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El Blog de Sergio del Molino

ENTRE COPAZOS

ENTRE COPAZOS

Cuando la vi en su estreno no me emocionó mucho, pero en esta noche de cierre patronal de cines (¿a que no hay güevos para cerrar un sábado?) he recuperado Entre copas en DVD y he sacado dos conclusiones:

a) Me equivoqué al situarla geográficamente. Creía que la acción transcurría en Napa Valley, por donde Falcon Crest, y resulta que retrata el valle de Santa Inez y los alrededores de San Luis Obispo, al norte de Los Ángeles. Esto no le importa a nadie, claro, pero a mí me viene de perlas ubicar correctamente esos paisajes para incluirlos en mi ruta.

b) Fui injusto al valorarla, y estoy convencido de que fue por el horrísono doblaje -que empeora por momentos en este país-, que se alzó como un muro entre los personajes y yo. 

Pero nunca es tarde, y tampoco es que hayan pasado 20 años desde su estreno. Entre copas es una película pequeña que habla de muchas cosas. Constreñida temporalmente a una semana y con un protagonista en fase de crisálida, a punto de desarrollar sus alitas de mariposa (una situación de partida no por recurrente menos eficaz), quizá el único reproche que le puedo hacer es que subraya demasiado algunas cuestiones obvias. Sabemos que el prota está desesperado y perdido, en lo que los americanos llaman "the middle-age crisis". No hace falta ponerle exclamaciones a su actuación.

Pero lo que verdaderamente me gusta de Entre copas es su ropaje, lo accesorio. Me gusta que sea una peli sobre vinos, y que el vino termine siendo un personaje y no un decorado. Me gustan las pelis que hablan de conocimientos y mundos cerrados y complejos y que lo hacen con naturalidad, sin afán didáctico, como si fuera el líquido amniótico en el que nadan los personajes. Por Entre copas desfilan botellas y catas como por Alta fidelidad desfilan discos y canciones, para deleite de los frikis que sepan valorar los guiños eruditos y las referencias aviesas, pero sin molestar a los legos. Me gustan los homenajes a esas aficiones que dejan de serlo y se convierten en amarres a la vida, en la única puerta de entrada a la vida que mucha gente es capaz de encontrar. El amor hacia ciertas creaciones humanas puede salvarnos del desastre muchas veces.

Ah, y no me duele en prendas decirlo: me gusta Paul Giamatti, un intérprete segundón que ha prestado fugazmente su jeta a mil producciones y que parece que ha encontrado en Entre copas su alternativa como gran figura.

Pues eso, necesitaba decir que me he quitado un prejuicio de encima.

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5 comentarios

Enrique -

Coincido con el futurible ingeniero y tato del dueño de la casa: a mí me pareció un coñazo insufrible. Pero le daré otra oportunidad...

El futurible ingeniero -

Para mi un tostón. Vale son unos frikis del vino... pero es un tostón.

Anakrix -

A mí me pareció una peli muy majica. De esas que hablan de desamores, tristezas y cobardías de andar por casa, como las que nos pasan día a día a la gente corriente. Y sí, me dio mucha envida lo que sabían de vino los protagonistas. Lástima el paladar insensible que me ha dado el señor...

El Fary -

Adios, amigos. Aprovechando la oportunidad que me brinda Sergio, me despido para siempre de este público al que tanto quiero y tanto debo. Os llevaré en mi corazón por toda la eternidad. Ha sido un placer charlar con vosotros y pasar tantos ratos buenos. Estaré por ahí fuera, apatrullando la ciudad.

Mapis -

Está claro Sergio, tu y yo sólo podemos ir al cine a ver películas de Iñarritu...
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