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El Blog de Sergio del Molino

GINEBRA SOLA O CON TÓNICA

Después de toda una vida bebiendo ginebra con tónica, ya anciano y desahuciado, descubre que le gusta mucho más el sabor de la ginebra sola. "Demasiado tarde para cambiar de gustos", piensa, y a mí me entran ganas de dejar el libro en el suelo, levantarme y aplaudir. Qué grande es un buen escritor cuando es grande. Momentos como ése, en el que un simple chasquido de lengua abre el abismo de toda una vida, hacen que perdones la pedantería, la egomanía, los adjetivos manidos, los errores de cronología histórica y hasta las inconsistencias en la construcción de la novela. John Banville es grande por momentos como ese, por personajes que descubren demasiado tarde que han estado bebiendo una combinación que no les iba, y no les queda más remedio que aceptarlo.

El personaje del que hablo es el protagonista de El intocable, una novela sobre los espías de Cambridge que pasaron secretos de Estado británicos a la URSS. El espía, que hace mucho que dejó de serlo, es una eminencia que ha sido descubierta y está sufriendo la vergüenza pública y el acoso de la prensa. Lo ha perdido todo: su posición de caballero del Imperio británico, sus cargos públicos, sus prebendas, su relación con la familia real... Sólo le queda una historia de cinismo y su cuadro favorito: La muerte de Séneca, de su idolatrado Poussin. El descubierto espía, un vejestorio abandonado y despreciado, aprovecha el ambiguo interés de una presunta escritora que quiere escribir su biografía para evocar en primera persona los oscuros recovecos de su vida, llenos de episodios violentos, divertidos y tragicómicamente británicos. Y al final, todo se resume en eso, en que prefería la ginebra sola y no con tónica. Bueno, en realidad hay mucho más, que luego decís que chafo los finales y en realidad no he contado nada de la trama, pero la esencia de la alegoría está ahí.

Cada vez estoy más convencido de que las verdades más horribles de nuestra vida se nos presentan de esa forma. No es que los pequeños detalles importen, es que no hay nada más allá de los pequeños detalles. Podemos intentar vivir en un orgasmo contínuo, buscando el escalofrío de la experiencia, pero siempre habrá una sábana arrugada que nos dirá más sobre nosotros mismos que todas las meditaciones trascendentes del mundo.

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