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El Blog de Sergio del Molino

PENITENCIA DE FAN

PENITENCIA DE FAN

Vaya matraca de marketing. Creía que era cosa de los U Ese A, donde la publi de la película estaba hasta en la sopa, pero al aterrizar en Madrid descubrimos que el asunto no se quedaba manco en las Españas. Cuando a uno le bombardean tan salvajemente, dan ganas de quedarse en casa. Resabios de niño caprichoso que tiene uno: basta que los paneles publicitarios te intenten convencer de algo para que tú desees que se lo metan por el orto. Pero, en este caso, son muchos años de dedicación placentera. Mi hermano y yo ya no sabemos conversar en serio y dialogamos parafraseando diálogos de la serie (verás tú qué risa cuando nos toque discutir un testamento o algo serio de verdad: ¿sabrán los albaceas quién es Krusty el Payaso?). Y, aunque últimamente le vamos añadiendo perlas de sabiduría de Padre de familia, la matriz simpsoniana sigue siendo muy potente. Así que tocaba sacar del armario el friki que uno conserva en naftalina y cumplir con las obligaciones del fan. Como el jet lag me ha cogido esta vez con ganas, no pude ir al estreno -me pasé el día calculando la hora en el Meridiano de Greenwich-, pero no he dejado pasar una semana. No podía esperar a que me la contaran.

No sé si he hablado alguna vez de mi relación con la familia amarilla de Springfield, pero resumiré muy brevemente: las tres primeras temporadas me parecen un pestiño insoportable. Los guiones son lentos; la sátira, infantil, y las alusiones, obvias. Pero, a partir de la cuarta temporada, el centro de gravedad pasa de Bart a Homer, al mismo tiempo que el universo de secundarios de Springfield abandona la planitud del fondo del decorado y se convierten en personajes complejos. Los guiones ganan muchísimo en fluidez y ritmo y el estilo de la serie se desprende de la obsesión "políticamente incorrecta" que tanto la refrenaba, para centrarse en generar una maraña de referencias televisivas y cinematográficas que un profesor pedante podría definir como "deconstrucción del discurso audiovisual". Los guionistas se cargan todas las convenciones de los géneros y sólo entonces -cuando dejan de editorializar y se dedican a narrar- consiguen crear una vibrante parodia de nuestro mundo, con el despreciable Homer en el eje central. Así fue como James L. Brooks, Sam Simon y Matt Groening cambiaron para siempre la forma de hacer y mirar televisión. Marcaron un antes y un después: reventaron la sit-com desde dentro, al exprimirla hasta sus últimas consecuencias.

Sin embargo, hacia la novena temporada, se empieza a notar el declive de la serie. A esas alturas, Los Simpson están agotados y Matt Groening ya está lanzando Futurama. Entonces, Homer deja de ser un inconsciente enajenado para convertirse en un clown sin gracia, y todo el edificio de la serie se desmorona. El talento y la energía se conservan en Futurama, pero parecen abanadonar Springfield. Aunque, dado que la inercia de las grandes audiencias se mantiene, nadie mata a la gallina de los huevos de oro, que sobrevive a base de cameos de famosos, cada vez más complacientes y menos ácidos. Los Simpson dejaron de interesarme entonces, y sólo conservo las temporadas de la "edad de oro", antes de que Homer se "clownizara".

Por eso, tenía muchas reservas con esta peli, porque me esperaba encontrar a ese Homer insoportable que se clava martillos en el ojo y desarrolla un humor blanco del tipo de El profesor chiflado, sin alcanzar nunca la sublime expresión de Laurel y Hardy o de Harold Lloyd. Además, para mí, la voz de Homer -y la del señor Burns- es la de Carlos Revilla. Su sustituto no aporta ni la mitad de lo que él aportaba al Homer en español. Nunca me acostumbraré a la nueva voz. Una prueba de que, en contra de lo que los gurús de la nueva empresa nos quieren vender, sí que hay individuos y talentos insustituibles que el taylorismo de la industria cultural no puede obviar. La frase de los empresarios: "Si chasqueo los dedos, aparecerá un camión de tipos dispuestos a hacer tu trabajo tan bien como tú" es falsa al aplicarala a algunos profesionales escogidos. Si ellos fallan, el producto puede irse a la mierda sin más.

Pues con todas esas reservas, me tomaba la peli como una penitencia, un precio que debía pagar a cambio de tantos buenos ratos. Y no me arrepiento. Hay mil guiños para los seguidores fieles, esos premios que no pueden faltar, y que se presentan en forma de ingeniosas y atinadas referencias a capítulos y escenas memorables. Son fugaces, pero continuos, distribuidos en cascada: la señora de los gatos, el capítulo en el que Bart quiere saltar en monopatín por el cañón, el Mozo Mantecoso... Homer recupera en parte el espíritu de las temporadas gloriosas, aunque sigue cargando mucho con su torpeza a lo Steve Urkel, y Bart contiene las hipérboles sin gracia con las que acompañaba a la caída de su padre y vuelve a ser un pequeño diablillo verosímil, audaz y veloz. Es un buen capítulo de Los Simpson en versión extendida, con los insertos y cameos exigibles en el guión de cualquier capítulo. Podría haber sido más, pero me parece bien que se hayan impuesto límites: un exceso de ambición habría generado un pastiche imposible de masticar. 

Echo de menos una mayor presencia de Springfield y el desarrollo de alguna trama paralela, pues la acción se centra en exclusiva en la peripecia de la familia. Moe, el Jefe Biggum, el señor Burns o Apu aparecen de refilón, cuentan un chiste y hacen mutis. ¿Por qué no se involucran más? Una lástima. En fin, en cualquier caso, han hecho una peli digna, de la que un simpsonmaníaco no puede abjurar en exceso. A lo mejor, lo que sucede es que llega demasiado tarde para algunos de nosotros. Nos ha cogido desilusionados y habituados a un frenesí narrativo -el de Futurama o el de Padre de Familia- que ha desarrollado y superado con creces a sus maestros de Springfield. Una pena: Los Simpson parecen un viejo profesor desconcertado ante la brillantez de sus alumnos y que hace tiempo que no tiene nada que enseñarles. Pero siempre nos quedará el DVD.

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5 comentarios

Chelita -

Sergio, niño, yo también tenía el listón muy bajo y fui medio obligada. probablemente por eso no me decepcionó y hasta base un buen rato. Le quitaría algunas cosas y como tú dices eché en falta más protagonismo de esos personajes secundarios que para mí son tan fundamentales como la familia Simpson, pero en términos generales me parece un correcto entretenimiento. Eso sí, imperdonable, ¿doné están Patty y Selma, sempiternas enemigas y cuñadas de Homer?

S. del Molino -

Chico, qué duro. Yo es que tenía puesto el listón muy bajo y me parece que da el pego. Creía que me iba a horrorizar, y no fue para tanto. Sobre todo, teniendo en cuenta la basura a la que nos habían acostumbrado en las últimas temporadas. Lo cierto es que querían que la dirigiera Spielberg, pero como no estaba disponible, tuvieron que contratar a su equivalente mexicano no sindicado, el señor Spielbergo. Y así les fue.

El futurible ingeniero -

Vengo ahora de verla. Es insufrible. Es un mal capítulo de Los Simpsons en versión extendida. Se ve que han ido intentado trabajarla como en las buenas temporadas, pero les ha salido un aborto.

Ex-compañero de piso -

Yo tengo claro que algo como proletario y parásito será insuperable ni en 40th Century Fox

El futurible ingeniero -

Eso te pasa por no saber alabar al simio...
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