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El Blog de Sergio del Molino

MIS QUERIDOS QUITAPENAS

MIS QUERIDOS QUITAPENAS

"Nada de alcohol hasta que no se aclare el misterio", me dice la doctora mientras la miro legañoso a la terrible hora (para un noctámbulo como yo) de las ocho de la mañana. En la mano, la impoluta profesional sostiene un papelajo con numeritos que no entiendo, pero en los que, al parecer, hay un misterio, algo que no cuadra, que no debería estar ahí. Los detectives de bata blanca se van a poner manos a la obra para averiguarlo, pero, hasta entonces, ni una gota de alcohol.

Aunque tengo un amigo al que le hace ilusión decir que somos unos alcohólicos, la verdad es que puedo pasar sin el bebercio. En casa no hay cervezas ni vino y no las echo de menos. Puedo pasarme semanas enteras sin echarme al coleto una caña y acompañando las comidas con prístina agua Bezoya (que rima ingeniosamente con algo que no recuerdo). Claro que bebo vino en las cenas con los amigos. Y claro que bebo uno, dos o los cubatas que hagan falta cuando salimos por ahí, pero nunca con la sed del ansioso. Si soy un alcohólico lo soy social: bebo por el placer del brindis y de la patética exaltación de la amistad.

Total, que es un lujo del que muchas veces prescindo, pero basta con que te lo prohiban para que se convierta en tu obsesión. Desde que he oído la admonición de la doctora, sólo veo ricas jarras de cerveza coronadas por apetitosa espuma y con unas gotitas resbalando amorosamente por la cara exterior del vaso. Sólo pienso en el cognac que trae muchas veces Michel de una bodega del mismo Cognac que tiene como cliente. Sólo pienso en el mimo con el que Mateo prepara los gin-tonics en copa grande. Dios, ¡mi reino por una caña! Sé que no es adicción, nunca he tenido síndrome de abstinencia: es la tentación de lo prohibido. ¿Qué hay que hacer para que un niño lea un libro? Prohibírselo. Las puertas cerradas y los cajones con candado son lo que más nos atraen. Yo soy un niño al que le han dicho que no puede entrar en el desván. Mi parte infantil se esforzaría por aprovechar cualquier descuido para colarse en el lugar, pero mi parte adulta -qué putada descubrir que se tiene de eso- me mantiene lejos de la tentación.

También me viene a la cabeza una canción de Los Enemigos que dice:

Adiós, botellas
de vino, adiós, adiós.
Besad mis huellas
en vuestros vasos amigos
Ayayayayay, adiós.
Adiós, distraidas
mujeres...¡lerelelé!
Prendí mis días
en vuestros mil alfileres.
Ayayayaya, adiós,
tengo que hacer los deberes.
Adiós, verbenas
de fuego en mis venas.
Adiós, muy buenas,
adiós, castillos de arena.
Ayayayayay, adiós,
mis queridos quitapenas.
Adiós, venteros;
adiós, mármol grasiento.
Salud, caballeros:
yo les cedo mi asiento.

También me he acordado del primer capítulo de Futurama, cuando Fry conoce a Bender en la barra de un bar y le pregunta: "¿Para qué necesita beber un robot?". Y Bender le responde: "No lo necesito, puedo dejarlo cuando quiera". Una de las méjores réplicas de la historia de la tele.

Luego, desayunando un pincho para digerir la nueva situación, me he dicho que soy un exagerado. Que peor lo pasó mi abuelo en la batalla de Teruel con un tiro en la pierna, muerto de frío y sin comida. Que para sí quisieran estos problemas de niño rico los miles de millones de personas que están sufriendo calamidades ahora mismo en todo el mundo. Y me he abofeteado mi cara de occidental ombliguista y decadente. Total, esta restricción será cosa de uno o dos meses, hasta que desvelen el misterio médico. Qué tontería, qué imbécil soy y todas esas cosas. 

Pero no hay caso: la imagen de la jarrita de cerveza ha vuelto a mi cabeza, y sospecho que no se va a ir hasta que se vuelva a levantar la veda. Pero también sé que, para cuando pueda volver a acodarme en una barra, quizá no me apetezca ya beber. ¿No es ésa la condición humana? ¿De qué pasta caprichosa, incosistente e insatisfecha estamos fabricados?

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6 comentarios

aU -

¿Pero qué coño pasa?
Antes nunca te prohibían el alcohol antes de los 60. Eso te pasa por analizarte.

Cide -

En fin, me temo que yo también brindo con tónica sin ginebra. También a mí me han prohibido el alcohol y hasta después de Semana Santa no tocan nuevos análisis. En fin, habrá que tomarlo como otro modo de vivir la cuaresma. ¡Salud!

Javivi -

Ánimo! Se lo que es eso: una putada. Pero hazle caso a Anonimo. Por favor, NO bebas cerveza "sin". Yo la bebí durante un mes. Y aún ronda por mis peores pesadillas.
Suerte.

anro -

!!!la pucha, tío¡¡¡¡...¿qué coño hiciste, mi niño?...Lo tuyo es muy grave. Sin una tropical, sin un ronsito arehucas, sin un chupito de coñac durante la eternidad de dos meses sería la peor de las calamidades. A mí también me dijeron que no podía oler la bebida. Mi ventaja es que como no tengo olfato no la huelo, pero me la bebo y tan pancho...Pues nada, tío "take it easy" y ya vendrán los buenos tiempos otra vez...Un abrazote.

Anónimo -

Hoy no hay misterio que dure dos meses, salvo los consagrados acerca de quién mató a kenedy o los que se inventan en el parlamento, que son tan oscuros y profundos que rendirían al mismísimo oráculo. Para nosotros y nuestros misterios cotidianos ya digo, no duran dos meses. Paciencia, ánimo y, por favor, no caigas en la tentación de la cerveza sin alcohol. Tu paladar te lo agradecerá.
¡salud!

Rondabandarra Bender -

¡¡¡¿Dos meses sin beber?!!! No es por joder, pero...¡¡¡vaya putada!!!
Miento, sí es por joder, jeje...
Esta noche, me tomaré una Quilmes cenando a tu salud (que por cierto, deseo que no sea nada de cuidado).
Un abrazo
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