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El Blog de Sergio del Molino

ES UN ESCÁNDALO

ES UN ESCÁNDALO

No soy nada videojueguero, la verdad, por lo que me siento un poco fuera de la cultura de mi tiempo. El frenesí tecnológico del siglo XXI nos hace prematuramente viejos a los que no podemos seguir el ritmo. Sin embargo, aprovechando que tengo la Play Station desde hace unos meses, me he enganchado (en la medida en la que me es posible engancharme a algo, pues apenas encuentro tiempo ni para escribir este choricillo) a un juego muy violento y mafiosil, que haría las delicias de Scorsese si tuviera edad para jugar a estas cosas: Grand Theft Auto. Con él he comprobado que la única manifestación cultural capaz de provocar y escandalizar a una sociedad ahíta de cínicos es la de los videojuegos.

En serio, lo he probado en mis carnes. Conté en una cena en qué consistía el juego, y más de uno me miró como a un degenerado. Quizá lo soy, no digo yo que no, pero en fin. A ver qué opináis por aquí. Grand Theft Auto (GTA) tiene varias partes, cada una ambientada en una ciudad y en una época diferentes. La mía es San Andreas, trasunto de Los Ángeles, ciudad donde empieza la acción. El juego comienza cuando CJ, tu personaje (es decir, ése en el que te transformas o manejas, no me hagáis meterme con rollos semióticos, que he tenido un día de perros), llega a San Andreas para asistir al funeral de su madre. CJ es un pandillero negro que lleva unos años viviendo en Liberty City para alejarse del mundo de las bandas. Sus antiguos correligionarios le consideran un traidor y, para reintegrarse en su banda, la de Grove Street, debe ganarse el respeto de todos. Así, empezando desde la base del grupo delincuente, tu objetivo es llegar a dirigir toda la organización mafiosa. Y, para ello, la piedad y la bonhomía no sirven. Hay que disparar mucho y pisarle a fondo cuando viene la poli. El juego consiste en ir completando "misiones": atracos, tiroteos con otras bandas rivales, persecuciones, asesinatos, asaltos a comisarías de policía...

Al margen de que la ciudad, sus calles, sus tiendas y sus bares están reproducidas con precisión alucinante, la historia es como una peli de Cronenberg, pero bien hecha (dios, frikis de Cronenberg, perdonadme por lo que he escrito). Se explotan todos los tópicos del hampa como los explotaría un buen novelista, ya que la historia es obra de un equipo de guionistas que se toman su trabajo muy en serio. Guionistas y programadores informáticos trabajan juntos como los guionistas y los dibujantes de cómic. GTA es violento, salvaje, ruin, abyecto. Pero no lo es más que cualquier peli de Peckinpah o que cualquier novela de Raymond Chandler. La única diferencia -llamémosla moral- es que, en el juego, los personajes violentos, salvajes, ruines y abyectos los manejas tú, por lo que algún despistado puede atribuir todos esos adjetivos a tu persona. Eso es lo que hicieron los comensales de esa cena que me miraron horrorizados cuando desglosé el juego. Estoy cenando con el asesino del rol, debieron pensar. O con alguien peor, debería haber dicho yo.

¿Por qué ese rechazo? ¿No hemos jugado todos de niños? Y de no tan niños: ¿qué es el sexo si no un puro juego con roles y, si se quiere, juguetes? ¿No estamos todos de acuerdo en que la mente agradece mucho el juego, que estamos equipados para sentir placer con ello? Hasta hay toda una teoría que define a nuestra especie como "homo ludens". Vamos, que podemos sentir placer jugando a matar, pero que no lo sentiremos matando. Sólo un perturbado lo haría. Sólo una mente enferma es incapaz de discernir las fronteras entre el juego y la vida. ¿No es esto psicología basiquísima? Entonces, ¿por qué todos se llevan las manos a la cabeza con los videojuegos? ¿Por qué ese afán censor sobre ellos?

Hoy por hoy, los videojuegos son una industria cultural (en el sentido que Theodor Adorno dio a este término) más potente que el cine. En presupuestos y en ventas. Sin embargo, apenas salen en los medios de comunicación. Cuando se habla en ellos fuera de las minisecciones especializadas es porque la ministra cual o la Asociación de Padres Mojigatos Tal pide que se retire del mercado un título o han colocado una alambrada en el centro comercial para que los niños no accedan a los títulos que sean. Son el último reducto del escándalo. La última frontera de la censura.

Pues yo ya me he hecho con el respeto de mi banda, y ahora la policía se anda con ojo, pues soy un pez gordo. Soy un sujeto peligroso en busca y captura que tiene sobornados a todos los agentes corruptos. Me he cargado a un montón de tipos. Lo único malo es que todavía no sé ponerle la cara de la vecina de enfrente a mis víctimas. Cuando lo logre, la matanza será mucho más sangrienta.

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3 comentarios

El futurible ingeniero -

Sabía que no te ibas a resisitir a hacer un artículo a ese peado de videojuego.

Anakrix -

Mi novio se compró hace meses el Grand Theft Auto y tengo que reconocer que la primera vez que le vi jugar me horroricé un poco. Eso de patear a la gente hasta la muerte y ver cómo chorrean sangre me pareció pelín salvaje. Pero una vez superado el susto inicial, hasta me he lanzado a probar el jueguecito y la verdad es que resulta muy entretenido y muy relajante atropellar a los peatones o atracar a las ancianitas. El juego es bruto, muy bruto, pero sólo es un juego.Y cómo tú dices, Sergio, hay que estar rematadamente loco para no saber distinguir entre la realidad y lo que pasa en la pantalla. A mí, esto de desfogarse con la Playstation me parece de lo más sanote. Y si no, mirad Japón. En un país donde el porno está asimilado como algo normal -y mira que pueden ser salvajes las pelis manga porno- tienen uno de los índices de violaciones más bajos del planeta. Así que ya sabéis, dejáos los malos instintos con las consolas, que ayudan y mucho a hacer ciudadanos de bien

anro -

Je,je, je!!!...soy un rato bien largo más pureta que tú y confieso que tienen cantidad de coña esos cacharros que los niñatos y niñatas de los colegios de párvulos ya manejan cantidad....¿Por qué hay tanta gente que le tiene un terror cerval a los videojuegos y a los que los manejan?....Porque siguen ciegos las consignas que les marcan determinados sociólogos a los que se les escapa la sociedad. El terror y el rechazo que nos debe acojonar es el que proviene de esas mentes frias que intentan controlarnos y darnos pautas descerebradas para que ellos puedan menear los hilos a su antojo.
El videojuego es juego y punto. ¿En qué se diferencia de las batallas campales que yo organizaba en mi barrio cuando era un crio?...Sigue jugando que vas a disfrutar un mogollón.
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