Blogia
El Blog de Sergio del Molino

PENSAMIENTOS DE LAVANDERÍA

PENSAMIENTOS DE LAVANDERÍA

En los viajes que duran más de diez días -algo que empieza a ser extraño en el mundo asalariado de tiempos milimetrados- conviene reservar uno o dos a la holganza. Refrenar el ritmo, tumbarse un poco a la bartola en el hotel, zapear por la tele local y pasear errante y pausado. Como diría un discípulo pedante de Roland Barthes, hay que refrenar el ímpetu escópico, descansar la retina y las piernas para afrontar con ánimo el resto de la andadura.

Y eso hemos hecho en nuestro último día en San Francisco, antes de poner la proa rumbo a Las Vegas, siguiente parada. Por supuesto que nos hemos dejado cosas por ver, museos por visitar y barrios por explorar. Admitir de antemano que es imposible conocer una ciudad en una semana ayuda al viajero a quitarse angustias de encima. Se trata de ver y de estar, no de dominar. Si a una persona nunca se la conoce del todo, ni aun compartiendo la vida entera con ella, con las ciudades pasa lo mismo. Así que es mejor retener el encanto de la fugacidad, del encuentro liviano, y partir con la certeza de que lo mejor y más sabroso se ha quedado escondido en cualquier esquina. Ya decía Cortázar que toda ciudad exige un duro peaje antes de acoplarse a alguien, y ese peaje puede significar años de tercos paseos.

Con esa actitud casi digna de Confucio, nos hemos ido a una lavandería china (¿por qué las lavanderías de esta ciudad son chinas, como las del Far West?). Además de vivencias, habíamos acumulado una apestosa cantidad de ropa sucia, y urgía ponerla a remojo. Por tres dólares hemos hecho una colada completa en uno de esos establecimientos que salen en las pelis. Resulta entretenido, la verdad: te llevas un librito, echas las monedas a la máquina y esperas con paciencia.

Supongo que las lavanderías automáticas son un sitio perfecto para darle al coco, y a mí me ha dado por hacer balance de mis impresiones en estos días de San Francisco. En general, me ha conmocionado menos que Nueva York. Es una ciudad más manejable -pese a las cuestas infernales que ponen a prueba a los pulmones más sanos y robustos del planeta-, y quizá un poco más desconectada de las corrientes telúricas de la cultura. La geografía, a veces, es una putada, y San Francisco parece haberse quedado como una gran dama enrocada en sus 41 colinas, ombliguístamente satisfecha de su excepcional progresismo e incapaz de comprender lo que se cuece en otros pucheros.

Me explico: San Francisco está orgullosa de su pátina literaria. En sus calles han vivido casi todos los grandes de las letras americanas, desde Mark Twain a Dashiell Hammet, pasando por Jack London o Ambrose Bierce, y sin olvidar a los fundamentales poetas de la generación beat. Sin embargo, repasando la nómina de autores jóvenes, se ve que la ciudad ha perdido mucho protagonismo, que no ha sabido retener su ímpetu. Algo parecido sucede con la música: los aires contraculturales de los 60 no se han mantenido en el tiempo, y el movimiento gay lleva camino de cimentar también sus propios mitos, acomodándose en ellos y dejando de ser creativo. Da la sensación de que San Francisco puede generar grandes fogonazos, pero que el cierzo de la bahía se los lleva enseguida a otras partes del país y del mundo, dejando en sus calles una herencia digna, pero sin poso.

Digo que son reflexiones cazadas al vuelo, que no pretenden plantear dogmas. Son sensaciones sentidas. Tal vez tenga que ver con que las calles de esta ciudad parieron hace 40 años los axiomas que todavía dictan el mundo en el que vivimos, y que por eso los percibo como algo acomodado y necesitado de renovación. Quizá me moleste un poco la autocomplacencia del ambiente. Quién sabe.

Pero no quiero dar la sensación de que me llevo una imagen amarga de San Francisco. Al contrario: es una ciudad excepcional, brillante, majestuosa y, en muchos aspectos, casi más europea que americana. Trata de seguir más a Londres que a Nueva York, y trata de aferrarse fuerte a su hecho diferencial, que es algo así como un aire aristocrático de grandes fortunas cultas y emprendedoras.

¿Que estoy diciendo tonterías? Probablemente, pero no se puede esperar más de este pensamiento de lavandería, ¿no? No doy más la brasa. El siguiente post lo escribiré desde esa ciudad creada por gangsters y llamada Las Vegas.

PS: Parece que Blogia está empeñado en hacerme sufrir para colgar los textos en el blog. Gracias a los que seguís leyendo pese a que los duendes de internet no lo ponen fácil.

Foto: papel higiénico con la cara de Bush en el escaparate de una tienda hippy de San Francisco.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres