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El Blog de Sergio del Molino

CATALÁN Y RICO

CATALÁN Y RICO

Vengo de Jaca, de asisitir a un muy interesante curso sobre novela española del siglo XXI organizado por la Universidad de Zaragoza y en el que han participado escritores, críticos, editores y agentes literarios que han debatido y analizado la situación actual de la narrativa y del mundillo literario españoles. No voy a dejar constancia de todo lo que se ha dicho, aunque seguro que daría para animar más de un debate en este garito electrónico, pero he salido con la sensación de que vivimos un momento complicado, con unas coordenadas confusas y una creciente incapacidad para diferenciar entre literatura y mercado editorial literario. En fin, que como diría alguna fandanguera -en plata, para desengrasar un poco el empacho de altos vuelos dialécticos que me he metido para el cuerpo este fin de semana-, que "no tengo el chocho pa farolillos" y me veo incapaz de escribir con sensatez sobre el tema. Quizá vayan saliendo pinceladas en próximos días.

Hoy sólo quiero recoger por escrito, antes de que se las lleve el viento, un par de perlas lanzadas por Constantino Bértolo, uno de los editores por cuyos favores suspiran (¿suspiramos?) los aprendices de escribidor de este país con cierta querencia por la exquisitez (qué cursi me ha quedado eso, pero no pienso borrarlo).

La ponencia de Bértolo se titulaba "El editor atento. El descubrimiento de nuevos valores", y en ella contó un poco por encima en qué consiste su labor dentro del entramado del mundillo y cómo pueden acceder al mercado nuevos nombres que no busquen pegar un pelotazo con una novela histórica o con cuentos de piratas en los mares del sur. Cito los momentos estelares de su brillante -y descarnadamente ilustrador- discurso. Los reproduzco sin miedo porque fueron pronunciados en una tribuna y con micrófono, así que entiendo que son completamente públicos y publicables:

"Cuando me preguntan qué hace falta para ser un buen editor independiente en este país yo siempre respondo que hay que ser catalán y rico. Porque, el editor atento, primero tiene que serlo en el sentido antiguo del término, de 'qué atento es este caballero', y si tienes un chalet en Pedralbes con un salón amplio y un buen jardín, puedes ser muy atento con el director general de turno, el crítico del suplemento literario que corresponda y el editor francés que interese en ese momento. Si tienes un piso, no te cabe tanta gente ni puedes ofrecer una cena en condiciones".

"Luego hay gente que se sorprende de que un autor se ponga de moda simultáneamente en cuatro países. Y yo les digo: 'Coño, pues haber estado en la cena en la que se habló'".

"Las cartas de presentación que acompañan los manuscritos que llegan a una editorial son el género literario más difícil al que se enfrenta un escritor. Habría que publicar una antología. Muchas vienen con frases del tipo 'a Vila-Matas le ha gustado mucho y cree que te va a interesar'. Coño, pues si le ha gustado tanto, ¿por qué no se la recomienda a su editor en vez de enviármela a mí?".

"Muchas veces, las recomendaciones sirven para descartar, según quién las haga. También es verdad que si un escritor del que te fías te recomienda un manuscrito, lo pones por delante en el orden de lectura, aunque eso no garantice nada. No es cierto que no sirvan de nada. Si un autor que vende 300.000 ejemplares va a su editorial con el libro de su amigo, la novela sale al día siguiente, y sin necesidad de que nadie la lea. Claro que, escritores así, hay pocos en este país".

"Cuando trabajaba en Debate (donde dirigía la colección Punto de Partida en los años 90, cantera de jóvenes talentos que empiezan a dejar de serlo. A dejar de ser jóvenes, digo) tenía un buen equipo de lectores profesionales a mi cargo. Yo hacía una primera criba, que a veces se hace sin abrir el manuscrito, con el simple título, o con la presentación, si viene muy desastrado o lleva una errata en la primera línea... O incluso con las dedicatorias. Los autores no se dan cuenta de que las dedicatorias también son texto, y si tú abres un manuscrito que empieza diciendo 'A mi novia, que tanto se ha sacrificado por mí y esas cosas', no dan ganas de seguir leyendo. Por no hablar de las citas: una cita dice mucho del autor que la selecciona. Bueno, cuando hacía esa criba, los que la superaban, más o menos la mitad, pasaban a los lectores, que me los devolvían con un informe. El informe consistía en una descripción del argumento y una valoración literaria. En realidad, lo de la valoración literaria lo ponía para que los lectores pudiesen demostrar su oficio crítico y quedarse tranquilos, pero lo que a mí de verdad me interesaba era saber cómo habían resumido la trama, pues en esas frases es donde dejaban caer los juicios de valor reales. Y no siempre un mal informe descalificaba un manuscrito. Si a un lector le había parecido una novela 'horrible' o 'irritante'... En fin, una novela que tiene la capacidad de irritar merece un vistazo".

"Si tu manuscrito ha pasado por todas las editoriales y ha sido rechazado en todas, cámbiale el título y vuelve a hacer la ronda. Probablemente va a caer en lectores diferentes y es posible que encuentres uno que le guste y lo recomiende".

He aquí toda una guía práctica sobre el mundo editorial, en seis párrafos.

Foto: un extraño retrato de la escritora Belén Gopegui, pareja de Constantino Bértolo, que ha paseado también su melena gris por las calles de Jaca este fin de semana.

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3 comentarios

Diego de Rivas -

Sergio, gracias por la crónica que es muy buena. También la transcripción de las palabras de Bértolo, un tipo que habla sobre lo que sabe.

Saludos

m ; ) -

Muchas gracias, Sergio. Por lo de ayer y también por esta crónica.

Javier López Clemente -

Constantino Bértolo, por lo leído, es un conferenciante brillante y el autor de la entrada un buen oyente.

Salu2 córneos
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