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El Blog de Sergio del Molino

SOMARDA

SOMARDA

No hay intelectual catalán (militantemente catalán, se entiende) que no aproveche la excusa más tonta para reseñar que la lengua de Josep Pla tiene un verbo y un sustantivo intraducibles. El verbo enraonar y el sustantivo seny. Dicen que estos vocablos no tienen equivalente castellano y, en su defecto, se traducen por "charlar" y "sensatez". Es verdad que es una traducción cogida por los pelos y que enraonar hace alusión a una forma específica de conversar, a una actitud entre dos conversadores, y que seny tiene unas connotaciones semánticas pragmáticas, oportunistas y casi maquiavélicas que no posee la palabra castellana "sensatez". De acuerdo: cada lengua tiene sutilezas imposibles de decir en otras lenguas, pero es que los catalanes ejercientes tienden a poner estos dos vocablos como ejemplo de que existe una forma de pensar genuinamente catalana. Ya saben, la filosofía del lenguaje, el señor Wittgenstein y todos esos rollos. Pos bueno, pos fale, pos malegro.

En Aragón hay un caso idéntico a los de enraonar y seny, pero adelanto desde ya que no creo que demuestre la existencia de una forma aragonesa de pensar. Es la palabra "somarda", que intuyo que será uno de los pocos detritus léxicos que han quedado de la lengua aragonesa, que dejó de hablarse en el siglo XV, cuando fue sustituida por el castellano como lengua culta (aunque se ha mantenido hasta hoy en algunos valles pirenaicos, con variantes ya muy débiles). Un somarda es un socarrón, un irónico sin llegar a ser cínico, un tipo al que le gusta tomar el pelo a los demás y que sabe sacar punta, que extrae la esencia de una gran verdad a la que los filósofos han dedicado tratados enteros y la concentra en una sola frase. No existe equivalente castellano exacto. Además de ser una palabra estupenda, es el principal atributo del sentido del humor aragonés. 

Porque así como creo que atribuir una forma de pensamiento autóctona en función de dos o tres palabros peculiares es de un aldeanismo muy tontuno, sí que estoy convencido de que el sentido del humor adquiere tonalidades distintas en función del paisaje y del paisanaje. El humor es como los acentos y dialectos de una lengua: los siglos dejan un poso en él en forma de implícitos compartidos por una comunidad que los de fuera deben aprender si quieren formar parte de ella con todas las de la ley. Decía Cortázar que toda ciudad exige un peaje de unos años hasta que te haces con ella, y parte de las tasas que pagas consiste en hacerte con los mecanismos del humor local. Elvira Lindo dijo el otro día en un artículo que no estás realmente inmerso en una cultura extranjera hasta que no te ríes de los chistes al mismo tiempo que los demás. Es cierto. Y, en el caso de Aragón, nadie puede sentirse realmente parte de esta tierra hasta que no es capaz de reconocer a un somarda al primer golpe de vista. Eso es integración, y lo demás, chorradas.

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Han sobrevivido los aragoneses a las desgracias y miserias de su historia gracias a su espíritu somarda o lo han desarrollado como medida defensiva ante los chuzos de punta que la historia les ha arrojado? Porque Aragón es un lugar muy desgraciado que sólo en los últimos 20 años ha empezado a resultar atractivo, cómodo y habitable. Antes, la gente salía huyendo del hambre, del adobe, de los guerracivilismos enquistados, del cierzo y de los caciques. Y lo cierto es que aquí he percibido siempre una distancia y una ironía sana y bonachona al enfrentarse a las cosas que no he encontrado en otros sitios. 

El somardismo, y no los chistes de faja y bota de vino que ya nadie cuenta, es lo que define el sentido del humor de los aragoneses. Se lo decía Cano (a quien le he leído dos o tres monumentos del humor que merecerían estar en todas las antologías, aunque otros días no haya dios que lo entienda) a mi querida Ana Usieto en un reportaje hace unas semanas. Preguntado sobre si existe o no un humor aragonés, Cano puso dos ejemplos típicos sacados de su anecdotario erudito:

Cuando Alejandro Magno se encontró con Diógenes, le preguntó: "¿Quieres algo de mí?". Y el filósofo le dijo: "Que te apartes, que me quitas el sol".

Pregunta a un rabino: "¿Qué es peor, la ignorancia o la indiferencia?". Respuesta del rabino: "Ni lo sé ni me importa".

Diógenes y el rabino, he aquí dos grandes somardas dignos de Aragón. Y lo demás, los ruralismos, las boinas y los gritos, al armario de los tópicos de donde nunca debieron salir. 

PS: Para los que no sepáis por qué he escrito esto, se trata de la continuación del debate sobre humor aragonés empezada en los comentarios del anterior post. 

Foto: el gran Supermaño, creación del inigualable genio Alberto Calvo, que es también autor de esa caricatura pequeñita mía que hay en la barra de la derecha, debajo del Acerca de.
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11 comentarios

Oz somardilla -

Somarda era mi abuelo, que, quejándose de las disipadas costumbres de la juventud daba en decir: "Desde luego, para jóvenes los de antes, y para viejos... ¡los de ahora!"
En ocasiones, como aprendiz de somarda, colecciono bonitos ejemplos de esta castiza actitud. He aquí un par: http://oz.izarbe.com/suicidiario/?p=236 y http://oz.izarbe.com/suicidiario/?p=293

lexico -

Hay una web a la que soy asiduo que se llama Somarda. Como no es de humor:

htpp://www.somarda.com

Enrique -

Juan Royo, un saludo de parte de otro de Sol de España. Enrique.

juanroyo -

al hilo de lo que comentais, el gran curro fatas decía que el humor aragonés es socarrón pero si cambias una "r" por una "b" encaja mucho mejor, jeje, por cierto: http://juanroyo.blogspot.com/2007/10/nacho-casanova-en-zaragoza.html

Enrique -

Me parece muy interesante lo que escribes y da que pensar. Sí, creo que es muy cierta esa deformación de Cano o Calvo. Los espejos del Callejón del Gato, en definitiva, remiten a Goya -otro aragonés- que destroza todo en su aguafuerte y el somardismo roza ya la desolación y el sarcasmo. Quizá de todas formas sea un amor/odio a nosotros mismos, dobles personalidades, como cuenta Cano en "El esquizoide acarácter aragonés". Vamos, una coña marinera, pura somardería.

S. del Molino brasas -

Ah, y por "resortes distintos" sólo quiero decir distintos, ni mejores ni peores, ni más o menos inteligentes o mordaces que otros. Ya he dicho que esto es como los acentos: color local, nada que ver con la agudeza o el ingenio, que son propios de las personas humanas individuales y no de las culturas.

S. del Molino -

Es muy interesante lo que apuntas. Por supuesto que todo se imbrica y se interrelaciona. Los departamentos estancos no existen, pero de tu comentario extraigo la segunda característica principal del humor aragonés (ahora hablo del humor "refinado", el de los "profesionales", no el de la calle): su quijotismo. Quijotismo en el sentido de que reacciona contra el baturrismo y lo enfrenta a su espejo esperpéntico hasta destruirlo, como Cervantes con los tópicos de los libros de caballerías. Es lo que hacen Cano y Alberto Calvo, por ejemplo. Alguna vez lo he hablado con Calvo: Supermaño pasa por ser una especie de Quijote, un personaje construido a base de costrones de tópicos caducos, una parodia costumbrista colocada en medio de un Aragón real y contemporáneo que revienta el baturrismo.
Y por supuesto que hay muchas cosas sin gracia en muchos presuntos humoristas aragoneses, pero yo me refería más a una actitud generalizada, a una forma de reírse de la vida, un estilo con sello de origen, que actúa con unos resortes distintos a los que se dan en una taberna de Sevilla, un bar de Chamberí o una tasca de la Barceloneta.

Enrique -

Estoy muy de acuerdo con lo que escribes en este "post". No pretendo pasar por el defensor del baturrismo del XIX y del XX por la simple razón de que no pienso así, no pienso que sea algo de lo que haya que estar orgulloso, ni que merezca una vindicación en los momentos actuales. Como dije en algún comentario del "post" anterior, simplemente pienso que algunas cosas no pueden despacharse sin más diciendo "esto sí" y "esto no". Del mismo modo que decía que puede haber algún punto de somardismo y aledaños en Martínez Soria o en los cuentos regionalistas de Casañal Shakery o de López Allué, también puede haber mucho despojo inútil en el supuesto depurado humor aragonés de hoy. Si tengo que elegir, por supuesto que me quedo con el humor aragonés (o hecho en Aragón) de ahora: es el humor de mi tiempo; lo otro puede ser bueno o no, pero nace en otra época, en otra sociedad, etc., no conecta con el público de hoy, más que como reliquia del pasado. Hoy nadie hace un retablo renacentista, pero es tonto negar su posible influencia en el arte actual (aunque sea, incluso, para ser rebatido). Por eso mismo, veo absurdo no trazar cierta línea entre los personajes de los cuentos costumbristas aragoneses (somardas, a veces) y el Supermaño de Alberto Calvo, por poner un ejemplo. Ojo, tampoco tengo la opinión de que la época lo justifique todo como salvoconducto: del mismo período histórico, entendido ampliamente, son "La ciudad no es para mí" y "El discreto encanto de la burguesía": sobran comentarios: dos aragoneses. Por otra parte, lo folclórico aragonés en ocasiones fue unido a vidas marcadas por el progresismo y el liberalismo, como fue el caso de Eusebio Blasco. Precisamente el genial y somarda Cano, a quien citas, trae a colación a Blasco en su divertidísima "Zaragoza" como creador de la palabra "suripanta" y ciertamente algo somarda debía de ser este Blasco cuando, tal y como cuenta la Gran Enciclopedia Aragonesa, pretendía que su epitafio en su tumba de Torrero (no hubo ni epitafio, ni enterramiento en Zaragoza) fuera éste: "Aquí yace un caballero que jamás tuvo caballo, y que se murió de risa viendo a sus conciudadanos". Bueno, total, a lo que iba, que simplemente mi opinión es que en lo pasado, rancio y caduco muchas veces, pueden encontrarse en ocasiones algunas cosas válidas para hoy o, al menos, el germen de ciertas realidades actuales. Nada más. Perdón por la extensión y la brasa que doy en este comentario. Definitivamente, tengo que crearme un blog.

Severiano -

"la lengua aragonesa, que dejó de hablarse en el siglo XV, cuando fue sustituida por el castellano como lengua culta"

Sin ánimo de polemizar, el castellano es utilizado mucho más como lengua inculta.

Anakrix -

...ah, y con espíritu somarda, por ejemplo, se pueden hacer muchas, pero muchas risas, del "fusilamiento" de la Virgen del Pilar que contabas en el post anterior.

Anakrix -

El espíritu somarda es una de esas cosas que te hacen sentir orgulloso de ser aragonés y que, en mi humilde opinion, representa mucho más a esta tierra que los chistes de Paco Martínez Soria. Lo suyo es gracioso de puro cazurro, pero el cazurrismo se da aquí y en Albacete. No es exclusivo de nadie.
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