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El Blog de Sergio del Molino

MORRIÑA DE GABARDINA

MORRIÑA DE GABARDINA

¿Qué pasó con los detectives? ¿Adónde se fueron? ¿Qué empleado de Ikea desmontó sus cochambrosos despachos? ¿Qué jefe de recursos humanos despidió a sus solteras y sagaces secretarias? ¿Qué inspector de sanidad cerró el tugurio que les servía café negro a las cuatro de la madrugada? ¿Qué estilista quemó sus gabardinas astradas? ¿Qué ONG denunció sus malos modos y su nihilismo? ¿Dónde se metieron? ¿Por qué nos los han cambiado por eficientes funcionarios policiales, científicos, madrugadores e impolutos?

Leo en cómic las andanzas de Néstor Burma, el Marlowe francés, y me ha entrado morriña de su tópico. Veo a los polis (polis, esto es, gente de dentro del sistema, no en el turbio margen, como los detectives) de las series de ahora y no aguantan la comparación. Intelectuales, histéricos, obsesionados con la dieta, neuróticos, eficientes, pulcros, eruditos... Sin mugre, sin desencantos por un mundo que la guerra mandó a la mierda, sin fantasmas en el armario, sin facturas pendientes de pagar, sin amigos muertos en la cuneta, sin chica que se invente una coartada por ellos a cambio de un guiño de ojo.

Yo me quedo con Burma, el personaje de Léo Malet adaptado por Jacques Tardi para el tebeo e interpretado por Guy Marchand en la tele (en una serie que creo que nunca se ha emitido por estos lares). En España se han traducido tres de las cinco novelas que Tardi adaptó de Malet. En total, Malet escribió 30 novelas con Nestor Burma como prota, y la primera fue esta, 120, rue de la Gare, publicada en 1943, cuando los aliados aún no habían desembarcado en Normandía. Concebida como una copia del personaje de Raymond Chandler, muy pronto tomó rasgos propios. Burma habla francés, y no sólo me refiero al idioma: Burma fue derrotado y hecho prisionero por los nazis al comienzo de la guerra, sobrevivió en la Francia de Pétain y vio crecer un nuevo país liberado en torno a él, que presumía de haber derrotado al nazismo, guardando de mala gana el secreto que todos sabían: que esa gloriosa Francia no había hecho nada para vencer a la bestia. Era una Francia que se dormía sobre unos laureles que no merecía.

Es el pecado original de un país que luego ha tenido que cargar con otros de aspecto argelino. Es el pecado original que asoma en el personaje de Burma, genialmente dibujado por Tardi, que se esforzó mucho en que sus rasgos no se parecieran a los de Bogart. Pero más atractivo incluso que Burma es el escenario por el que se mueve. Cada novela de Malet se desarrolla en un barrio distinto de París, y Tardi se documenta hasta la obsesión para reproducir verazmente el aspecto que tenía tal esquina o tal tienda en el mes y el año que marca la acción (años 40, 50 y 60). Y lo hace con cuidado, sin dejar nunca que un exceso de detallismo barra la historia o sus protagonistas. Si repasas cada viñeta, encuentras marcas de licores, formas de vasos, manteles, ropas, vidrieras y moquetas dibujadas con precisión arqueológica, pero hay que fijarse en ellas para percibir su presencia, porque su maestría consiste en construir con ello una atmósfera que envuelve sin ahogar.

Hay mucho de recreación del tópico en la lectura de Tardi, que siempre tiene que decir algo suyo cuando dibuja historias ajenas. Hay mucho cine y mucha novelita devorada. No podría haberlo hecho de otra forma: hoy sólo podemos mirar a los tipos como Burma como los tópicos que son. Nadie cuerdo querría imitarles, nadie les convertiría en patrón de nada. Sólo son papel, tinta y humo. Y está bien que así sea. Está bien que salgan del terreno del arquetipo social y pasen al del folclore, pero, ¿de verdad era necesario sustituirlos por esos aburridos funcionarios policiales que siguen dietas ricas en fibra? ¿No podemos disfrutar de ellos un poco más?

En fin, ya que la tele y el cine me los niegan, seguiré con la literatura y el cómic, de donde todavía no les han echado del todo.

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4 comentarios

Brian Edward Hyde -

Un placer llegar de nuevo hasta aquí. Vaya, parece ser que yo me he perdido mucho en novela, pero sobre todo en cómic. Gracias a lo que sea, actualmente también podemos disfrutar del resurgimiento de la novela gráfica, que nos ofrece nuevas oportunidades visuales (y narrativas). Bueno, yo lo poco que he mamado es algo de Frank Miller, los libros ilustrados de Tim Burton y, cómo no, los clásicos españoles, jaja: Ibáñez, Vázquez…
No desesperes, conozco por ahí a más de un cuentacuentos que sigue con la tradición detectivesca y policíaca.
Hasta otra!

anro -

Puestos a buscar parecidos Burma es clavadito a nuestro candidato socialista y antiguo ministro, Sanchez Aguilar. Me cae tan bien como el personaje.

S. del Molino -

jeje. En la portada de este álbum se le da un aire. En las viñetas, creo que el parecido se diluye un poco.

Espectador -

Será una fijación, pero para mí que Burma a quien más se parece es a Ibarretxe (con flequillo).
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