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El Blog de Sergio del Molino

DEADWOOD

DEADWOOD

Seth Bullock, canadiense, irascible y abstemio, ha llegado a Deadwood, y a Al Swearengen no le gusta. "This is not good for my business", murmura con ese maldito acento inglés que tanto odian los irlandeses que frecuentan su saloon. La llegada de Bullock al pueblo no es buena para su negocio, pero sí lo es para los adictos a las buenas series. He tardado demasiado en descubrir Deadwood, pero ya estoy metido hasta el cuello en su barro, su mugre y sus partidas de póquer. Esta tarde he sucumbido y me he llevado la primera temporada a casa, que disfruto a oscuras, a falta de whisky, con unas botellitas de cerveza Kwak (¡se ha levantado la veda etílica!).

Esta serie de HBO creada por David Milch (que se fogueó como guionista en Canción triste de Hill Street, serie que no me explico que todavía no esté en DVD) se basa en una historia real: la construcción del pueblo de Deadwood en 1876 en territorio indio, y de cómo acabó formando parte de Dakota del Sur. Empezó siendo un lugar sin ley, al margen de los Estados Unidos, ya que se situaba fuera de los límites del tratado que el general Custer había firmado con los indios. Durante unos años, Deadwood no tuvo alcalde, ni sheriff, ni juez. Lo único que tenía era la promesa de conseguir mucho oro en su río y la garantía de ser un refugio para los fugitivos. Éste es el escenario histórico sobre el que David Milch construye su ficción, con personajes igualmente históricos como protagonistas.

Más allá de lo que se dio en llamar western crepuscular, Deadwood es lo que necesitábamos los amantes de la frontera y de la mugre. Qué grande que a alguien se le haya ocurrido volver su vista al western, pero no al de John Ford. Deadwood es Peckinpah desnudado de épica y de romanticismos. Es Peckinpah sin lealtades. Un Peckinpah adaptado a la sensibilidad del siglo XXI. Por eso aparece tan potente y seductor.

Qué gusto da que alguien vuelva su mirada hacia la frontera, hacia esa frontera que pone todo al límite, que subyuga y condiciona cada detalle de la existencia de los personajes. Qué gusto da que alguien hurgue en la historia y encuentre el nombre de Seth Bullock, un buscavidas canadiense que curiosamente se cuenta entre los fundadores del parque de Yellowstone y que, en 1876, se convirtió en el primer sheriff de Deadwood. Al igual que Paul Newman en El juez de la horca, él tendrá que aplicar la ley "al Oeste del río Pecos".

En fin, ya tengo una nueva serie de la que soy fan. La caja tonta sigue asombrando.

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2 comentarios

Brian Edward Hyde -

ADORO esta serie. Parece que la caja tonta no es tan tonta :)

anro -

El western que han hecho Eastwood y Peckinpah ya no puede volver a las pantallas de cine.
Deadwood es una serie muy buena, que junto con algunas otras, actualmente en emision, nos traen aires de renovación a la mal llamada "caja tonta".
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