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El Blog de Sergio del Molino

ESPAÑA NO EXISTE

ESPAÑA NO EXISTE

Dice Julio Llamazares en El País que España no existe, pero no por los motivos que ciertos constructores de pluralidades nacionales pudieran sospechar, sino por una cuestión de reparto demográfico que afecta también a Portugal: al margen de Madrid y la estrecha franja del litoral, la Península está despoblada. Un interior hueco en cuya mitad norte sólo brilla Zaragoza como descompensado monstruo en medio del desierto aragonés. Llamazares hace unas reflexiones muy interesantes sobre las verdaderas "dos Españas" (la rica y la pobre, la macrourbana y la de las casas rurales, la del apelotonamiento costero y la del eco sombrío en el valle). No podía ser de otra forma viniendo del autor de La lluvia amarilla.

Me gusta que el escritor leonés ponga el dedo en esta llaga. Es un debate que debería ocupar el espacio público si éste no estuviera saturado de sandeces y ácidos bóricos, y es un debate en el que hay mucha tela que cortar. Hasta ahora, la reflexión se había circunscrito a las demandas de los movimientos que en Teruel, Soria y Zamora piden unos servicios e infraestructuras del mismo nivel y calidad que las de las regiones pobladas, pero la cosa no se puede quedar ahí. Eso está bien como toque de alerta y como invitación a la reflexión, pero no como reflexión en sí misma.

Desde Aragón, el asunto se contempla desde una perspectiva privilegiada. Vivo en una ciudad que aspira al millón de habitantes (sí, lo logrará con Expos y metros, no me cabe duda: después de 2008, Zaragoza va a perder muchos atractivos para mí), pero está rodeada de nada. La segunda ciudad más poblada, Huesca, no tiene ni 50.000 habitantes. Aragón, más grande que algunos países europeos, está apretujado en el centro (más de la mitad de sus ciudadanos concentrados en Zaragoza), pero vacío en el resto del territorio, y nadie puede entender nada de lo que pasa en esta tierra si no tiene en cuenta ese monstruoso desequilibrio (quizá por eso son muy pocos los que logran entender lo que pasa en esta tierra).

A escala peninsular, el problema es mucho más grave. Portugal está prácticamente desierto al margen de la franja costera. En las dos Castillas (sin contar Madrid) vive menos gente hoy que en la Edad Media. La idea de una Castilla opresora de la periferia es carcajeante si se compara cualquier villorrio mesetario con el desparrame de Marina d'Or Ciudad de Vacaciones. Sólo un ciego puede negarse a ver quién corta el bacalao en este país y quienes están a verlas venir esperando una subvención colega de Bruselas. Y, sin embargo, los tópicos persisten.

También es cierto que quienes resisten en el desierto demográfico gozan de ciertas ventajas. Para empezar, la ley electoral les es muy favorable. El voto de un soriano equivale a 4 o 6 votos de un zaragozano o 10-12 de un madrileño. También viven en lugares con muy poca conflictividad social, con precios más asequibles y una calidad de vida muy alta, pese a la falta de carreteras y a que el hospital más cercano esté a 100 kilómetros. Pero eso no basta para retener a los culos inquietos. Y por culos, me refiero a mentes y manos capaces de sacar adelante proyectos e ideas.

Cuando hojeo revistas literarias y de pensamiento francesas (que las hay a porrón, porque les va mucho el rollo magacín), me doy cuenta de que, a pesar del jacobinismo intelectual y político que domina por allí, hay muchas firmas de gente de Biarritz, de Nimes, de Toulouse, de Burdeos, de Lille, de Nantes, de Lyon, de Tours... Hay mucha más presencia de los intelectuales "periféricos" en París que de los intelectuales "autonómicos" en Madrid. El jacobinismo es mucho más excluyente en el país de las autonomías de taifas que parece que se desmembra cada semana entre fanfarrias apocalípticas. En España, salvo rarísimas excepciones, para ser escuchado/leído en Madrid, tienes que estar en Madrid, cuando ese requisito ha perdido validez en el resto de países que han descubierto las bondades de internet.

Hay dos Españas que no se miran. Bueno, hay una que no mira a la otra, que se empeña en construir aves, autovías y puentes aéreos para no tener que pisar ni ver ni oler esa meseta o esos valles que le son tan ajenos y de los que sólo atisba tres tópicos cogidos al vuelo. La península lleva mucho tiempo invertebrada y, aunque creo que el proceso es irreversible, no escapa al debate, que podría poner coto a algunas de sus consecuencias.

Y, si no, como propongo siempre que tengo ocasión, que se despueblen completamente por decreto todos los núcleos de menos de 20.000 habitantes y que las villas medievales y los pueblos serranos se queden como museos y eventuales gulags de reeducación, que nunca se sabe cuando se necesitará echar mano de uno.

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3 comentarios

roberto -

Me atrevo a decir que a pequeña escala, Aragón es la comunidad que mejor resume esa incongruencia peninsular de la que habla ayer Llamazares. Más de la mitad de los aragoneses son zaragozanos, con lo que los "aragoneses del extrarradio" vivimos en la periferia de la periferia.
Zaragoza está más cerca de Madrid (a costa, eso sí, de morir al palo del billete de lujo) que del territorio que administra. Pero para ir de mi casa a la "capital del agua" (220 kms.) invierto 2h40' en coche, y si pretendo llegar en transporte público necesito montarme en el primer vehículo a las 6.10' de la mañana para alcanzar Zaragoza a las 12.00 después de cuatro trasbordos; y esto, además, funciona sólo tres días de la semana. Esto es un simple ejemplo (podríamos hablar del hospital comarcal de Barbastro, del que distamos 100 kms., o de la estación de tren más próxima, Monzón, que con el Ave en Lleida casi se la pulen).
A nuestros políticos todo esto no les va del todo mal. Si bien nos venden su esfuerzo en "acercarnos a la civilización", debido al peso del voto en estos desiertos, en lo que se esfuerzan realmente es en conseguirlo. Aquí donde los municipios no superan los mil habitantes no es difícil ser elegido para un cargo público a poco que uno quiera. Incluso si te lo curras y eres más listo que el vecino puedes llegar a ser consejero comarcal, que eso ahora mola mucho. El precio, claro, es el clientelismo que eso genera, pero así nos va.
Sin embargo, esa distancia tan enorme de lo que nos permititía ser ciudadanos "normales", resulta paradójicamente corta para el ocio urbanita. "Si para llegar de mi casa en Las Fuentes al Parque de la Expo'08 empleo una hora... por poco más me planto en el Pirineo" ese planteamiento lo conocen muy bien y lo propician el constructor de usuras y el político servil, y así es como nuestro paisaje y cultura (tan lejos y olvidados de la oficialidad) resultan exóticos al especulador, caldo de cultivo perfecto para ejercer el colonialismo del euro y del pensamiento, más que único, exclusivo del campo de golf y del lenguaje con acento neutro.

(perdón, Sergio, por el chorizo-discurso, pero ya que me he puesto...)

valencia -

En este país, desde hace muchos años, se trató ( y se consiguió ) de hacer ver a la gante que el progreso, el bienestar para si y para su familia se encontraba donde realmente interesaba ( a los que trataban de convencerlos ) en las ciudades.La especulación comenzó su inagotable progreso, las ciudades se duplicaron en un corto espacio de tiempo, se les dotó de toda clase de infraestructuras pero ¿ a que precio ?.
Evidentemente el precio fue excesivamente alto, se les quitó a unos para darselo a otros. Las poblaciones fueron quedandose sin sus gentes, que cegados por el resplandor de las ( tan típicas ) luces de neón, abandonaron sus raices en busca de la prosperidad, que en la mayoría de los casos consistió en trabajar catorce o dieceseis horas diarias en fábricas, almacenes etc...
Hoy en día la especulación no ha parado, es más ha llegado a un punto de verdadera incongruencia, y en el litoral se están viviendo situaciones surrealistas. Fijaros en el ejemplo, donde yo vivo, BANCAIXA, la que en los anuncios de la tele te dice que escucha tus ideas e incluso la de los inmigrantes, tiene previsto construir una población paralela a la actual para aproximadamente veinte mil personas es decir más de las que actualmente vivimos, todo ello con sus correspondientes campos de golf, sus hoteles de lujo,su puerto deportivo...Dicen que esto nos traerá trabajo y progreso ¿ vosotros os lo creeis ?
Y luego que os pidan el agua del Ebro, ni una gota pero ni una sola.

Joder que largo me ha salido esto.Perdón, es que las tribulaciones de Severino el sordo me afectaron muchísimo

Severiano Delgado -

El asunto da para mucho comentario, así que sólo expondré dos ideas para la reflexión:
- En toda la península ibérica, las únicas ciudades grandes del interior son Madrid, Zaragoza y Valladolid.
- La zona más pobre de la península ibérica son las provincias españolas y portuguesas situadas a uno u otro lado de la frontera común.
Por lo demás, estoy completamente de acuerdo con Julio Llamazares y con Sergio.
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