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El Blog de Sergio del Molino

ESCASEZ DE MONEDAS

ESCASEZ DE MONEDAS

No hay cambio en Buenos Aires, nadie sabe dónde están las monedas. Un incordio. Parece que los argentinos, hábiles nadadores de las aguas filosóficas, se ahogan en las miserias de la vida cotidiana. Lo que más jode en este país son las cosas de a pie de calle, las que casi no reciben atención.

El drama es éste: como escasean las monedas, y el billete más pequeño es de dos pesos, nadie da cambio ni se aceptan pagos en billetes grandes. Es raro que un taxista acepte más de 20 pesos, y olvídate de intentar pagar con en un bar con 50 o 100. Para colmo, el colectivo (autobús), solo acepta monedas. A nuestro amigo Javi le están haciendo polvo. Ir a la universidad es un suplicio: “Intentas comprar en un kiosco una botella de agua para cambiar tus 20 pesos para tomar el colectivo, y no te aceptan el billete. Compras más cosas para que te devuelvan billetes más pequeños y recorres otros dos o tres kioscos más comprando chicles, alfajores, qué sé yo. Al final, tenés que tomar un taxi que huele a mierda y gastarte 30 pesos comprando chicles”.

Leyenda urbana: hay mafias organizadas que acumulan monedas y las revenden a un precio superior. Puede que sea una leyenda, pero parece plausible en un país donde la picaresca asoma por todos los adoquines y hay señores por las esquinas que se anuncian a sí mismos como “oficinas de cambio” y buscan endosarte unos billetes falsos a cambio de tus dólares o de tus euros. Esta mañana, en San Telmo (donde se celebra un mercado de antigüedades dominical equiparable al Rastro de Madrid), un puestecito anunciaba el siguiente cartel: “Orange juice: 5 pesos. Jugo de naranja: 4 pesos”. Con dos cojones.

Éstas son las cosas que sacan de quicio a muchos argentinos, como nuestros amigos, que las viven con resignación. Y hay tantas… Vamos a un concierto de música clásica al aire libre, junto al Monumento a los Españoles. Cada año, la orquesta sinfónica nacional ofrece un espectáculo gratuito que congrega a miles de porteños. Los medios de comunicación se vuelcan, fuegos artificiales, silencio respetuoso hacia los intérpretes (salvo dos o tres bocazas de rigor, que son severamente acallados). Impensable en España que un acto de “alta cultura”, por más que el repertorio sea deliberadamente popular, sea el acontecimiento del día en la metrópolis. La cosa está bien, a los porteños les gusta exhibir su vena melómana: “El año pasado vino el Ballet Nacional Español y la platea costaba 250 pesos. ¡Qué vergüenza! Aquí la música es accesible, hay mucha afición, los espectáculos son baratos y accesibles, no elitistas”, dice Mecha. Olé por la cultura musical media argentina, pero incluso aquí asoma el lado picaresco-mafiosil: unos “gorrillas” controlan las zonas de aparcamiento cercanas al evento. La diferencia es que estos gorrillas no son como los españoles, no se conforman con la calderilla y piden tarifas de entre 20 y 40 pesos (entre 5 y 10 euros) por “guardar” el coche.

Más cosas que sacan de quicio y que calientan la conversación: la nueva presidenta, Cristina-Evita, que toma posesión mañana y cuyo desfile por el centro de la ciudad no nos queremos perder. Que una esposa “herede” la presidencia resulta vergonzoso para muchos, casi tanto como ese peronismo naif populachero y desganado que va a aclamar la “coronación”. Hoy La Nación desvela con todo detalle las exigencias protocolarias de Cristina. La más destacada, que ha elegido una banda presidencial de terciopelo con un bordado de 1.800 puntadas de oro. La cosa, como espectáculo, promete, ya contaremos. “Sergio, hay mucha literatura antiperonista que tenés que leer”, me insta Mecha, y también me invita a ir a Necochea, su pueblo pampero, para que su madre me cuente -con lujo narrativo del preciosismo argentino- cómo era la vida cotidiana bajo el rodete de Evita. En otro viaje será. Lo de los libros, que me den títulos, que tengo una maleta por llenar.

Por suerte, la conversación no se agota en la complejísima política argentina. Bajo la cálida noche del barrio de Palermo, con las terrazas llenas hasta los topes, charlamos y charlamos hasta que los párpados dicen basta. Cuidándonos de los pícaros, nos vamos a dormir.

PS: mensaje privado para Eduardo Montes-Bradley, por si acaso lo lees: te he llamado a los teléfonos que me diste, pero no logro dar contigo. Lo seguiré intentando, a ver si nos vemos antes de que vuelva a España, nos hacemos una foto y la puedo colgar aquí.

Foto: el que me acompaña en esta terraza de Palermo es Javier Roberti, sabio, brillante, idealista que afirma haber dejado de ser idealista, psicólogo en ciernes y mente preclara. Un crack. A mí parece que me ha dado un ataque de apoplejía y me he quedado más tonto de lo que soy, pero es la consecuencia de forzar el torso para salir en el objetivo. Además, pongo mi típica cara de foto, entre complacida y atontada. No se me puede sacar de casa.

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4 comentarios

Mecha -

Ay, Sergio... qué poco feliz mi intervención en tu Blog... Has sacado esa señorona que come (¿la rosca de San Vicente era?) sólo porque es gratis...
Otra cosa: ¿por qué foto de Roberti y no mía? Estoy súper celosa, enfadada y ofendida. Ni se te ocurra volver!... Bueno, tal vez si traes algo gratis, jajaja

fans -

perdon quería decir, cual de la foto eres tu... porque retorcido no veo a ninguno,,

fans -

hola sergei, eres el de la foto??

Severiano -

Ahora entiendo por qué hay tantos malabaristas callejeros argentinos en España: vienen a por monedas para revenderlas en Buenos Aires.
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