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El Blog de Sergio del Molino

UNA CUADRA SON 129 METROS

UNA CUADRA SON 129 METROS

Todo el mundo sabe que los latinoamericanos miden las distancias en cuadras. En Argentina no hay otra forma de entenderse. ¿Cómo que algo está “a 20 minutos”? ¿A 20 minutos de quién?, nos dicen. O de qué. Porque no es lo mismo por la mañana que por la tarde, un domingo que un día de laburo, con la novia o con los amigos. Las medidas de tiempo aquí no sirven porque son absolutamente subjetivas y dependen de lo iniciado que el individuo esté en el argentinísimo arte de la demora. Un mismo recorrido puede hacerse en 20 minutos o en dos horas en función de alguna de las siguientes variables bonaerenses:

-Que aparezca un conocido en el camino al que haya que dar una buena porción de plática y, si la dicha y el día son buenos, un café y unas empanadas en un local próximo.

-Que se cruce al paso una de las miles de millones de heladerías que hay en la ciudad, y urja regalarse un cucurucho de dulce de leche y, si el camarero o camarera son simpáticos, darles su parte de conversación.

-Que se contemple un socavón en la acera, un acto incívico en un conductor o un cartel con un precio abusivo y haya que comentar con el compatriota de al lado que este país es una mierda y que con gobiernos como este no saldrá nunca del marasmo y del caos. Ocasionalmente, el comentario puede provocar un motín de piqueteros espontáneo, por lo que el recorrido puede sufrir un desvío por la Casa Rosada.

Así que es mejor calcular las distancias en cuadras, porque eso es exacto, fiable y objetivo. Una cuadra de Buenos Aires mide exactamente 129 metros, según decreto colonial español, y el plano de toda la ciudad es una cuadrícula (también según decreto colonial español).

Es una constante tranquilizadora en un país que vive de susto en susto, pendiente de la siguiente crisis. Para los argentinos, está bien tener alguna certidumbre, y hasta hoy tienen al menos dos: que Gardel canta cada día mejor y que una cuadra de Buenos Aires mide 129 metros de lado.

La medida la respetan hasta los edificios más fabulosos y fantásticos de la ciudad, como el de la foto, que he tomado esta mañana. Probablemente, el más borgiano de la ciudad de Borges. Se llama Palacio Barolo , está en la Avenida de Mayo (también llamada Pequeña España, donde los bares y restaurantes se llaman Moncloa, Cibeles o Plaza de España y sirven fabada asturiana y calamares a la romana). Lo levantó en 1923 el arquitecto italiano Mario Palanti por encargo del magnate (también italiano) Luigi Barolo, que estaba muy preocupado por los vientos de guerra que soplaban en la vieja Europa. Barolo pensó que era necesario salvar los restos de Dante de la barbarie bélica y ponerlos a salvo en Argentina. Este edificio se construyó para servir de digno mausoleo al genio.

Por supuesto, el cuerpo de Dante nunca salió de Rávena, pero el fantástico Palacio Barolo, hoy un complejo de oficinas, se construyó para orgullo de los porteños. Está estructurado según los niveles de la “Divina Comedia”. En la planta baja, que es el infierno, están las oficinas del servicio secreto argentino. Tiene 22 pisos (número de estrofas de muchos cantos de la obra) y mide exactamente 100 metros (como 100 son los cantos de la Comedia de Dante). En cada piso hay 22 u 11 oficinas, aludiendo también a las estrofas de los cantos. En el lugar más alto, donde está Dios, una cúpula digna de Gaudí con un faro en la cúspide. La leyenda dice que todos los meses de junio, la cúpula se alinea perfectamente con la Cruz del Sur. Parece un edificio hecho para un cuento de Borges, ¿no?

¿Qué más puedo decir? ¿Que vuelvo a disfrutar como el niño que espero no haber dejado de ser? ¿Que no me duelen nada las doce horas de avión? ¿Que pasear por Buenos Aires es una de las cosas que más me gustan en esta vida? Pues sí, no hemos hecho nada del otro jueves todavía, ni siquiera hemos pisado mis rincones favoritos, pero me siento bien. Esta ciudad me sienta bien, y me sienta mejor ahora que la recordamos y no necesitamos andar con el plano desplegado. Qué gusto da hacer itinerarios de memoria. Bajar por Avenida de Mayo, beber un chopp (tercio de cerveza) en el Tortoni, dar una vuelta al monumento de Plaza de Mayo en recuerdo de las madres y las abuelas y entrar un instante en la catedral a rendir los obligados honores a la tumba del general San Martín, héroe de la Independencia de Argentina y libertador de Bolivia, Chile y Perú.

También da gusto, cuando el hambre aprieta, volver al Cuartito, uno de los templos porteños de la pizza, que aquí es una religión tan intocable como Maradona, Gardel y la albiceleste. Dadme una buena botella de Quilmes y seré completamente feliz.

Ya iré contando más cosas, que ahora esperan nuestros amigos con ganas de charla y de comer algo. Porque aquí siempre se tiene ganas de hacer esas dos cosas.

Ah, se me olvidaba: 34 grados ahora mismo en Buenos Aires. En los escaparates, Papá Noel. No pegan.

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4 comentarios

alvaro -

Volvi de Argentina hace 2 meses y me encontré hoy con este artículo. Sin duda alguna todo lo que dices es verdad.
A ver cuando podré repetir la experiencia.

CONSTANZA -

ESTA PACINA ES MUY BUENA ESPECIAL MENTE PORQUE NO DA INFONCION QUE LOS SIRBE BASTANTE PARA LA ESCULA DE LAS TAREAS QUE NOS MANDAN PARA LA CASA ME DESPIDO Y MUCHAS GASIAS POR ESTA INFORMASION QUE NOS DAM CHAOO Y GASIAS MUCHAS GASIAL BAIIIIIIIIIIIIIIII

eve -

hola me parese que tiene que decir la verdad para el secua sacar imformacion je por que busco cuadra i o aparese

admiratora -

hola sergei!
estas mucho mas dulce ( de leche) desde quee scribís desde vuestro pais...
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