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El Blog de Sergio del Molino

ORDEN EN LA SALA

ORDEN EN LA SALA

Ordenar discos y libros da siempre mucha pereza. Las nuevas compras, los regalos, el cargamento de novedades editoriales que periódicamente me pasa Antón Castro para reseñar en el Artes y Letras o porque cree que me pueden ser útiles, los caprichos... Ser ordenado no es un atributo que me adorne, y los libros y los discos se van amontonando en casa y en la redacción, formando pilas que se suman a otras: la pila de lecturas pendientes, la pila de libros que me sirven para el artículo que estoy escribiendo sobre qué me sé yo, la pila del no me caben en la mesa y los dejo en el suelo... Así, la casa se va llenando de montones de libros y de discos (esto, cada vez menos: el iPod es el culpable) en los que me manejo con soltura, pues el hacedor del desorden siempre se mueve bien en su caos. Pero todo tiene un límite, y en mi caso el límite suele venir cuando no encuentro el libro o el disco que me he empeñado en encontrar. Entonces, me arremango y me pongo a ordenar. Eso sucede una vez al año como mucho, y en 2007 ha sucedido hoy, Jueves Santo para los católicos; merecido día de laico asueto para mí.

He atacado a los discos (los CD, que los vinilos tienen su caja aparte) y, mientras me llenaba las manos de polvo, he redescubierto el placer friki de husmear y reencontrarme con mi discoteca. Lado malo: también he descubierto que ya no me quedan estantes. Me iría corriendo a comprar otro mueble para esos CD huérfanos que me miran con pena desde la mesa, pero ya he dicho que es Jueves Santo y esta ciudad está paralizada.

Sin sucumbir a una nostalgia estúpida, compruebo que los CD (que ordeno alfabéticamente por el nombre del intérprete) cuentan mi vida, pero la cuentan siguiendo un relato que sólo yo puedo entender. Una biblioteca o una discoteca dicen mucho de una persona, pero no cuentan su vida a los extraños: sólo ella tiene las claves para descodificar esa sucesión de títulos y traducirla a emociones, recuerdos, personas, aromas, ciudades, amores... La memoria se activa casi proustianamente, en torrente.

Hay dicografías completas de grupos que no escucho desde hace diez años. Hay catas punk, hay obsesiones californianas y obsesiones londinenses. Hay infumables obras maestras del experimentalismo que soy incapaz de oír, pero que me tragué con deleite de aprendiz. Hay discos que simplemente no sé cómo han llegado hasta mí, y otros que recuerdo demasiado bien, como ése que me regaló una novia que estaba a punto de dejar de serlo cuando me hizo el regalo, que le valió una angustiosa prórroga (no sé decir que no a los regalos). Hay discos que me prestaron y que nunca devolví, y discos fantasma que presté a alguien que nunca me los devolvió. Hay discos de los que directamente me avergüenzo, y que escucho siempre a solas, como si fuera un vicio inconfesable. Hay discos a los que pondría un altar y que regalaría a todo el mundo para que todo el mundo fuera tan feliz como lo soy yo al escucharlos. Hay algún disco firmado, con dedicatoria insustancial y apresurada. Hay discos rotos. Hay discos que hablan de amigos que se perdieron sin dejar estela, pero que parecen conservar su huella digital impresa en la carátula. Hay discos que hablan de chicas con las que nunca me acosté y de chicas con las que me acosté demasiadas veces. Hay discos que ponen banda sonora a una mudanza, a un adiós, a una metedura de pata dolorosa, a un verano con la ventanilla bajada y la cara reseca por el aire lleno de sal marina, a un invierno solitario en una ciudad fea con un trabajo que no gusta y a una noche inolvidable que apenas recuerdo y en la que me imagino que sonaron canciones que nunca sonaron. Y, sobre todo, en un lugar especial, hay discos que me descubrieron los amigos. Fernando Trueba dijo una vez que un amigo es alguien que te descubre una canción, un libro, una ciudad, y te las regala. Esos amigos se quedan siempre, por más años o kilómetros que haya de por medio: mientras se comparta una canción, un libro o una ciudad, el nexo no se rompe. La palanca que pone en marcha la complicidad sigue activa.

Los discos me recuerdan que he sido muchas personas distintas, y que quizá ahora soy la suma de todas. O la negación de todas. No podría deshacerme de ellos. El iPod es estupendo. El ordenador, también. Pero cuando buceo en los archivos de mp3 no siento nada. No hay carátulas arrugadas ni cajas que han servido de posavasos durante una borrachera épica o una Nochevieja tórrida. No hay sentimentalismos anteriores a la era digital. Sólo hay música. Y no está mal: los fetichistas coleccionistas como yo somos aborrecibles. Viles materialistas que reducen la vida a objetos y no disfrutan de la espiritualidad del bit.

En fin, voy a empezar a desordenar los CD, para poder ordenarlos otra vez el año que viene y disfrutar de otro día como el de hoy. Ahora, me voy a hacer la maleta, que mañana toca viaje. Es decir, mañana toca el futuro, que ya está bien de pasados.

Foto: Una de las rarezas más estrambóticas, misteriosas y horteras que he descubierto hoy. ¿Qué crisis maníaco-depresiva estaba atravesando yo cuando me dio por comprar este CD de Badana, unos heavies de Alicante? Quiero pensar que me lo regalaron cuando hacía radio, pero no recuerdo haber entrevistado ni tenido tratos con este grupo. Dios, qué fea es la portada. Y las canciones, no quiero ni comprobarlas.

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7 comentarios

nickenino -

No estoy de acuerdo con vuestra crítica demagoga a Badana. Puede que Las portadas no fueran muy profesionales, pero el espiritu, la actitud y la pasión eran innegables. Creo que han sido una de las mejores bandas de rock duro (o jevis) que haya habiso en España.
Aupa Badana.

Badana -

Somos los Badana, jebis d'Alacant. Aquí seguimos: intentando decir adiós a las ruinas definitvamente y de una puta vez. Ser heavy en Alicante es doblemente duro. Gracias por recordarnos, aunque no sea muy bien.

aU -

Ough. Me has descubierto. Soy Punset. Guardame el secreto.

S. del Molino -

aU: Gracias por este comentario que parece un programa de "Redes", jeje. En cualquier caso, no creo en el orden, ya que sólo le dedico un día al año.

aU -

Cuidado con el orden, tiene sus peligros!
En primer lugar va contra las leyes de la termodinámica. Como todo proceso genera desorden, solo hay dos maneras de mantener el orden: a)evitar todo proceso (no hacer nada) b) invertir una buena cantidad de energía en aumentar el orden (energía que podría ser utilizada en algo más provechoso).
Además, está comprobado que el cerebro rinde más en un ambiente de desorden.
Así que si tienes el "Organízate con eficacia" no lo ordenes, ¡quémalo!

Traductora de tres al cuarto -

No conozco a Badana, pero ningún título se ajustaría tanto a mi vida en estos momentos como el que aparece en la portada de ese disco: "Adiós a las ruinas". Después de leer el post me han entrado unas ganas irresistibles de ponerme a ordenar mi caótica y ecléctica colección de CDs, para recordar, rescatar del olvido momentos dignos de recuento y, al final, refrescada la memoria y redimida la conciencia, decir adiós a las ruinas para que dejen de ser lastre y se conviertan en bagaje vital.

Me ha quedado extremadamente sincero e indignamente sensiblero pero, por una vez que comento algo, tampoco será cuestión de borrarlo, digo yo.

Que tengas un buen viaje.

Brian edward Hyde -

Sep, así es. Yo, que soy jovencito y no tengo sueldo, guardos CD detestables de mis inicios en el mundo de la música, es decir, 40Principales a bombo y platillo con los discos de muchos artistas que aparecían ahí por la cara. Encontré el respiro en los DVD, de los que no llego a avergonzarme como de los discos. Mundo aparte son los libros. Cuando empiezan a ocupar más espacio del que dispongo los regalo a amigos pensando en esa misma certeza: lo mismo queda el lazo bien anudado.
Saludos!
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