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El Blog de Sergio del Molino

WELCOME TO MEXIFORNIA

WELCOME TO MEXIFORNIA

Si llevas idea de desengrasar tu inglés, no vengas a California. Si te empeñas -pero sólo si te empeñas-, puedes moverte utilizando el idioma que usas habitualmente para acordarte de los ancestros de tu jefe, porque muchas de las personas con las que vas a tratar han nacido al otro lado de la frontera. Ellos o sus padres. Hay televisión norteamericana en español y hay carteles en español por doquiera que vayas. Parecen empeñados en devolver su idioma original a los lugares donde sólo quedaron nombres de santos como recuerdo de sus descubridores.

Partimos de Los Angeles, y quien nos da una lección de cómo-narices-se-pone-en-marcha-un-coche-sin-marchas tiene bigote panchovillesco. Paramos a comer en Santa Bárbara, en una cadena de fast-food especializada en burritos, y el amable camarero se explaya sobre su pasión por la Pantoja y por cómo disfrutó cuando Raphael fue a tocar a Los Angeles. "Cuando un artista español toca acá, vamos todos. También veo mucho la Televisión Española, porque salen muchos artistas que me gustan mucho". Y eso que, para ser un experto en coplismos hispanos varios, al principio nos confundió con argentinos. Finalmente, cuando nos hemos perdido en un lugar infame llamado Lompoc -cuadrículas desparramadas sobre un llano agrícola, con un cine "drive-in" de los años 50 como única curiosidad destacable-, una amable hija de la Malinche nos ha devuelto a la Highway 1 con unas explicaciones que parecían enrevesadas, pero que resultaron certeras.

Hemos chupado mucha carretera hoy. Salimos por la mañana de Los Angeles y enfilamos Santa Mónica y Malibú por una carretera que dejaba a los lados playas de los vigilantes de la ídem, mansiones de ricachos hollywoodienses y elitistas clubes de campo. El Pacífico aparecía y desaparecía en los acantilados, con un agua furiosa y helada. Nos hemos perdido un par de veces buscando vistas en las playas, y en una de esas veces hemos aparecido en un descampado donde había varios coches disfrutando de la brisa y dos orondas motoristas de la guisa que veis en la afoto. Me han recordado a los moteros obesos que aparecen siempre en Los Simpson (¿o es en Padre de Familia?). Para que veais cómo se las gastan las sensuales California Girls. Otra de las veces, hemos acabado junto a un pequeño campo de pozos de petróleo viejísimos y semiabandonados. Tenían el encanto horripilante que transmite el óxido.

Por la tarde, la Highway 1 se ha metido por el interior, por el valle de Santa Inez, y ha serpenteado entre campos de fresas, flores y vides. Las granjas -de madera pintada de rojo- se abrían a los lados mientras los hijos de la Malinche se dejaban la espalda en la recolección. Cosa curiosa: en los campos donde había gente laborando, había un buen montón de coches buenos aparcados. Por lo visto, los jornaleros van al tajo en su propio vehículo.

Hemos cruzado algunos pueblos típicamente americanos, con un aire de los años 50 que recordaba a Regreso al futuro, y hemos llegado a la muy animada y agradable San Luis Obispo, final de nuestra etapa de hoy. San Luis Obispo es una ciudad de un tamaño parecido a Huesca, pero con una Universidad de casi 20.000 alumnos, lo que la hace extrañamente inquieta y abierta al mundo. Por su centro, muchos se mueven en bici, atentando contra el imperio del motor con cuatro ruedas, y los baretos y las tiendas están muy concurridas. Cuando hemos llegado, hemos buscado la misión que los españoles construyeron en 1772, dando nombre y origen a San Luis Obispo, y nos hemos encontrado con la plaza llena a rebosar y con un grupo de reaggae animando el cotarro. Por lo visto, los fines de semana hay música en directo en la plaza de la vieja misión. El detalle bueno: el espíritu lúdico que une a gentes de todas las edades y que emparentaba la fiesta con una verbena de pueblo. El detalle feo: que estaba patrocinado por una central nuclear, y resulta que al lado había algunos stands ecologistas difundiendo buenrrollismo y entrando en el juego de la compañía eléctrica. País de contrastes extraños. Por lo demás, el pueblo se estaba corriendo una buena juerga a costa de la energía atómica.

Nos hemos perdido por el animado centro de San Luis Obispo y hemos visto la segunda joya arquitectónica de la ciudad: una casa privada diseñada por Frank Lloyd Wright en los años 50. Es una construcción grande, situada junto a un río e inspirada en los volcanes de la zona. Curioso. Ah, por cierto, en una de las muchas librerías de San Luis Obispo hemos visto una estantería entera dedicada a libros en español. Entre ellos, biografías de Clinton y opúsculos de Obama. El votante hispano empieza a ser una fuerza decisiva en estos lares. Ahora nos vamos a encerrar en un motel muy parecido al de Norman Bates. Felices sueños.

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3 comentarios

una de Madrid -

olé, olé y olé Sergio del Molino.

Javier -

¡Joer qué crónicas más buenas!

Esto sí son guias de viaje. :)

David Ballota -

Felices! :-)
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