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El Blog de Sergio del Molino

SEÑORAS Y PERIÓDICOS

SEÑORAS Y PERIÓDICOS

Con la lluvia no sólo salen las setas. Los chaparrones hacen brotar una especie urbana que hiberna en su madriguera el resto del tiempo: las señoras con paraguas. Parecen señoras normales, como las que ves a diario, con su permanente, su laca y sus pendientes de oro que pueden usar eventualmente como arma arrojadiza contra algún joven drogadizo, pero son una especie distinta. Las que llevan paraguas van más reconcentradas en sí mismas, aunque, en realidad, están fingiendo para que sus víctimas se confíen. En las aceras, se colocan estratégicamente debajo de los aleros y salientes para que los que vamos sin paraguas no nos podamos resguardar de la lluvia. Al acercarse a nosotros, no sólo no ceden el cobijo del alero (si ya llevan paraguas, ¿para qué van pegadas a la pared? Son pura maldad), sino que realizan sutiles movimientos de kung fu para intentar clavarte una varilla en un ojo. Hay que ser muy rápido para esquivar sus silenciosos ataques. Si te las encuentras en una acera estrecha y avanzan en tu misma dirección, no puedes adelantarlas. Como los murciélagos, tienen un radar en el culo que les indica por qué lado intentas rebasarlas y te cortan el paso. Hasta que no te has empapado hasta los calzoncillos, no te sueltan. Y una última característica: si te toca esperar en un paso de cebra junto a ellas, el autobús que pasa pisando el charco pringa a todos menos a ellas: tienen inmunidad municipal porque las cría el propio Ayuntamiento para mantenernos irritados y activos. Por suerte, cuando escampa, huyen como ratas a las cloacas de las que han salido, donde esperan agazapadas a que el cielo se nuble otra vez.

Pero hoy, día lluvioso, no sólo me he tropezado con esos entes de pura maldad. También he podido por fin adquirir un ejemplar de Público. Resulta que se han acabado ya las promociones y, si antes se agotaban a las nueve de la madrugada (sí, para mí son de la madrugada y no de la mañana: me levanto tarde, qué pasa, ¿pero a que ninguno de los madrugadores curritos que me maldice se acuerda de mí cuando está sentadito en su sofá a las 11 de la noche y yo todavía ando quemándome las pestañas en la redacción? ¿No? Pues yo sí que me acuerdo de ellos cuando por casualidad me desvelo, miro el reloj y veo que son las 7 o las 8. Me doy media vuelta y pienso: con la que debe de estar cayendo ahí fuera, pobres pringaos. Y os dedico un sueñecito remolón. Fin de este largo paréntesis absolutamente inadecuado), hoy a las once mi kiosquero tenía el taco prácticamente sin vender. Me ha dado miedo: si en una semana de tirar la casa por la ventana regalando deuvedeses no han logrado fidelizar al menos al 30 o al 40 por ciento de esos compradores, las cosas pueden empezar a pintar mal. Pero no se desesperen: habrá que esperar a que la cosa cuaje. Sinceramente, creo que tienen una audiencia potencial real, vamos, lo que en marketing llaman "nicho de mercado" (que a mí me suena a entierro de sardinas). Tiempo al tiempo.

Ya hay algunos que, por lo bajini, me han pedido una valoración pública de Público, pero no me parece elegante hacerla por dos motivos. Primero, porque pertenezco al gremio, y ya sabéis el dicho de que entre bomberos no hay que pisarse la manguera -aunque en este blog he tenido pocos pelos en la lengua a la hora de hablar de periodismo-, y segundo, porque tengo algunos amigos trabajando allí, a los que admiro y respeto, y mi opinión no es imparcial. Además, habría gente que pensaría que me guardo algo en la manga, que sé más de lo que quiero decir y esas chorradas. Así que me limitaré a lanzar un gran topicazo, pero que nunca está de más: hacer bien un periódico es muy chungo, incluso aunque te rodees de los mejores profesionales posibles y dispongas de una pasta gansa para tirar papel sin conocimiento. El capital y el talento importan, pero no garantizan por sí solos ni las ventas ni los resultados (entendiendo por resultados que el periódico sea lo que profesionalmente entendemos por un buen producto, al margen de que reciba o no el favor de la audiencia, que ya se sabe que va a su bola). Quizá esperamos demasiado de lo que, a fin de cuentas, no es más que eso: un periódico. Ni más ni menos, ojo.

Ya he dicho que tengo gripe, y al desorden de mi cabeza se le junta el de mis libros. Soy incapaz de encontrar (ni de recordar el autor) un libro de uno de estos venerables periodistas ingleses que intentan enseñar qué cogno es el periodismo a las duras molleras de los que tratamos de ejercerlo. Entre muchas cosas llenas de británico y sobrio sentido común, este pobre hombre, al que por lo visto casi he olvidado, venía a decir que todos los periódicos del mundo deberían llevar en un sitio bien visible una advertencia parecida a esta: "Este diario se ha confeccionado en un plazo aproximado de 10 o 12 horas por un grupo de profesionales que, ante todo, son personas, y como tales, falibles. Con los medios de que disponen, sus capacidades intelectuales y sus dotes profesionales, han realizado el mejor producto posible. Por supuesto, es incompleto y está lleno de errores fruto de las prisas y de las circunstancias, pero trataremos de subsanarlos en la siguiente edición". Los malintencionados dirán que "excusatio non petita, accusatio manifesta", o que reconocer que eres lerdo no te excusa de ser un lerdo. Tienen razón, pero mi respuesta es simple e infantil: que intenten hacer un reportaje, uno solo, a ver qué maravilla paren sus privilegiadas meninges. No hay nada fácil en esta vida, y la profesión está muy malita últimamente.

Y paro aquí, que creo que me ha subido la fiebre.  

Foto: andaba buscando en los libros una buena estampa de una calle lluviosa y tal, pero hojeando un catálogo me he tropezado con esta maravilla y he sentido el impulso de gritarla al mundo, aunque no tenga nada que ver con los disparates que digo en el texto. Se titula "Un hombre jubilado y su esposa en su casa de un campo nudista en Nueva Jersey". La hizo la gran fotógrafa Diane Arbus en 1963. ¿A que mola un montón?

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2 comentarios

álvaro ortiz -

aún no he podido leer público, diane arbus era la mejor, y cúrese la gripe, caballero!

Anakrix -

Un consejo para defenderte de las señoras con paraguas: hay que tener decisión y no dejarles ni un hueco, por mucho que se dirijan hacia tí, paraguas en mano, bien pegadas a la pared. Como dice una amiga, son como los autobuses urbanos... ¡al final siempre se apartan ellas!
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