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El Blog de Sergio del Molino

MINIMALISMO TRÁGICO

MINIMALISMO TRÁGICO

No he leído la que dicen que es su obra grande, El fin de Alice, pero me he empapuzado de su última novela, recién traducida por Anagrama, y mi cuerpo pide más. Firma como A. M. Homes, tiene 46 años, le gusta posar ante la cámara pasándose la mano derecha por la nuca y mirando con una mezcla de sugestión e indiferencia, da clases en la Universidad de Columbia y publica sesudos artículos en The New Yorker. Pero nada de lo anterior importaría si no fuera porque su literatura despide el hálito inquietante de los que, además de mirar el mundo, saben enseñarlo.

El discurso de Este libro te salvará la vida está reducido a sus rasgos mínimos, como dicta la moda de la literatura norteamericana actual, pero A. M. Homes utiliza este ascetismo estilístico para dar potencia expresiva al relato, para expandirlo en lugar de contraerlo. Narrador en tercera persona, punto de vista del protagonista, discurso lineal. Punto pelota. Descripciones sumarias que parecen casi acotaciones, mucho diálogo, que los personajes se muestren a sí mismos con sus palabras y sus hechos, y mucha acción (no de pistolas, sino que sucedan cosas continuamente, que no haya tiempos muertos ni paréntesis reflexivos). Aguantar con estos pies forzados durante 400 páginas sin caer en la tentación de sacar músculo estilístico, y sin sentir la necesidad de tomar un desvío barroco o de que el narrador abra su bocaza para decirle al lector lo que debe pensar sobre los personajes es todo un logro. Pero todavía lo es más que haya construido la novela con esos elementos sin acabar varándose en lo vacuo o en la parodia pedante, dejando la anécdota en pelotas en medio de la calle, y al lector, con la sensación de haberse hartado de canapés más o menos divertidos, pero sin valor nutritivo alguno.

No, A. M. Homes no es una snob minimalista más. A. M. Homes tiene chicha, mucha chicha. Y fuerza. Y grandeza. Ella pertenece a la estirpe de grandes narradores norteamericanos capaces de recoger su época entera en un par de cochambres de carne y hueso que ellos llaman personajes. Y la falsa facilidad con la que parece conseguirlo da mucha envidia. Aunque se puede intuir el fino trabajo de orfebre que hay detrás de cada oración yuxtapuesta. Serán incontables las metáforas y adjetivos que habrá podado en mil correcciones o que habrá reprimido cuando asomaban por la punta de sus dedos, dispuestos a volcarse en el teclado.

Este libro te salvará la vida tiene un punto de arranque muy sencillo y manido: un hombre acomodado en su middle-age crisis, sin nada que hacer ni que desear. Más solo que la una y consumido por el cáncer de la apatía en su casa de Los Ángeles. La cosa parece que se va a quedar en un alegato contra el consumismo, contra la demencia cotidiana de nuestras atiborradas ciudades occidentales, pero la novela va creciendo y descubre unos abismos mucho más grandes y universales.

Evidentemente, el hombre recibe un impulso que le obliga a ponerse en marcha y a descubrir (y a descubrirnos) un mundo extraño. Como Dorothy en El Mago de Oz, va recorriendo el camino de baldosas amarillas y se va tropezando con el espantapájaros (un hindú feliz que tiene una tienda de donuts), el hombre de hojalata (un genio guarro y huraño que atrae inexplicablemente a las mujeres) y el león cobarde (una ama de casa llorosa que odia a su odiosa familia). Pero no van en pos de ningún mago. Tampoco sabrían qué pedirle.

Por supuesto, hay mucho de lo que los americanos llaman "lenguaje explícito". Es algo que gusta mucho en los ambientes literarios neoyorquinos: los personajes dicen mucho fuck y procuran practicar ese fuck de las formas más aberrantes y escandalosas posibles, pero, a diferencia de lo que ocurre en la literatura de Bret Easton Ellis (American Psycho), no son conductas subrayadas. Son cosas que pasan en el libro, pero el libro no va de eso en absoluto. Es una parte más de la errática y trastornada vida de los personajes.

Porque ya he dicho que pasan muchas cosas, y todas muy documentadas. En ocasiones, parece un reportaje: Homes describe los procesos con minuciosidad. Si el paciente va a urgencias, la sala de urgencias que se describe probablemente sea real, y deja constancia en la cantidad de detalles que se amontonan. La suma de detalles es importante en el libro, pero las descripciones son telegráficas. El efecto que produce es el del caos que provoca el orden cuando lo ocupa todo, y traslada al lector la angustia y la sensación abrumadora que siente el protagonista.

Vaya, que me ha gustado, que voy a seguir leyendo a esta "bad girl" (así es como está encasillada) y seguiré informando.

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2 comentarios

S. del Molino -

No podría parecerme aunque quisiera (bueno, a lo mejor, si quisiera, podría parecerme un poco).
Gracias a ti por pasarte por aquí, monstruo. Espero que sobrevivas a otro verano madrileño. Abrazos!

Ex-Compañero de piso -

No conozco a la autora más que de nombre. Pero por lo que cuentas me parece un estilo tan made in USA como Tom Petty, Clint Eastwood o John Mellencamp...

Ir directo al grano. Lo importante es la acción.

Gracias por no parecerte al Babelia.
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