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El Blog de Sergio del Molino

MANUSCRITO HALLADO EN UN E-MAIL

MANUSCRITO HALLADO EN UN E-MAIL

Tengo que renovar dos libros porque están hechos un asco de tanto sobarlos. Vuelvo a ellos cada vez que necesito un chute de algo bueno, como cuando me meto al cuerpo una buena sacudida eléctrica guitarrera que me ponga las pilas. Una sesión de sucio rock sureño me pone a tono, y un paseo por las páginas de uno de esos dos libros me devuelve un poco el equilibrio, como a José Coronado los yogures esos que anuncia. Mañana, que he programado un meticuloso y egoísta día de holganza dedicado exclusivamente a mí, me pasaré por una librería a renovarlos y a pertrecharme de más material.

Son los dos clasicones tomos de los cuentos completos de Poe traducidos por Julio Cortázar. Me gustan por Poe y me gustan por el traductor, que los puso en castellano en Italia, mientras le daba al vino que pagaba Francisco Ayala (quien le había encargado la traducción a cuenta de la Universidad de Puerto Rico, y tal). Me gusta mucho el relato de Brian Wilson y su aterrador y desconcertante doble, y me encanta cuando los dos se encuentran en la partida de cartas de aquel siniestro college, pero todavía disfruto más cuando me leo seguidos dos cuentos hermanos: Manuscrito hallado en una botella y Manuscrito hallado en un bolsillo. El primero es de Poe y el segundo, de Cortázar.

El primero es lo que dice su título: el relato de un náufrago rescatado por un extraño barco pirata en el que nada parece ser lo que es. El narrador ha arrojado la botella al mar con la esperanza de que alguien le rescate de ese infierno flotante en el que está preso. El segundo pertenece a la última época de Cortázar -la menos interesante: a don Julio le pasa como a los croissants, que los cuernos del principio y el final son desechables y lo sabroso de su obra está en los años centrales de su vida- y salió publicado en Octaedro. Allí trata de darle una vuelta de tuerca más a su versión geométrica del azar, a cómo el destino puede unir a dos personas, tal y como hacían la Maga y Oliveira en Rayuela, trazando itinerarios absurdos en el plano de París y esperando encontrarse en una esquina por puro azar. Son cosas que tienen que ver con las obsesiones hindúes de Cortázar, con los mandalas que tanto le gustaban y que le descubrió Octavio Paz. En Manuscrito hallado en un bolsillo, el prota-narrador es un obsesivo y ambiguo tipo que espera cazar a una mujer en el metro de París. Él entra en el metro pensando un itinerario cualquiera, con sus trasbordos correspondientes y, en un momento dado, se fija en una mujer que le llama la atención. En ese momento, empieza a perseguirla, pero con una norma: sólo la seguirá si ella hace el mismo itinerario que él lleva en la cabeza. No contaré más, porque la historia se complica.

Lo importante es que ambos cuentos (el de Cortázar es un juego-homenaje sobre el de Poe) hablan de la angustia de la predestinación, de la obsesión por encontrar una salida, una explicación o un simple consuelo al camino que inexorablemente seguimos, dado que estamos vivos y no elegimos estarlo y esas cosas. Hablan de lo mismo sin parecerse en nada: ni en estilo ni en tema ni en forma. Eso es literatura, saber plantear las preguntas y enfocar las mil posibles respuestas de forma que estén ancladas en el tiempo en el que se plantea. Por eso tienen razón los que dicen que ya se han escrito todas las historias. Claro que sí: las escribió Homero hace 26 siglos. Nada nuevo se ha planteado desde entonces. Donde se equivocan es en que es inútil seguir escribiendo si ya está todo dicho, por la sencilla razón de que lo han dicho otros y no nosotros, y cada generación, por pura supervivencia, tiene que construir sus mitos y contarse a sí misma. Por eso, a mí, la literatura contemporánea me interesa en la medida en que traduce a mi tiempo los universales que conforman nuestra condición humana. Lo demás -moderneces pijas, polifonías, tonterías varias-, me la resopla. Ése es el verdadero espíritu del Quijote. Quizá a otros les interese leer por otros motivos, para tirarse el pisto de eruditos o para mejorar su vocabulario, como hacía Homer Simpson. Para mí, la literatura sólo sirve para anclarnos a nuestro tiempo. Y ahora necesitamos manuscritos hallados en un e-mail, aunque sean materialmente imposibles.

Foto: sí, Poe tenía cara de amargado estreñido, pero qué quereis, si no le publicaba nadie, tenía el hígado reventado por el alcohol y, encima, estaba casado con una prima retrasada mental. Su panorama vital no era como para sonreirle al pajarito.

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6 comentarios

E. A. Poe -

El día de la foto había dormido muy mal. Soñé con un cuervo y cuando desperté todavía estaba ahí.

Anakrix -

¿Cara de amargado estreñido? No sé, pobre hombre, a mí más bien me parece que tiene cara de estar muy triste...

La prima de Poe -

Yo tampoco sonreía al pajarito de Edgar.

Severiano -

...ahora necesitamos manuscritos hallados en un e-mail, aunque sean materialmente imposibles...

No tan imposibles, el otro día nos pusiste un manuscrito encontrado en un blog.

manuel -

en defensa del croissant he de decir que a mi lo que más me gusta son las puntas (no los llamaré cuernos)
...por protestar, nada más. :-)

Gabriel -

Yo también tengo ese libro, desde que tenía 14 ó 15 años, no se.
A mi me aterró el cuento del pozo y el péndulo, y el corazón delator. También he vuelto a ellos alguna que otra vez.
Grandes joyas, pero estamos hablando de dos monstruos, Poe y Cortázar, al menos para mi
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