Blogia
El Blog de Sergio del Molino

LA NUEVA EVITA

LA NUEVA EVITA

¿Por dónde empezar? No sé si vengo de presenciar un momento histórico, el nacimiento de una segunda Evita, la gran esperanza de los nuevos descamisados o de una pantomima pequeño-burguesa sin importancia. De verdad que no lo sé, pero me alegro de haber estado hoy en Buenos Aires y de haber vivido una experiencia imposible de presenciar en Europa.

Para los despistados: Cristina Fernández de Kirchner tomaba posesión de la presidencia argentina hoy. Importancia: es la primera mujer democráticamente elegida. en este país. Morbo: es la esposa del anterior presidente, que ha renunciado a presentarse a la reelección. Hay un tufillo desagradable en la maniobra. Nota a tener en cuenta: los Kirchner son peronistas, lo cual tampoco es una etiqueta muy definitoria de nada, pero hay que considerarla en lo que vale.

A todo esto, hay que añadir que los argentinos viven la política con intensidad violenta. A nadie en el país le ha dejado indiferente la ceremonia. Los discursos se han emitido íntegros y han sido seguidos masivamente por radio y por televisión, con agrado o con asco. El soporte popular de Cristina, que es mucho, ha tomado el centro de Buenos Aires, con algunos incidentes que hemos sufrido marginalmente en Plaza de Mayo.

La cosa iba así: Cristina es investida por el Congreso y recibe la banda y el bastón de mando presidenciales de manos del anterior presidente, su señor marido. Un taxista peronista bromeaba mientras escuchaba el discurso por la radio y nos llevaba por la avenida 9 de Julio: "¿Se darán un piquito o un abrazo?". Después, salen del Congreso y recorren en un desfile la Avenida de Mayo hasta la Plaza de Mayo, donde está la Casa Rosada. Allí había montada una gran fiesta peronista. Miles y miles de descamisados (pobres de solemnidad, doy fe) llegados en autobuses desde casi todos los rincones del país llenaban la plaza. Nos costó mucho abrirnos paso entre las banderas y el gentío que se apelotonaba en el escenario, pero al final conseguimos un buen sitio (algo peligroso también: un conato de avalancha y la bronca entre facciones peronistas han estado a punto de acabar muy mal y ahora podría estar escribiendo esto desde el hospital. Era un poco bruto el asunto, y la presencia de los antidisturbios con las tanquetas de agua no tranquilizaba nada).

El fantasma de Evita contaminaba toda la plaza. Las pancartas la invocaban, y algunas invocaban también a su marido el general. Retratos y siluetas sobre banderas blancas y azules. La propia Cristina ha terminado su discurso de investidura invocando también emocionada a "Eva" y ligándola con la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que estaban en la cámara. Los mensajes contra la impunidad de los represores de la dictadura, la promesa de que se les seguirá persiguiendo y buscando a los desaparecidos, los más emotivos para todos, los más esperados.

Actuaron algunos grupos en un festival algo caótico que celebraba la toma de posesión, con la aparición estelar de Gustavo Santaolalla. Pero a quien esperaba todo el mundo era a Mercedes Sosa, la gran Negra, la más querida payadora, que se tiene en pie a duras penas pero que conserva su chorro de voz. Se sentó al micro y entonó el "Sólo le pido a Dios". Dos estrofas nada más, porque a la tercera entró, muy efectista, la gran Cristina-Evita de la mano de su marido Néstor. Los aplausos y los gritos del público acallaron a la Negra Sosa. Impecablemente vestida, con un traje diseñado para la ocasión y cuya confección era casi un secreto de Estado. Una refinada y elegante señora frente a los desarrapados que hace más de medio siglo aclamaban a Evita desde ese mismo sitio. ¿La historia avanza en bucles? No lo sé, pero sí que es cierto que por más que los que nos ganamos la vida poniendo por escrito las cosas que pasan nos esforzamos por encontrar la perspectiva original y novedosa, la realidad aparece mostrenca, con unas referencias sobadas y facilonas.

La sensación es algo noqueante. Agotadora, excitante. Siempre emociona ver a un pueblo en la calle. Hay que tener un corazón de cartón para quedarse indiferente. La lengua amenaza con desatarse por llanuras épicas, pero hay que tirar fuerte de las riendas para refrenar la cabalgada. Sobre todo yo, que soy más de interiores íntimos.

Me siento afortunado por haber visto esto, sea lo que sea.

Foto: era prácticamente imposible capturar a Cristina en el escenario, pero esta imagen, con las banderas en primer término, me ha parecido de las màs logradas que he hecho.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres