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El Blog de Sergio del Molino

LA CONQUISTA DE SAINT GERMAIN DES PRÉS

LA CONQUISTA DE SAINT GERMAIN DES PRÉS

Si hay algo que me saca de mis casillas es que los camareros y los dependientes se dirijan a mí en inglés cuando me oyen hablar castellano. ¿Presuponen que un extranjero no puede entender ni hablar la misma lengua que ellos? Mira que es grande Francia, pero esto sólo me pasa en París, justificando la fama de metepatas, presuntuosos y maleducados que los parisinos tienen en provinces. En fin, así son. Al fin y al cabo, como sucede con tantos otros lugares, París es maravilloso pese a estar lleno de sus propios nativos.

Aunque cada vez menos, también es cierto. La zona de los grandes bulevares, donde nos alojamos, es más que variopinta. Al margen de los guetos quemacoches de la periferia, los alrededores de la plaza de la República son territorio africano. Toda la francofonía subsahariana está representada con restaurantes, tiendas con frutas tropicales y apetitosas y peluquerías especiales. Muy cerca, el teatro Rex, donde anoche Paco de Lucía presidió un pequeño festival de flamenco que nos perdimos (y que me hubiera encantado ver). Finalmente, diseminados entre todo lo demás, pequeños cafés donde puedes sentarte a escuchar un poco de jazz en directo si no te duele pagar 10 euros por una caña.

Ver al trío de jazz desde la puerta me hizo acordarme de El perseguidor, de Rayuela y del Club de la Serpiente. Me subieron aromas de Cortázar y bajamos a Saint Germain des Prés, al Odeon y más abajo, a Montparnasse, siguiendo el bronco rastro de aquel París que era una fiesta. Una fiesta pedante, triste y reflexiva donde crecía un jazz suicida y sin salida. Nada queda de aquello, por suerte. Adiós, Charly Parker, adiós. 

Recorro el París de Cortázar, el París que ansiaba conquistar Cortázar cuando todavía no era Cortázar. Y descubro a un pobre hombre que cumplió su sueño: vivir en el cogollo de la ciudad que idolatraba. En los años 50, durante su primera estancia en la capital francesa, escribió los cuentos de Las armas secretas. Entre ellos, Las babas del diablo. Su aparente protagonista (porque la relación entre prota-narrador-escritor es uno de los temas de la pieza) vive en el número 10 de la calle Monsieur le Prince (fotografío el portal con diligencia de mitómano). Por aquel entonces, Cortázar vivía muy lejos de allí. Aurora y él compartían un minúsculo apartamento en el 13e arrondissement, en el extremo sur. Sin embargo, Julio describe con minuciosidad el trayecto que va de Monsieur le Prince a la isla de San Luis. Se nota que lo ha caminado mil veces. Se nota que ha perdido muchas tardes por esas aceras, parándose a fumar en los portales porque su sueldo de traductor no le permitía tomar muchos cafés, y buscando el lugar en el que la Maga y Horacio coincidirían en su Rayuela. Sólo alguien que aspira a conquistar y poseer una zona es capaz de conocerla tan bien. Pues ése era el propósito de Cortázar: en su segunda y definitiva estancia en París, tras volver una temporada a Buenos Aires, Julio -a punto de convertirse para siempre en el autor de Rayuela- se instaló con Aurora en un piso de la calle Mazarine, al lado de Monsieur le Prince. El argentino tímido y deslavazado que hacía pasar su frenillo por falso acento francés ya había conquistado Saint Germain des Prés. Bravo, Julio.

Como homenaje, entramos a cenar en uno de los últimos bistrots originales que han sobrevivido en el centro de París: Polidor, en el 41 de Monsieur le Prince. Barato (para lo que es París), sencillo y agradable. El salchichón de Lyon y el vino a granel que nos sirven nos reconcilia con el mundo y hasta con los parisinos. Es normal: en esa tasca no admiten tarjetas de crédito ni hooligans tocanarices que imitan a Hemingway sin saber de su existencia. Todo un detalle.

Foto: cine Le Racine, junto a la Sorbona, una de las salas de arte y ensayo más antiguas de la ciudad, muy ligada a la Nouvelle Vague y en cuyas butacas Cortázar echó más de una siesta.

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7 comentarios

Roberto Smith -

Una pregunta después de volver a leer El Perseguidor, (la previa fué hace 20 años)
Existe Amorous?

S, del Molino -

Holaaaaaa.
La conexión wifi de por aquí es un poco mierdosa y va y viene como le apetece. Como no he querido hacer mala sangre en mis vacaciones, he restringido un poco las actualizaciones del blog. De todas formas, escribiré algo el viernes. Ahora, vayamos por partes:

Anro: No, no es la primera vez, pero las ampollas de mis pies parecen decir que sí es la primera. Todavía no he podido ver nada de música. Este viaje es más literario y halterofírico (me he comprado en la librería Gallimard una edición en un sólo tocho de En busca del tiempo perdido y después de pasearla por media ciudad, mis bíceps son los de un levantador de piedras).

Rondabandarra: Pondría la foto del portal, pero es que la hice de anochecida, con una luz pésima y es muy fea. De verdad que no tiene más valor que el del mitómano que llevamos dentro.

Carmen: Bueno, vengas o no vengas enamorada a París, procura tener un saldo generoso en la cuenta, porque no hay descuentos en los bares para tortolitos, y esto es muy caro.

Valencia: ¿Que no hay mucha diferencia de unas ciudades a otras? Hay mundos enteros de distancia y conexiones aterradoras entre esquinas separadas por miles de kilómetros de distancia. Recomiendo el cuento "El otro cielo", del maestro Cortázar, donde Buenos Aires y París se imbrican y copulan alegremente la una con la otra.

Gilga: Supongo que te refieres a "62, modelo para armar", "spin-off" de Rayuela que tengo un pelín olvidado, pero estoy por decirte que sí, aunque tendría que hojearlo otra vez. No es de las lecturas de Cortázar que más poso me hayan dejado, la verdad.

Merci à tous pour lire!

gilgamesh -

Bueno... Ese bistrot Polidor... ¿es el mismo que el de 62?
Lo digo porque estoy en ellouuu.

valencia -

A mi me pasa lo mismo que a Anro, pero con Toledo.También será porque en París no he estado nunca, debe de ser por eso. Espero tener suerte y poder ir algún día ( a ver si yo también me enamoro ).
En lo que hace referencia a la gente que vive en las ciudades, creo que no hay mucha diferencia de unas a otras, pero claro lo que se dice siempre " de todo hay en la viña del señor "

Carmen -

Que va Anro Martín! Que potito! En serio lo digo...

Yo me quedé con las ganas de ir a Paris en esas condiciones... Algun día volverá a llegar,espero.

Anro Martín -

¿Es la primera vez?...Ir a París por primera vez es exactamente igual que cuando conoces a tu primera chica. Te enamora...después te envicia. Cuando conocí a la que hoy es mi mujer le prometí que cuando nos casáramos iríamos a París. No pudimos porque no teníamos una perra para el viaje. Pudimos hacerlo años más tarde y desde entonces quedé enredado en sus brazos como en los de una amante que sabe donde somos más sensibles a sus encantos. Aun sigue lamiendo mis oidos el jazz, aquí más vivo que en ninguna otra parte, excepto en Montreal....en fin cada vez que hablo de este tema me vuelvo un poco melancólico...serán cosas de la edad.
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