Blogia
El Blog de Sergio del Molino

APATRULLANDO EL CIELO

APATRULLANDO EL CIELO

De nuevo, el Fary. Aquí os dejo la columna que publiqué el viernes en el suplemento MVT. Es la última columna Del revés de la temporada, porque el suplemento cierra por vacaciones. 

 

Por la tonadillera lloró todo un país. Por el artista solo se han atrevido a llorar los frikis, siempre dispuestos a formar corrillo de plañideros. ¿No cantaba Miguel Bosé aquello de que los taxistas no lloran? A la tonadillera se la vio morir en directo, con las cámaras sitiando su casa. El artista se ha muerto de refilón y pillando con el paso cambiado a los buitres tomateros.

Me dan pena los maestros de la farándula que se van sin que ningún compositor con aires de grandeza les haya rescatado para la postmodernidad. Ellos, que tan bien abastecieron los expositores de las gasolineras, que tanta alegría dieron a los abonados al madrugón y al café con leche requemado. ¿No se merecía el Fary algo más digno que haber sido cantante oficial de la “Monster’s Parade” de Santiago Segura? ¿Es que ningún rockero perdido en los márgenes de la copla quería hacer un disco de duetos con él y dar una segunda vida a ese torito?

Si Bunbury se abrazó a Raphael, Charly García a Mercedes Sosa y Sabina a Chavela Vargas, ¿qué le costaba a Manu Chao –por decir algo- haberse llevado de gira al Fary? También me lo puedo imaginar compartiendo escenario con los hermanos Auserón, dándole un aire bluesero a ese desgarrador “te vas a casar con otro, con otro que no soy yo”.

Hay una línea delgada que separa lo kitsch de lo sublime, y ya sabemos quién dibuja los contornos de esa línea y quién decide qué cosas se quedan a uno y a otro lado. Todo es cuestión del oído con el que se escucha. Si algún coco privilegiado hubiera decidido que el Fary podía cruzar esa línea, no solo le hubiéramos visto renacer en un concierto exclusivo en el Liceo de Barcelona a 100 euros la entrada, sino que las necrológicas de esta semana no destacarían tanto su bonhomía y su contagioso vitalismo. Eso sería lo de menos. Se hablaría de su talla como letrista y como captador de esencias vibrantes de los arcanos populares. Sería como un puente entre el dolor de barrio y el dolor del artista maldito.

Pero nadie lo hizo. El Fary nació en los expositores de las gasolineras y allí parece que se va a quedar. Al menos, hasta que un crítico musical edite un recopilatorio de coplas del siglo XX con un libreto lleno de erudiciones.

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

3 comentarios

El Fary -

Futurible, yo no soy Dios ni lo quiero ser. No veas el follón que hay por aquí con eso de ver quién es el dios verdadero. El otro día me decía uno que me fuera a su cielo y le dije: ¿Cómo voy a creer en tu religión si no creo en la mía, que es la verdadera?

Sergio, majo, me has llegado al corazón. Tú sí que me has entendido, a mí y a todos los artistas que como yo atravesamos la escena sin más ambición que hacer lo nuestro sin hacer daño a nadie. Gracias mil, Sergio, de verdad.

El futurible ingeniero -

FARY=DIOS

Enrique -

¡Chapeau, chapeau y chapeau!
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres