucho. Esto... Yo... Yo te quería pedir un favor. Un favor muy grande. ¿Tú podrías venir mañana por la tarde y cortarme el pelo? Pagándote, por supuesto. Sí, sí, te pagaría, te pagaría. Es que me gustó mucho cómo se lo dejaste a Carlitos. ¿Podrías venir a las seis a mi casa? ¿No? Es que antes... Bueno, ¿a las cinco te iría bien? ¿Y a las cuatro? No, mi amor, no, es que por la mañana trabajo y... Bueno, pues escucha una cosa: ¿a la una? ¿Te va bien a la una? Te vienes allí y me cortas el pelo en la garita. Sí, sí, no pasa nada, ahí en la garita no nos ve nadie. Bien, entonces a la una. Hasta mañana, hasta mañana".

Diré en mi descargo que estaba agotado por el reportaje que había ido a hacer, y que, en ese estado, uno se enternece por cualquier cosa, pero me encantó la dulzura de aquella llamada. Me imaginé a esa desconocida mujer cortándole el pelo en la garita, escondidos del jefe y de los compañeros de la empresa, riéndose y gozando. Más tarde, al volver a la novela de la fascinante autora francesa, me pareció más insípida todavía. Entre la novela y la llamada del corte de pelo, me quedo con la segunda.

Por cierto, a mí también me hace falta un buen corte de pelo, y la peluquería a la que iba ha cerrado (si todos los clientes eran como yo, no me extraña). Tengo que buscar una nueva peluquería con un buen peluquero gay que me dé conversación, pero no la encuentro. Si conocéis alguna, me lo decís.

Foto: Llongueras, el que te lo corta y ni te enteras.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

7 comentarios

El Fary -

Yo también me he cambiado el niqui, que ya me oliía un poco a sobaquina, pero no lo voy pregonando.

Pilara -

Peluqueras, estilistas que mas da,al final te cobran un montón y siempre te cortan de más sin hacer caso de tu opinión. Por cierto Sergio he cambiado el nick, ¿te parece este más original? .

El futurible ingeniero -

Joder Sergio la verdad que escribes genial y haces crecer una amapola en un vertedero, o yo soy poco sensible... Poruqe a mi me ha venido a la cabeza cierta peluquería clandestina en un pueblecito de Soria regentada por un pariente en la que hemos sufrido algún corte de pelo y alguna otra cosilla, jajajaja
P.D yo sigo yendo a la misma peluquería desde los 14 años, y que dure.

El Fary -

¿Lo ves, majo? Tú mismo admites que te hace falta arreglarte un poco esa masa de pelos. Por correo aparte te mando la dirección de un peluquero muy majo, de toda confianza, al que vamos yo y los Chichos.

Rondabandarra Pelao -

En el barrio de La Jota hay al menos dos de las que me gustan (ver Ronda-blog-darra, 31-I-2007). Una en la calle José Oto, “Antonio” que es a la que voy de normal y otra en Pascuala Perié. Por circunstancias ajenas a mi voluntad, últimamente he ido a un par que no me han disgustado mucho, por precio y profesionalidad. Una de ellas está en la calle Mayor (Hermanos no sé qué) en la que te dejan muy bien y muy ajustada de precio. Eso sí, el tío es desesperantemente lento. Tengo curiosidad por ir a una que lleva un sudamericano en la calle Comandante Repollés. Igual me dejan como a Carlitos. :-D

manuel -

lo de fidelizarse a una peluquería es asunto chungo. yo mismo fui fiel a una desde los 15 a los 30. todos los meses, o casi, me iba a ver. la última vez me contó que cerraba y se iba a dedicar a ser gruísta de obra, que se gana más (¿?). fue un momento emotivo, pero me cobró igual.
desde entonces vago de mes en mes como alma en pena buscando alguien que se ocupe de mis guedejas como lo hacía Alán. ay!

valencia -

Ya no existen, o quedan muy pocas de aquellas peluquerías de barrio, donde todo era tan familiar, fijate si era familiar que el peluquero te hacía el corte que le daba la gana y tú te ibas para casa tan contento.
Hoy tienes que pedir hora y no al peluquero sino al estilista.Nada más entrar en la peluquería hay una recepcionista que te quita la chaqueta y te pone a modo de un babi, te aparca en el sillón y te pone una revista en las manos de economía, que para nada te interesa,tampoco tienen ya la típica revista de tias macizorras en pelotas,se conoce que no está bién visto.
Es más aburrido ir a la peluquería que a un especialista de la seguridad social
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres