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El Blog de Sergio del Molino

ENTERING SAN FRANCISCO

ENTERING SAN FRANCISCO

Ayer fue un día ajetreado y no encontré tiempo para escribir, pero retomo el vicio por la mañana temprano. La carretera de la costa, con sus muelles de madera adentrándose en el océano y sus focas nadando remolonas entre los barcos de recreo, fue engordando de carriles a ambos lados conforme nos acercábamos a San Francisco. La ciudad en sí misma tiene casi la misma población que Zaragoza, unos 700.000 habitantes, pero no hay que engañarse, porque es la capital del Área de la Bahía, poblada en ambas orillas por más de cinco millones de personas. Toda el área forma un todo urbano integrado por un mismo sistema de transportes. Desde San José a Oakland y Berkeley, la megalópolis domina la inmensa bahía, que es casi un mar pequeñito. San Francisco está situada en el extremo norte del lado oeste, y sus rascacielos no alcanzan a frenar el cortante cierzo del microclima local. Porque, señores, mientras estemos en San Francisco, se acabó el verano.

Alguien que no recuerdo dijo que el invierno más duro que había pasado en su vida fue un mes de agosto en San Francisco. Nosotros hemos vuelto a guardar las sandalias y las camisetas y nos hemos subido la cremallera para pasear por las cuestas rompe piernas de la ciudad. Mi mayor emoción, en estos primeros compases, es que el hotel está muy cerca del teatro Geary y de la esquina de las calles Bush y Stockton. Si habéis visto/leído El halcón maltés, quizá recordéis que Joel Cayro guardaba una entrada para una función en el teatro Geary la noche que Spade le noquea en su despacho, y que el detective Miles Archer fue asesinado en la esquina de Bush con Stockton por la malvada… Uy, no revelaré el nombre del asesino, por si no habéis visto la peli o leído la novela. Por cierto, que Dashiell Hammet tiene una calle en esta ciudad.

En el camino hacia aquí paramos en Santa Cruz, ciudad playera escogida por los nuevos ricos de Silicon Valley como residencia y que, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en refugio de las lesbianas que no participan del sueño gay de San Francisco. No vimos ni a Bill Gates ni a lesbianas que exhibieran su condición, la verdad. A cambio, vimos una playa llena de “rednecks” vacacionales, engullendo cerveza y hamburguesas a porrón. Como recuerdo, esta estampa de pic-nic patriota, robada a los dueños de las sillas mientras chapoteaban en el gélido océano

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2 comentarios

S. del Molino -

jaja, pues ayer estuve en el lugar donde mataron a Miles Archer. Hay una plaquita que lo recuerda. Esta ciudad está llena de literatura.

jcuartero -

Qué envidia al recorrer los escenarios cotidianos de Sam Spade. Sólo falta que hotel tuviese un detective que leyese en el hall el San Francisco Cronicle para pasar desapercibido
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