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El Blog de Sergio del Molino

EN EL CORAZÓN DE CALIFORNIA

EN EL CORAZÓN DE CALIFORNIA

Siento ser plasta y colgar los artículos de dos en dos, pero el wifí de este motel no me deja entrar en el blog, y yo ya le he cogido el gusto a reseñar la andadura del día. Así que, una vez más, lo redacto sin saber si mañana podré colgarlo en internet. Mil perdones.

Al final, la carretera ha vencido. Teníamos ante nosotros tres posibles direcciones, y la del norte ha acabado imponiéndose. Dado que todavía disponemos de tiempo y aún no hemos visto ninguna secuoya, hemos decidido hacer 600 kilómetros para admirar al famoso General Sherman, el árbol más viejo del mundo. Lo haremos mañana nada más levantarnos, cuando dirijamos nuestros pasos al Sequoia National Park, en el corazón de California. De momento, hacemos noche en Visalia, una localidad de 100.000 habitantes en el arranque del Central Valley, tierra de frutales y de buenos vinos. La paliza kilométrica que nos hemos metido en el cuerpo impide que reseñe nada en particular: la carretera y las ansias por llegar se han comido nuestro día.

Hemos huido de Lake Havasu City como Lot de Sodoma (¿o era de Gomorra?), y hemos respirado con alivio cuando un cartelón nos ha vuelto a dar la bienvenida a California. Nuestro objetivo era hacer una parada en Bakersfield, un cruce de caminos clavado justo donde termina el desierto de Mojave. Es una ciudad anodina y árida que tenía un único aliciente: sus restaurantes vascos. Según hemos leído, en Bakersfield viven los hijos y nietos de los pastores vascos que se instalaron en California hace qué me sé yo cuánto tiempo, y que conservaron el euskera en granjas aisladas. La ETB les hace reportajes cada dos por tres, pues no deja de ser curioso ver a un propio llamado James Iruretagoyena hablando vasco con acento americano. Por lo visto, algunos de estos pastores montaron restaurantes reinterpretando la cocina de su tierra de origen, adaptándola a California, y una de las guías que llevamos (creo que viajamos con cuatro, por documentarse que no quede) recomendaba algunos.

La verdad es que nos hacía ilusión la posibilidad de leer un menú en euskera en la otra parte del mundo, y ya nos veíamos haciendo risas en un local decorado a la maniera de las sidrerías y despidiéndonos con un eskerrik asko, agur. Pero el destino se nos ha puesto en contra, y ni con GPS hemos sabido dar con los aclamados restaurantes. Bakersfield ha resultado ser lo que prometía: una sórdida parada de camiones con unos cuantos moteles y dos centros comerciales. Nada que invitara a quedarse.

Así que el Mustang ha acelerado rumbo al norte, donde los Joshua’s Trees (esos extraños árboles del desierto que tienen cactus por hojas y que dan nombre a un disco de U2, y no al revés) dejaban paso a los pinos y la brisa ya no quemaba el cogote. Nos hemos adentrado en el Central Valley, a la sombra de Sierra Nevada, y los naranjos y las vides nos han devuelto algo de alegría. Empezábamos a estar hartos del inabarcable desierto.

Al final de la tarde, hemos llegado a Visalia, la ciudad de entrada del Squoia National Park, y hemos descubierto el Springfield de tres dimensiones. A diferencia de las ciudades del desierto, Visalia es un lugar limpio, encantador, paseable y tranquilo, con árboles y bancos en sus calles. Rodeado por suburbios de típicas casitas americanas, tiene un centro (downtown) de verdad, y no un centro comercial desmadejado. Hay tiendas, cafés, restaurantes y hasta un parque, y su aspecto recuerda terriblemente al Springfield de Los Simpsons. Supongo que estamos en la típica y sosegada ciudad americana “de provincias”, el tipo de núcleo que inspiró a Matt Groening.

Tras la árida Arizona (qué bien puesto tiene el nombre ese estado, de verdad), Visalia es un oasis para nuestros agotados cuerpecillos. Nos ha dado la oportunidad de pasear (cómo se echa de menos pasear cuando el calor o lo adusto del paisaje y el paisanaje lo impiden) y de cenar muy a gusto en otra microbrewerie, donde me he metido en mi cuerpo serrano dos pintas de una cerveza IPA artesanal que quitaba el sentío. Cristina ha optado por una copa de vino merlot californiano que olía y sabía maravillosamente bien. Así da gusto. Así sí que se reposan las miserias de la carretera. Estamos listos para enfrentarnos al General Sherman.

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2 comentarios

Alejandra -

Les agradeceria mucho si me pudiesen dar informacion de lugares para lesbianas pues me acabo de mudar a Visalia y no conozco casi nada.

Alejandra -

Quisiera saber si me puedes decir en donde puedo tener contacto aqui en visalia con lesbianas pues aun no conozco ningun citio para lesbianas.
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