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El Blog de Sergio del Molino

VELATORIO DE CINECLÚ

VELATORIO DE CINECLÚ

Ha muerto Ingmar Bergman a los 89 añazos. Murió ayer, pero decidí esperar hasta hoy para colgar algunas palabras, a ver si me inspiraba un poco y podía decir alguna frase más o menos afortunada sobre él y su cine. Pero nada: se muere Bergman y yo me levanto de la cama con aire superficial y ganas de que me cuenten chistes de Chiquito de la Calzada. No sintonizo con el espíritu.

Quizá no logro convocar a las musas de los panegíricos porque las pelis de Bergman han pasado por mi retina sin dejar poso. Aunque para la mayoría de los aspectos de mi vida soy un desastre, como espectador de cine soy muy disciplinado, y cuando llegó el momento de conocer a Bergman, me tragué una tras otra sus pelis y me esforcé por sentir lo que sus reseñistas y gurús habían escrito que había que sentir. Pero nada. Yo, que en mi fascinación peliculera era y soy capaz de deglutir sin rechistar el pastiche más muermazo del más prestigioso cine asiático, no he podido con Bergman. No digo que me aburriera ni que me resultara incomprensible. Soy capaz de reconocer la altura y la sutileza de Fresas salvajes o de Fanny y Alexander (me cuesta más en el caso de El séptimo sello o Un verano con Mónica, qué le vamos a hacer), pero las cosas que me cuenta me resbalan ampliamente, dicho esto sin ánimo de ofender a los difuntos y a su legión de admiradores. He pasado años preocupado por mi falta de sensibilidad, y estuve por hacérmelo mirar, pero hoy estoy convencido de que no es culpa mía, sino de mi generación. El cine de Bergman es generacional. Pertenece a la quinta de mis padres tanto como los paquetes de Celtas, Lina Morgan o el Super 8. Mi indiferencia hacia Bergman es consecuente con mi tiempo y mis circunstancias. Por eso, estoy absolutamente incapacitado para hablar de él, ya sea bien o mal. He crecido en casas con microondas, qué se le va a hacer. Mi época es más de Bibí Andersen que de Bibi Andersson.

Así que os remito a dos textos sensacionales sobre Bergman que he tenido la suerte de leer hoy. El primero, el atrevido post de Borja Hermoso en su blog de El Mundo (ver también la necrológica que firma Luis Urbez en la edición impresa y que no encuentro en internet: no seais vagos y peseteros y bajad al quiosco). El segundo, la apasionada y profunda reflexión de Antonio Muñoz Molina en El País, escrita con los pies en la tierra (o en el parqué bien limado de su despacho) y el alma en un cineclub de los 70. Con estas dos recomendaciones, este blog amigo del cine cumple su deuda con el maestro sueco sin tener que jugar al ajedrez con un tío feo disfrazado de monje.

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1 comentario

anro -

Me alegro de tu sinceridad que te despoja de ese sonrojante matiz intelectualoide que muchos esgrimen cuando hay que glosar una figura. Dicho esto, tu mirada hacia Bergman no hace sino confirmar lo que rumío para mí msmo. ¿Le interesa a la nueva generación que le hablen del universo bergniano?.....Yo, por mi parte voy a intentar homenajear a mi modo al maestro, pero creo que voy a quedar como un viejo especimen de "Arte y Ensayo"
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