Blogia
El Blog de Sergio del Molino

VARGAS LLOSA Y EL JUEVES

VARGAS LLOSA Y EL JUEVES

Como siempre que vuelvo de un viaje largo al extranjero, devoro la prensa española con hambre atrasada, y da la casualidad de que el mes de julio -a diferencia del secarral de agosto- es casi siempre fértil en noticias. En julio estallan guerras, mueren personajes importantes y se arman escándalos de padre y muy señor mío. Y todo ello, sin el runrún parlamentario que nos amuerma el resto del año y que suele acaparar las portadas. En julio, la prensa viene mucho más interesante. Pronto llegará agosto y nos aburriremos de ver moscas zumbando sin nada que contar, así que hay que aprovechar.

Todo lo he seguido con detenimiento y ganas, sin sentirme obligado profesionalmente, como en el resto del curso: la situación en Cuba y los posibles derroteros de Raúl Castro, la muerte de Polanco, el apagón de Barna, la chulería del Solitario y el marrón del agente doble. Pero, sobre todo, y perdónenme mi desviación, el asunto de El Jueves. Y esto me ha frustrado mucho, porque, hasta hoy, no he leído una sola opinión sobre el tema digna de ser debatida. Cada cual ha barrido para su casa y ha opinado según un guión preestablecido. Sólo en comentarios marginales, en puntitos de luz de la blogosfera o en llamadas de oyentes a la radio he encontrado algo de coherencia y sentido común: los tertulianos y lo que una compañera del periódico llama "predicadores con jeta" (por la fotito que suele acompañar a su firma en las columnas) se han apresurado a poner sus culos a salvo antes de emitir juicio alguno (¿a salvo de qué, pienso yo?). Opinar sobre algo relacionado con la Familia Real no es plato de gusto para los que nos dedicamos a la comunicación en este país tan libre.

Pero hoy ha venido el señor Vargas Llosa -que después de afeitarse por las mañanas se depila los pocos pelos en la lengua que le quedan- a aportar algo de vidilla al debate en un "Piedra de toque" en El País. Como casi siempre, no comparto ni el enfoque ni el huerto al que pretende llevar a sus lectores, pero sí que coincido en los puntos de su análisis. Claro que lo que él enuncia como advertencia, yo, como republicano pasota que soy -dado que ni milito ni trabajo por la República y me limito a expresar mis preferencias-, lo percibo como esperanzador futuro.

Eso sí, no estoy de acuerdo con lo que dice acerca de que la portada de El Jueves viola la intimidad de los príncipes, algo que se repite hasta la extenuación en todos los foros. Una caricatura nunca puede violar intimidad alguna porque es una representación ficticia. La violación de la intimidad habría tenido lugar si eso fuera una foto tomada en la cama de Felipe y Letizia, algo que no es así. ¿Qué intimidad se ha violado? ¿Qué secreto personal se nos ha revelado? Hablemos con propiedad.

En la parte en la que sí estoy de acuerdo, básicamente, el lúcido Vargas Llosa -que considera que la portada es de un mal gusto pestilente, consideración que a mí me la trae al fresco, porque para gustos, los colores- establece que:

a) Es intolerable que un régimen de libertades democráticas adopte una medida tan desproporcionada sobre un derecho legítimo y ampliamente ejercido en cualquier país con libertad de expresión reconocida, como es la sátira. El secuestro crea un siniestro y preocupante precedente. Vargas Llosa opina que la libertad de expresión conquistada hay que defenderla "con uñas y dientes", sin imponer límites por zafiedad o buenas formas. De acuerdo.

b) Por primera vez en muchos años, el asunto de El Jueves ha desviado el debate público hacia el cuestionamiento de la institución monárquica en ámbitos donde hasta ahora era intocable. Estas medidas de trato de privilegio impropias de una democracia pueden socavar, a juicio de Vargas Llosa, el edificio monárquico español. Ya mencioné eso mismo en mi condena al secuestro unas entradas más abajo. El peruano apunta que la discreción y el tino estadista del rey ha creado un pacto tácito entre los medios de comunicación que exonera a su familia de críticas y sátiras, al contrario de lo que sucede con cualquier casa real de Europa, que están en todos los chistes y en las portadas de toda la prensa amarilla. Yo también creo que las artes sibilinas del rey, habituado a moverse con fluidez entre tirios y troyanos, han pesado mucho más que el Código Penal en esa exoneración.

c) Pero, advierte don Mario, que nadie se engañe: la monarquía en España no se asienta en una tradición secular ni ha gozado nunca de grandes simpatías populares. Lo que mantiene la monarquía en España es la persona de Juan Carlos y la forma en que ha actuado estos 30 últimos años, y todo puede irse al carajo si los españoles dejan de percibir al rey como el tipo campechano y adalid de las libertades que dicta el marketing político, y empieza a percibirle, a él y a su familia, como un grupo de privilegiados injustamente excluidos de cualquier crítica o sátira, como las que recaen sobre cualquier otro personaje público en un Estado democrático. Aviso para navegantes que lanza Vargas Llosa. Sé que el rey es consciente de esto, y por eso la Casa Real se desvinculó de la decisión judicial en un comunicado. Lo que no sé es si su sucesor sabe moverse como él. Vargas Llosa confía en que sí, porque él desea que se perpetue la monarquía, que percibe como beneficiosa para la cohesión del país.

Yo, sin embargo, opino que un país plural y civilizado puede debatir sin miedo su forma de gobierno, y que cualquier otra consideración procede de un paternalismo autoritario que condena a los españoles a una eterna minoría de edad. Un atributo de los adultos es que pueden tomar decisiones y reflexionar sobre ellas, y ello puede implicar equivocarse. Tenemos derecho a equivocarnos. Yo, como ciudadano, no quiero tutelas. Quiero poder debatir en libertad, sin visiones apocalípticas en el horizonte ni figuras sobrehumanas e intocables en lo alto del Estado. Seguramente, el juez Del Olmo no lo pretendía, pero ha abierto una espita que no sé si el rey o el príncipe sabrán llevar a su terreno. Entre otras cosas, porque las circunstancias que motivaron la monarquía quedan muy lejos ya, y muchos de los que queremos participar ahora en el debate nacimos cuando el cadáver de Franco ya se había podrido. Queremos debatir sobre el país de ahora, no sobre el que había hace 30 años. Y en el país de ahora creo que no caben figuras jurídicas como la del secuestro de un semanario que, por otra parte, también ha currado un montón por afianzar las libertades en este trozo del planeta y que, para muchos de nosotros, ha sido un faro lúcido y carcajeante en momentos de gravedad. 

Foto: un clásico del llorado Ivá, Maki Navaja. 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

4 comentarios

Fernando -

Es que España está todavía en su minoría de edad. No somos ni niños: somos bebés democráticamente hablando.
Me parece muy bien tu apuesta, y creo que en un futuro será factible, y esto no ha sido mas que un pasito mas, pero pienso que nos falta mucho, muchísimo para ser demócratas de verdad y ser capaces de pasar del yo al nosotros, a tener criterio de Estado a la hora de legislar (a nivel local, autonómico o estatal). Estamos a años luz de Francia, de Inglaterra, de Estados Unidos, de Alemania incluso. Hasta que no aprendamos eso, ni me plantearía el replantear la monarquía.

Chelita -

Enrique, me ha gustado mucho tu coemntario: unos argumentos espléndidamente expuestos y razonados. En términos generales apoyo tus observaciones sobre la monarquía. Sólo añadir el coraje que me da que cada vez que se proponga o se haga alusión a la necesidad de decidir en referéndum la continuidad o no de la monarquía, siempre salen los 'portavoces' oficiales y oficiosos de la ciudadanía a calificarlo de locura y de provocación para que España de desmorone. El miedo a guerras civiles y golpes de estado hace q muchos estén dispuestos a seguir manteniendo a esta panda de zánganos, como si ellos fueron los únicos garantes del mantenimiento de la democracia en España. Eso es equivalente a decir que España está en minoría de edad, que la ciudadanía no está preparada para decidir y elegir su sistema de gobierno, lo cual equivale a decir que estamos aún en un infantilismo democrátrico

Enrique -

En mi opinión, el Príncipe no despierta las simpatías que despierta su padre. La figura del Rey actual, con sus luces y sus sombras, es valorada en sectores muy distintos de la sociedad española, y no siempre entre gente que se juega las lentejas según lo que opine o que ha de salvar el culo. Me refiero a la gente de la calle, a la que ni le subirán ni le bajarán la nómina a final de mes por emitir una u otra opinión. Entre esa gente hay un gran apoyo a don Juan Carlos, hay que admitirlo. Me juego cualquier cosa a que, hoy 30 de julio de 2007, ganaría el apoyo a la monarquía en un referéndum convocado en este país. Ahora bien, su hijo me temo que es otra cosa. Despertará (ya las despierta) menos simpatías. Su hijo no jugó papel alguno en la vuelta de la democracia a España; ha nacido entre los algodones de un palacio, con unos derechos sucesorios de los que ha gozado en todo momento y ello en un país que ha ido madurando democráticamente. Su formación es mil veces mejor que la casi nula de su padre, es cierto. Pero no es eso lo que medimos y queremos los españoles. El Príncipe gastó un dineral público en la construcción de la residencia en la que vive. Un dineral absolutamente vergonzoso en cualquier país, pero más en uno que -como España- cuenta con el acceso a la vivienda (y más entre los jóvenes) como su principal problema. Eso es una desfachatez escandalosa. No caigamos tampoco en la demagogia: es obvio que el Príncipe no iba a vivir en una vivienda normal como la de un ciudadano medio, aunque sólo fuera por razones de seguridad. Pero entre eso y lo otro median 700 pueblos. Ése es un ejemplo, quizás el más importante. Pero hay (y supongo que habrá) otros. Eso pienso que no lo tolerarán los españoles. Difícilmente le tolerarían esas cosas a su padre, peor podrían hacerlo como mal menor por los servicios prestados. Pero si este muchacho se dedica (no digo que siempre lo haga) a sacar los pies del tiesto una y otra vez, que no le quepa duda de que los españoles nos plantaremos y un día y nos preguntaremos: pero bueno, ¿pero qué estamos haciendo, por qué razón le estamos consintiendo todo esto a este señor?, ¿qué ha hecho él para merecerlo? Esta pregunta es la que revela lo que Vargas Llosa y Sergio del Molino dicen (y con lo que estoy de acuerdo) de que España no es, por definición, un país monárquico. La muerte o la abdicación de don Juan Carlos será el momento clave: a partir de ahí, veremos hacia dónde caminan las cosas; todo ello según las actitudes que vaya tomando Felipe. Y, aun con todo, pienso que por muy bien que desempeñe su papel, por mucha discreción que ponga en su vida, por mucha austeridad, por muy buena representación que haga de nuestro país, éste ya camina sin remedio hacia una República más o menos lejana.

anro -

Estoy seguro. parafraseando a Alfonso Guerra, que en diez años este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió. Son muchas las voces que se levantan para que España deje de ser una monarquía y yo creo que ya es hora de que se empiece a mover algo en ese sentido.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres