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El Blog de Sergio del Molino

LOS HILARANTES BUSTOS DE EVA

LOS HILARANTES BUSTOS DE EVA

Ya estoy de vuelta a la cruda realidad zaragozana y española, y lo primero que me encontré al aterrizar fue el avión de Zapatero en el aeropuerto, esperando con parte de la comitiva mientras el presidente hacía sus cositas en la capital aragonesa. Qué mazazo. Fue como un anticipo del rollo macabeo que me espera: a este lado de los Pirineos nada ha cambiado. He dejado de leer prensa española durante ocho días y parece como si no lo hubiera dejado de hacer ni uno solo. El PP dice que si chantaje tal, el Gobierno dice que si la derechona cual. Qué pesaos, qué hartazgo patrio, madre mía. Menos mal que mis obligaciones profesionales, que mañana retomaré con brío, me van a llevar por derroteros muy distintos, porque si no, pensaría muy seriamente en la posibilidad de exiliarme por unos añitos a Corea del Norte o a Swatzilandia, si es que se escribe así. Ver el avión de Zapatero en la pista, como un pájaro de mal agüero, me ha causado un bajón postvacacional.

-Fíjate en lo bien que funciona la aeronáutica -comenté-. Incluso con el país desmembrado, como dicen que está, los pilotos encuentran los aeropuertos sin problemas, y eso que España se resquebraja y se hace añicos, según dicen aquí. Ya nos veía dando vueltas en el aire sobre un país en llamas y apocalíptico, sin encontrar un huequito de paz donde aterrizar.
-Pero, ¿quieres dejar de leer eso? -me instó Cristina, quitándome de un manotazo el ejemplar de El Mundo que nos habían dado en el avión. Yo es que me meto enseguida en las historias y me creo todo lo que me cuentan.

Así que nada mejor que una panzada de humor para desengrasar el bolo, y lo haré con mi último hallazgo literario, el argentino Carlos Gamerro.

Gamerro es un escritor curtido en el mundo audiovisual (es guionista, además de profesor en la Universidad de Buenos Aires), y eso se nota. Ha escrito una novela muy fácil de encorsetar en un guión, que se adaptaría al cine sin mucho esfuerzo (pero a un cine de alto presupuesto, con explosiones, tiros y persecuciones, inasumible hoy por hoy por la industria argentina). Esto, al margen de que la haya hecho intencionadamente así pensando legítimamente en lo atractiva que va a quedar su cuenta corriente con los royalties de la versión fílmica, le da mucha fluidez y fuerza a la historia, que avanza sin retóricas y sin (aparentes) artificios. Pero lo que hace grande La aventura de los bustos de Eva (en Belacqua) es su atrevido humor, que pretende dar una palmada en el lomo de Argentina y decirle al país entero que ya está bien de tanta boludez, que se relajen un poco, que no hay nada sagrado excepto el derecho a una buena carcajada y que -salvo si somos monjes o eremitas- sólo del humor podemos sacar la fuerza suficiente para encararnos con nuestro pasado y nuestro futuro.

Buenos Aires, años 70. Agitación previa al terrible golpe de estado de 1976. Guerrilleros montoneros, sicarios de la triple A, milicos soliviantados y sindicalistas corruptos y mafiosos. Violencia y tensión al doblar cada esquina. La antesala de la debacle, el escenario de un drama. Pero a Gamerro le apetece montar una farsa sobre ese decorado (¡oh, cómo se atreve!). Ésta es la primera parte de una serie de novelas que continuará con una que, al parecer, se titulará Un yuppie en la columna del Che Guevara.

Ernesto Marroné es un prometedor y joven ejecutivo de la empresa constructora Tamerlán e Hijos, cuyo presidente, el señor Tamerlán, ha sido secuestrado por los montoneros. Para su liberación, los guerrilleros peronistas exigen que se coloquen 92 bustos de Evita Perón en cada uno de los 92 pisos del edificio de la sede de la empresa. Marroné, como jefe de compras, es el encargado de adquirir las piezas de escayola y de trasladarlas hasta la sede. El ambicioso ejecutivo ve entonces una oportunidad genial para medrar. Si triunfa en su misión, el señor Tamerlán no tendrá más remedio que ofrecerle la dirección de marketing, o tal vez, transido de gratitud, la misma vicepresidencia de la compañía.

Ése es el punto de partida de un delirante descenso a los infiernos de Dante en clave de farsa. Todo se le tuerce a Ernesto Marroné, que se maneja como puede entre revolucionarios, obreros en huelga, pistoleros fascistas y peronistas de todo pelaje en pie de guerra. Para sobrevivir y triunfar, Marroné emplea las enseñanzas que conoce de los libros de autoayuda y de consejos para triunfar en la empresa, como Don Quijote, el ejecutivo andante y otros por el estilo. No desvelaré nada de las aventuras que componen esta aventura de los bustos de Eva, pero algunas son realmente tronchantes y salvajes, y apuntan al centro de gravedad de la sensibilidad nacional argentina. Gamerro no se ha puesto frenos: da donde más duele. Supongo que si eres argentino y has sido educado en el credo peronista, la cosa será mucho más hilarante y tremenda, pero basta saber un poquito de historia para darse cuenta del calado de las burradas que se le ocurren a Gamerro. En otro tiempo, la integridad física del autor de algo así correría serio peligro.

El hecho de que Gamerro se atreva con desparpajo a meterse de lleno en ese cenagal indica que las heridas van cicatrizando en Argentina, aunque todavía queda mucho por hacer. Aquí, donde nos hemos hartado de memoria histórica, todavía no se permiten bromas de ese calibre (he de reconocerlo: yo, que me metí en estos asuntos de la recuperación de la memoria hace unos añitos, he acabado hasta las pelotas de las historias de la guerra, cuya superabundancia no ha ayudado en nada a avanzar en ese proceso. Seguimos como estábamos antes de que el Gobierno se metiera en el fregado, y ahora, encima, estamos empachados. Pero eso es tema para otro post). Hay poco humor sobre nuestra tragedia, y eso indica que todavía duele. Nadie se ríe del enfermo cuando está enfermo, sólo cuando ya se empieza a curar. Entonces, vienen las risas y las chanzas negras. Significativo, ¿no?

Elegante, concreta, antirretórica, despiadada. Para pasar un buen rato leyendo.

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3 comentarios

anro -

¡¡Chacho, gracias por el detalle!! ...Este nuevo enlace me obligará a no ser tan peresoso. Puede que así aporte un poco más de mi amor por el cine a quien quiera visitarme.
Respecto a nuestro sentido del humor por el pasado, hubo un señor muy bajito (en todos los sentidos), que se encargó de quitárnoslo arreándonos con el brazo incorrupto de una santa.
Luego vinieron los demás y salvo honrosas excepciones tampoco han hecho mucho por la labor.

S. del Molino -

¿Está ya en las librerías? Antes de irme de viaje pregunté por ella y no la encontré. Tengo ganas de leerla. A ver si su ironía y su sagacidad nos dan un poquito de luz en medio de la avalancha que se resume en la última de Almudena Grandes (¡¡¡900 páginas!!!! Eso sí que es un empacho guerracivilista).

Javivi -

Muy interesante este último párrafo. Ambas ideas son verdad(es a medias). Aunque yo vengo riendome de lo mio desde el principio, y de la guerra y, por tanto, de mi trabajo, desde hace más todavía. Por cierto: promete, en ese sentido, la reedición de "La malamemoria" de Isaac Rosa, con el título "¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!" y comentarios críticos del propio autor. Veremos...
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