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El Blog de Sergio del Molino

EUROPA, EUROPA

EUROPA, EUROPA

Parece que lo que hoy llamamos Unión Europea cumple 50 años. ¿Hay que celebrarlo? En lo que a Europa concierne, hay cosas que me gustan y cosas que me disgustan.

Me gusta entrar y salir de los países sin ni siquiera tener que dar los buenos días al aduanero.

No me gusta que haya millones de personas que tengan que dar algo más que los buenos días al aduanero para entrar en cualquiera de los países en los que yo podría vivir sin dar explicaciones a nadie.

Me gusta saber que puedo vivir en Nápoles, en París, en Lisboa, en Edimburgo, en Amsterdam, en Helsinki, en La Valetta, en Atenas, en Nicosia-Sur o en Viena sin enfrentarme a visados ni registros de orificios corporales.

No me gusta que A., nacida en la bella Transilvania, haya tenido que chuparse ocho horas en autobús y otras ocho de vuelta desde Bucarest a su ciudad para arreglar unos imprescindibles papeles que le permitirán seguir estudiando en la Universidad de Zaragoza. No me gusta que haya europeos de primera y de segunda.

Me gusta que haya una ciudad que centralice un poco todo y haga las veces de capital: Bruselas.

No me gusta que haya un porrón de burócratas y tecnócratas que no elige nadie. No me gusta que el Europarlamento no sirva para nada.

Me gusta no tener que cambiar de moneda cuando voy a Francia. Me gusta tener en mi bolsillo euros de Irlanda, de Alemania, de Francia y de Italia, todos juntos, mezclados.

No me gusta que, por compartir moneda, nos suban la hipoteca caprichosamente.

Me gusta que se consolide un sistema de protección social europeo.

No me gusta que ese sistema haya creado una cultura de la subvención que obvia los debates y problemas reales.

Me gusta ver mi ciudad llena de erasmus buscando orgasmus.

No me gustan los pesados que citan a Jean Monnet y tienen cátedras con su nombre (con excepciones).

Me gusta que no se desvanezca el sueño de unos Estados Unidos de Europa.

No me gusta que el sueño de unos Estados Unidos de Europa sirva de coartada para perpetuar un colonialismo infame sobre otros continentes.

Me gusta que no haya habido más guerras en este trocito de planeta desde 1945.

No me gusta la bandera, que parece el logotipo de una marca de electrodomésticos; ni el himno, por obvio. Tampoco me gusta Eurovisión.

Y más cosas, pero ahora no se me ocurren.

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9 comentarios

Mapis -

Me da mucha envidia (sana, creo) ver tanto europeísta semi-convencido. Yo, por mi parte, me quedo en mi rincón no-me-gusta-que-la-gente-que-hace-las-cosas-por-dinero-me-venda-la-moto-de-una-europa-unida. Vamos, que si no hubiera sido por las ventajas económicas del mercado europeo, hubieran usado la bandera para borrar el cerito sexuarl a más de uno.

El futurible ingeniero -

En cuanto a lo de los inconos... es irremediable. Sólo con cosas simples podrás llegar a contentar a todos el mundo (más bien a no ofender). La bandera es sosa, el himno es muy tópico. El nombre de la moneda es simplísimo, y en los billetes no sale nada que pueda incomadar a nadie (bueno, salvo a los habitantes de la isla del Hierro, que no sale, al menos en las primeras ediciones de los billetes, no sé ahora...)

Javivi -

Como diría Rosa, Europa está viviendo una celebración (sic). La unanimidad en España es sencilla: Europa fue durante muchos años una de las pocas partes desde donde soplaban brisillas de esperanza frente al claustrofóbico Estado de la Victoria. Pero no nos engañemos: lo que cohesiona a la UE y la hace tan apetecible no es lo político (un fiasco),ni lo identitario (por suerte), ni lo cultural (por desgracia). Es una cosa que se llama welfare state, el estado de bienestar ahora ya pregonado desde todos los ángulos del cada vez más estrecho espectro político. Y ¡bendito sea! Benditas sean la seguridad social, la educación pública, las guarderías y las pensiones. Bendito sea San Keynes.

El Fary -

Para mí, nacido en Madrid durante la guerra civil, la Unión Europea es lo que siempre he deseado: paz, libertad y democracia. Que ya no habrá más guerras entre países hermanos y que viviremos todos siempre protegidos por la ley. ¿Que la bandera podía ser más bonita? Pues sí ¡yo también!

S. del Molino -

Básicamente de acuerdo contigo, Mario. Siento cercana a Europa (si tengo que elegir ser algo más de lo que aleatoriamente pone en mi pasaporte, elijo ser europeo), pero lejana a la UE.
Y la UE es necesaria. Quizá es lo mejor que se puede decir de ella. Pero si se mete en debates identitarios sobre si Turquía forma parte o no de la "cultura europea", perderá su necesidad y se convertirá en un grave problema.

Mario -

Me gustan todas esas cosas, sí. Los ingleses no tienen la comida, pero tienen las cervezas, por ejemplo; aprecio más que eso la tradición literaria, artística, musical y pensadora de Europa. Ahí sí que me siento europeo. Pero me parece que son matices o contraprestaciones mínimas que, sí, yo también celebro, pero que ya estaban ahí antes de esta Unión; estaban ahí incluso en la guerra, en las guerras, con el Muro y sin él. Esos pequeños triunfos cotidianos que nombráis no me rescatan de una impresión general algo menos favorable. No creo que la Unión Europea constituya el reflejo institucionalizado de la verdadera, vieja y querida Europa. La tengo por una mera construcción económica, apenas política y para nada identitaria. Siento cercana a Europa y lejana a la Unión Europea, si se puedo decir así. A ésta última la considero necesaria y creo que hay que trabajar para construirla de verdad, pero con rigor y al nivel de los ciudadanos, de sus grandes y pequeñas necesidades. La moneda única la veo un acierto con muchísimos errores. O tal vez el error esté en la forma en que los españoles hemos utilizado esa excusa para chuparnos la sangre unos a otros. Seis euros ya no son mil pesetas; eso lo sabe cualquiera. Parecerá un detalle sin importancia en un proyecto de proporciones gigantescas y trascendentales, pero es el detalle que ordena cada pequeño día de cada pequeño europeo en cada pequeña ciudad. O al menos, en las españolas. Respecto a Turquía, yo también tengo mis dudas, pero son demasiado torpes y tal vez carezcan de importancia. Al respecto, creo que Europa debe cuidar su tolerancia sin descuidar la estupidez; sin prejuicios autoimputados; defendiendo un modelo de democracia y valores individuales que están por encima de las religiones. Las contradicciones y necesidades que le plantea la creciente inmigración tal vez constituyan su gran reto del futuro. La bandera es un horror: le falta un euro en el medio de tantas estrellas...

Cide -

A mí me gusta no sentirme extranjero cuando aterrizo en Varsovia.

También me gusta lo de las erasmus.

Me gusta que se planteen lo de Turquía habida cuenta del concepto que aún tienen de los derechos humanos, los derechos de la mujer, etc. en gran parte de ese país. Existe una cultura europea que une a Dickens con Galdós, a Cervantes con Dostoievsky, etc. y creo que esa cultura no termina de incluir a Turquía.

No me gusta el colonialismo.

No me gusta acabar imitando a los USA a la vez que presumimos de ser otra cosa.

La bandera, fea. El himno se puede tolerar. Difícilmente encontraremos otra canción que sirva de himno, y hacerla a medida como el himno de Aragón no sirve de nada.

anro -

He leido detenidamente la relación de los que os gusta y no os gusta, tanto a tí como a Anakrix, de la cumpleañera UE. Estoy punto por punto de acuerdo con todo lo que decís. Pero se necesita mucha,muchísima fuerza joven para que los noes que apuntais no se agiganten peligrosamente. No aguanto, sin cabrearme, todo lo que estoy viendo en nuestras propias ciudades y pueblos. Pero tengo una esperanza muy firme en la claridad del pensamiento europeo, capaz de haber levantado una Europa desde la oscuridad. Perdonadme la grandilocuencia, pero creo que nos espera una gran labor por delante para que el sueño de una Europa mejor sea una realidad en los próximos cincuenta años.

Anakrix -

Me gusta que la UE tenga un fondo común, y que el dinero de los más ricos ayude a que se desarrollen los socios más pobres.

No me gusta que la UE tenga miedo a la entrada de Turquía, sólo porque es un país musulmán.

Me gusta que la UE plante cara -aunque cada vez menos- a algunas de las barbaridades de EE UU en política exterior.

No me gusta que la política exterior de la UE se parezca cada vez más a la de EE UU.

Me gustan los croissants franceses, las pizzas napolitanas, los dulces de navidad alemanes... y me gusta sentir que con la UE los tengo un poco más cerca.

No me gusta la carne en salsa británica, pero de eso no tiene la culpa la UE...

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