Blogia
El Blog de Sergio del Molino

UN PASEO ENTRE GIGANTES

UN PASEO ENTRE GIGANTES

El mundo del wifí se complica. Tampoco voy a poder enviar este texto nada más escribirlo, por lo que los deberes se van amontonando. Espero poder colgar el de mañana junto con este y el anterior. Mil perdones de nuevo.

Hoy hemos seguido los pasos de John Muir. Bueno, vale, de acuerdo: el naturalista John Muir viajaba a pie con una taza, una cantimplora y una provisión de té y nosotros lo hacemos en un descapotable y bien comidos y dormidos. Cada cual es hijo de su tiempo. Ah, ¿que quién era John Muir? Un inmigrante escocés de finales del siglo XIX enamorado de los parajes solitarios de Estados Unidos y que empeñó media vida en luchar por conservar el patrimonio medioambiental de California. Su tesón creó el parque nacional de Yosemite, el de Kings Canyon y el de Secuoya, todos en Central Valley. La ciudad de San Francisco honra su memoria en los bosques que hay al otro lado del Golden Gate, que llevan el nombre de Muir Woods.

Pese a los justificados reproches que nos hacen algunos amigos, en este viaje no vamos a pasar por Yosemite, pero andamos cerca (en sentido americano, donde todo está a 500 kilómetros de distancia, claro). Venimos de saludar al General Sherman, la criatura viva más vieja del planeta. Se cree que tiene más de 2.200 años y es más grande que un edificio de 20 plantas: es la secuoya reina del Bosque Gigante del Sequoia National Park. Y por dios que lo de Bosque Gigante no podría ser más acertado.

Hemos andado entre estos enormes árboles, y nos hemos sentido pequeñitos y sobrecogidos. Parece que la naturaleza en este país tiende también a expandirse de forma… Iba a decir majestuosa, pero no, no es eso. Grandiosamente libre sería más correcto.

A más de 2.000 metros de altura, en el corazón de la High Sierra, en un paisaje que a ratos recuerda a los valles del Pirineo Central, crecen las secuoyas. Al principio, parece que estás en un bosque atlántico normal, con sus pinos y sus árboles de hoja perenne formando en las laderas, pero, poco a poco, percibes que los troncos son cada vez más y más altos, hasta que llegas al corazón del Bosque Gigante, donde todos los árboles son ídem: troncos inabarcables, más anchos que un edificio, te cercan por todas partes. Parece el decorado de una película de fantasía. Quizá hemos empequeñecido. Las escalas y las proporciones se dislocan y, como ocurre en muchos parajes de este país, la naturaleza arrincona tu capacidad verbal y la reduce a la cara de idiota del asombro.

Fascinante. La visita al General Sherman ha sido tan estimulante, que hemos decidido rebajar el tono y descansar en un motelito con piscina. Hemos encontrado uno retirado, en la carretera que lleva a la entrada sur del parque, mucho menos masificado que Yosemite, y ahora holgamos en un valle que me recuerda un poco al de Bujaruelo, en Huesca. Claro que la vegetación es distinta y en Bujaruelo no hay carteles previniéndote contra los ataques de osos y pumas. Varias águilas sobrevuelan la zona y se respira mucha paz. Hoy descansamos. Mañana, el Mustang pedirá otra vez guerra.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres