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El Blog de Sergio del Molino

ESE TORITO

ESE TORITO

En 1862, Hans Christian Andersen tenía casi 60 años y era un tipo muy famoso (bueno, más que famoso, reputado) dentro y fuera de su querida Dinamarca. Por eso podía dedicarse al ocio y a viajar a gusto. Eso sí, su fama no era extensiva a España, donde muy pocos habían leído sus cuentos, así que pudo pasar desapercibido como un caballero norteño en tierras salvajes. Entró en septiembre montado en una diligencia por La Junquera. Recorrió Barcelona, Valencia, Alicante, Murcia, Cartagena, Málaga, Granada, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Toledo, Madrid y Burgos, de donde se dirigió al norte para salir por Irún. A la vuelta, escribió Viaje por España, que fue inmediatamente traducido al inglés, al francés y al alemán, con una popular edición estadounidense. El libro tuvo mucho éxito en Europa y América, por lo que puede decirse que fijó la imagen que las élites cultas de la época tenían de nuestro país.

Andersen venía con una visión de España formada por sus lecturas románticas, las de los viajeros de su generación y la inmediatamente anterior (con la ayuda de algún colaboracionista español, como Zorrilla o el Duque de Rivas, que confirmaban los tópicos en su obra). Es la imagen de un sur caribeño, lleno de gitanos con la navaja suelta y de andaluzas lascivas. Pasión y fuego, vaya. Rosas y espadas. Sin embargo, la primera gran ciudad con la que tropieza le hace cambiar de idea. De Barcelona dice que tiene unos cafés más suntuosos, agradables y concurridos que los de París. Por supuesto, encuentra escenas típicas, pero ningún bandolero le asalta en un camino (como parecía estar deseando) y la comida, lejos de destrozarle el estómago y el paladar (como esperaba: la gastronomía española tenía muy mala fama en Europa hasta hace 30 años), le parece deliciosa. Andersen se encuentra con un país más europeo de lo que pensaba, donde el progreso progresaba despacio, pero existía una voluntad de aparcar marasmos y una burguesía que empezaba a tener algo de capital para avanzar. 

El libro tiene muchos pasajes interesantes, pero hoy me quedo con esta descripción de una corrida de toros de la época, el espectáculo más horrible al que la refinada sensibilidad de Andersen se había enfrentado. Los antitaurinos pueden (podemos) usarlo como alegato a su (nuestro) favor. Es sólo un pequeñísimo extracto, que es muy larga. Luego, si tenéis ganas, lo comparáis con Fiesta de Hemingway:

"Vi cómo el cuarto toro, vomitando sangre, saltó la barrera (...). Recibió un par de estocadas mal dadas; la sangre le salía a borbotones por la boca (...). Diez caballos y cinco toros habían sido sacrificados. Aún quedaban siete por lidiar. Yo ya tenía bastante por esa vez. Tan impresionado y harto quedé, que abandoné la plaza donde -según me dijeron luego- la corrida había llegado a ser mucho más sangrienta y emocionante; fue muerto hasta el último toro. 

¡Es una diversión popular sangrienta y cruel! En esto coincidían muchos españoles. Aseguraban que no sobreviviría muchos años y que recientemente se había dirigido una petición a las Cortes solicitando su abolición".

Pues estamos como en 1862. 

PD: sello de 8 € de la portada del libro no es una pegatina. Los muy cutres lo han impreso en la portada. Se ve que a Andersen hay que ponerlo de oferta o no le hacemos caso.

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1 comentario

Javier López Clemente -

Yo pensaba que los ocho euros, salvando las distancias espacio-temporales que la física se empeña en marcar, eran el precio del viaje. No esta mal para la época.

Salu2 córneos.
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