Blogia
El Blog de Sergio del Molino

LOS SUEÑOS CUMPLIDOS A MEDIAS

LOS SUEÑOS CUMPLIDOS A MEDIAS

Zaragoza es una ciudad difícil. Abierta y cerrada al mismo tiempo. Apenas se deja conocer, tienes que ir adivinándola esquina a esquina, abstrayéndote de sus pegotes desarrollistas, de sus moles fascistoides y de su cierzo fastidioso. Cambia constantemente y sobrevive travistiéndose a los golpes que le da el poder, ya esté éste formado por los fariseos nativos de comilona y siesta en el puticlub o por esa nueva oligarquía caciquil que hace y deshace en la ciudad oteándola desde valles con pistas de esquí o desde somontanos tapizados de vides.

Se suele considerar una virtud tener unas convicciones a prueba de trilita, pero yo ando cada día más perdido desde que descubrí que es mucho más complicado observar que juzgar. Mis juicios se vuelcan cada vez más sobre el núcleo de lo evidente. Mi indignación y mi alegría proceden de lo básico, de lo primario. Tengo claro que debo despreciar a un torturador y admirar a quien sea capaz de escribir algo que me emocione, pero creo que no logro pasar de ahí. Por eso no sé si lo que sucede con la casa del doctor Lozano Blesa debe indignarme, alegrarme o dejarme indiferente. Creo que sólo me pincha un poco en el estómago.

Paso todos los días varias veces por delante de la casa y me he convertido en un experto de sus biorritmos, si es que las casas, que son como animales de compañía, gastan de eso. Es un palacete que muchos zaragozanos ignoran, una joyita perdida en el centro que sale en pocas guías y que parece puesta ahí para el disfrute de los grandes conocedores de la ciudad. No sé si yo pertenezco a ese grupo, pero he hecho méritos para pertenecer a él. Méritos como peatón pateador, como lector senderiano y como borracho empeñado en encontrar un abrevadero abierto un lunes a las cinco de la madrugada. El palacio es uno de los últimos chalets modernistas que quedan en el Paseo de Sagasta, y está encajonado entre un edificio moderno y la monstruosa mole fascista de la Confederación Hidrográfica. Tiene un pequeño jardín arruinado en el lado del paseo, y otro más grande en la parte trasera, tapiado con un muro alto. Es precisamente en ese jardín donde van a construir un edificio de no sé cuantas plantas, para indignación de muchos. La verdad es que se van a comer el palacete por completo.

La casa fue construida por el arquitecto Félix Navarro, uno de los hacedores de la Zaragoza modernista, la que pretendía recuperar el orgullo perdido en los Sitios y lucir esplendorosa, como un París estepario, cabalgando a lomos de un liberalismo socarrón y de cabaret. Los edificios más conocidos de Navarro en Zaragoza son el Mercado Central, hecho de acero, como la Torre Eiffel, y la Escuela de Artes, que ahora van a convertir en un museo de Goya bastante desangelado, sin majas ni saturnos. Pero eso es otra historia. Félix Navarro construyó esa casa a comienzos del siglo XX para su amigo, el doctor Lozano Blesa, médico ilustrado a quien debe mucho la universidad y la sanidad locales. Por eso, uno de los hospitales de Zaragoza lleva su nombre. En el lugar confluyen dos nombres importantes de la burguesía culta y transformadora de la ciudad (que se definía cosmopolita y liberal, en oposición al carlismo cazurro que imperaba en el campo aragonés), conectada con las grandes corrientes europeas y más pendiente de la expansión de Barcelona que del marasmo de Madrid. Fue la burguesía que se empeñó en abrir el paso ferroviario de Canfranc para sentir más cerca el viento de los bulevares parisinos.

La casa sigue perteneciendo a los descendientes de esa estirpe de burgueses irrepetibles, la que adivinó Ramón J. Sender cuando era un adolescente en Zaragoza y la que retrató en La Quinta Julieta (tercera parte de Crónica del Alba). No sé si la habitarán los nietos o los bisnietos del doctor, pero quien quiera que sea, roza el ascetismo o vive en la melancolía de los gatopardos. No sólo el jardín está descuidado, sino que algunos vidrios rotos delatan el abandono de parte de las plantas de arriba. Las columnas del portal, dedicadas a Pareto, Servet y otros médicos ilustres, están cubiertas de mugre y de pintadas. Se intuye el polvo que flotará por parte de la casa. Imagino las sábanas que cubrirán algunos muebles, insinuando perfiles de mecedoras, canapés y algún piano. He pensado alguna vez en inventar un reportaje como excusa para que me dejen entrar y cotillear por los rincones, pero no me he atrevido a desentrañar la sutil red de relaciones sociales que une a las familias poderosas de Zaragoza. Porque los Lozano Blesa siguen siendo una de esas familias.

A deshoras y con premura, he llegado a ver cómo entraba una criada con cofia de servidumbre añeja. Y he imaginado sus manos lavando platas centenarias que ya no lucen en ninguna fiesta. Pero hay un detalle que casi me llega a sobrecoger. Por la noche, una luz tenue ilumina el recibidor. Se ve a través de la vidriera. He pasado muchas madrugadas por delante, con distintos niveles de alcohol en sangre. A la una, a las dos, a las tres, con el resplandor del amanecer... Siempre está encendida. Parece la lucecita aquella del Pardo, pero no sé a quién vela o a quién controla esta bombilla.

Ahora se van a cargar el jardín. Un jardín misterioso tan grande como la casa. La constructora ya ha asentado sus reales y dentro de poco la zona cambiará. No sé qué pensar, la verdad. Me gusta el Paseo de Sagasta y no sé si quiero que cambien su entorno. A veces lo recorro sin motivo hasta el Parque Pignatelli. Me gustan sus árboles y me gusta su nombre, muy bien elegido, muy acorde con quienes pusieron en pie esa parte de la ciudad (durante el franquismo se llamó ignominiosamente General Mola, pero sobrevivió a ese nombre, que no logró asfixiarlo ni convertirlo en patio de desfiles). Camino por el andador central y me fijo en los balcones de las fachadas de Albiñana. Albiñana fue un arquitecto desgraciado. También liberal, transformador y hedonista. Le fusilaron en 1936 por republicano. Murió joven. Me da pena pensar que pocos de los miles de transeúntes que desfilan por esos balcones saben quién fue Albiñana. Ni el doctor Lozano Blesa. Ni Félix Navarro. Son unos pocos metros en los que todavía se respiran los aires truncados de los sueños nunca cumplidos. O cumplidos a medias, que es la peor forma de cumplir un sueño. ¿Qué pensarían ellos de la Expo? ¿Qué pensarían ellos de esta ciudad difícil que se desparrama por la estepa y que acabará saliéndose de los márgenes del valle?

¿A quién ilumina la luz del recibidor de Lozano Blesa?

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

9 comentarios

Natalia -

He vivido muchos años en Sagasta y he pensado todo lo que has escrito un millón de veces.Soy profesora y a veces imagino esa casa limpia ,cuidada y llena de niños siendo un colegio.

Enrique -

Magnífico post.

Javier -

Muy paradójico.

El difunto harinero Solans dudó entre construír su chalet en el solar de la hoy CHE, o en su actual ubicación; ahora viene a resultar que el de Solans sobrevive y el de Lozano Blesa agoniza.

En la calle Alar del Rey había un chalet que parecía sacado de un cuento de fantasía. El Pº Sagasta no ha sido el único desmán o tropelía urbanística zaragozana... por desgracia.

¡Genial el post!

Si las piedras hablaran -

pues sí que es buena idea hacer un reportaje sobre la casa desde su construcción hasta hoy . Hace unos años salió su hija en el periódico pero ella estudió letras y estaba en Madrid. En 1969 o 70 me extirparon l´apéndice allí pues esa casa era su clínica y lo veía en su visita rutinaria alto ,apuesto y con capa,el colmo de la elegancia

Gea -

Vaya! Desconocía completamente que esa 'villa' de Sagasta hubiera pertenecido a Lozano Blesa. En eso de la luz, chico, no me he fijado nunca... Tendré que pasar un día por allí, con las venas algo etílicas a ver si veo algo y puedo responder a tu pregunta.

Por cierto, el portal que hace esquina con el Camino de las Torres conserva la denominación de 'General Mola' junto al número.

Javivi -

Grande, Sergio. Un escrito precioso. El año pasado intentaron hacerle justicia a Albiñana en el Colegio de Arquitectos, pero a mí me supo a poco.

Javier López Clemente -

No podría decir si es leyenda o noticia fetén pero en una de las puntas que guardan esos jardines una niña quedó ensartada por el paladar.
De la luz... no se nada pero tal vez una de eas noches podrías intentar robar el recibo de ERZ introducido en el buzón.

Salu2 Córneos.

S. del Molino -

Gracias, Anro!, pero mi cumpleaños es mañana jueves, y creo que lo celebraré en la playa.

anro -

Joder, tío, hoy por se tu cumple te has levantado lampedusiano y viscontiniano. Parece mentira, que un tío joven como tú enrede por estos aparatos esas reflexiones. En fin, eso me da muchas esperanzas.
En realidad, hoy solo quería felicitarte por tu cumple, y por muchas cosas más. Te deseo que cabalgues muchos años más, vale la pena, te lo aseguro yo.
Un fuerte abrazote ( y lárgate un buen chorro de ron)
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres