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El Blog de Sergio del Molino

GLACIARES Y LIBRERÍAS

GLACIARES Y LIBRERÍAS

El Calafate ya ha entrado en mi lista de los sitios más extraños en los que he estado en mi vida. Una única calle principal en un páramo moteado de arbustos y azotado (no es una imagen: es literal) por un viento más furioso que el cierzo. El resto, pistas de grava, con pedruscos grandes como puños que destrozan los amortiguadores de un parque automovilístico muy castigado ya de por sí. Un buen montón de hoteles dispersos por el llano, a orillas del lago Argentino, y unos cuantos restaurantes estupendísimos que reciben los suministros de Chile y de Río Gallegos, la población más cercana, a más de 300 kilómetros hacia el Atlántico.

De El Calafate parten las excursiones para el Perito Moreno y los glaciares, y en sus calles se juntan montañeros curtidos sin dedo meñique y turistas desocupados y perezosos como nosotros, que no pretendemos remontar ningún río andino ni salvar cordillera alguna, sino comprobar si lo que nos han contado y hemos leído sobre la abrumadora belleza del glaciar Perito Moreno es cierto. En la calle principal, unas cuantas librerías especializadas en la Patagonia. Fantásticos libros de viajes en los que Chatwin reina casi por derecho propio, a la par que el Perito Moreno que descubrió y dio nombre al glaciar a finales del siglo XIX y que trazó los límites de la frontera con Chile.

Nos sale un dío horroroso. Llueve, el viento apenas deja abrir los ojos y el cuerpo, recién habituado al calor de Buenos Aires, se entumece y congela. A muchos les molesta, pero a nosotros nos parece un panorama maravilloso para disfrutar del glaciar, que efectivamente es tan impresionante como esperábamos. Incluso teniéndolo delante, es imposible concebir tal cantidad de hielo. No lo asumes. Esa pared de hielo azul y blanco, que cruje y se derrumba cada pocos minutos. La naturaleza es bestia a veces. Ahí está, un resto de otros tiempos, un fósil geológico de la última glaciación que sigue "vivo". Los hay más grandes en esta parte sur de la Patagonia, pero el Perito Moreno es especial porque se muestra esplendoroso al espectador: parece que quiere ser contemplado, con su frontal bien hermoso asomando a una península e internándose en ella. Pero también lo es porque, según nos explican, su comportamiento escapa a toda lógica ciéntifica: crece en lugar de retroceder, como la mayoría de los glaciares, y rompe cuando le da la gana, desafiando todas las previsiones de los geólogos.

Ya estamos en Buenos Aires, lejos de una Patagonia metida de lleno en una carrera turística que puede no ganar, ya que le siguen faltando infraestructuras básicas, como buenos aeropuertos y autovías fiables. En la provincia de Santa Cruz han cambiado a las ovejas por otros rebaños, los de turistas, pero está todavía por ver si los miles de apasionados voyeurs que nos acercamos al glaciar somos parte de una moda pasajera -que se romperá cuando el peso vuelva a cotizarse fuerte y la economía argentina repunte- o de verdad hay una posibilidad viable -sin los salvajismos cometidos en España- de que el turismo se afiance como esperanza para una de las regiones más pobres del país. Yo, a pesar de El Calafate, a pesar de los aviones con overbooking y a pesar de los hoteles de superlujo como el que nos reservó Fernanda, la agente de viajes que sudó tinta para organizarnos la escapada desde Buenos Aires, tengo mis dudas. En Argentina todo es muy frágil, y una de las constantes de su historia son los proyectos y las esperanzas quebradas: el equilibrio es tan sutil, que cualquier bandada de viento lo manda todo al cuerno, como se vio en el corralito de 2001 y el llamado "corralón" posterior. De ahí la perenne nostalgia por lo que nunca fue pero pudo haber sido.

Eso se aprecia mejor en Buenos Aires, que Borges definía como "capital de un imperio que nunca existió". De ahí proviene la arrogancia que les hace odiosos a los ojos de muchos latinoamericanos. De ahí proviene todo lo bueno y todo lo malo de la sociedad y la cultura argentinas.

Paseamos por la avenida Corrientes, atontados por el sol y el tráfico, y en cada esquina hay una constatación de ese tópico. En Corrientes, además de un verso de un tango ("Corrientes, 348, segundo piso ascensor") hay fundamentalmente dos cosas: teatros y librerías. También hay trileros, casas destruidas, carteristas, oficinas con moqueta desteñida y restaurantes españoles, pero los teatros y las librerías ganan a todos. Las librerías de Corrientes son las más famosas de la ciudad, las más queridas, especialmente las de viejo: sucios almacenes desordenados en los que puede aparecer cualquier joya por unos pocos pesos. Pero todas, las de novedades -suelos de parqué, anaqueles pulcros, jóvenes dependientes atentos, cafetería para hojear a gusto- y las de lance comparten una característica: el ensayo domina sobre la ficción. Las secciones de historia, política, filosofía y sociología están mucho más visibles y nutridas que las de novela, que algunos locales marginan al fondo.

Normal: la literatura argentina tiene un bien merecido caché, pero a los porteños les pierde el ensayo. Leen muchísimos textos de reflexión política e histórica, especialmente si tratan sobre su país. Perón a favor y Perón a la contra, pero siempre a vueltas con Perón. La influencia de los montoneros, la compleja y larga sombra de Evita. La problemática herencia española, la de la colonia y la de los emigrantes. Las razones de la crisis del corralito. El indigenismo. Esos son los libros que se destacan en las librerías de Corrientes, esos son los que husmean lectores desvaídos y solitarios incluso de noche, pues en Corrientes todo cierra tarde, muy tarde. O no cierra nunca. Las obsesiones bonaerenses son como los tangos: se repiten con variantes año tras año, día tras día.

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4 comentarios

pilar -

hola ke bkn la foto del glaciar ........... xaooooo

laura zaferson -

Es cierto. Yo vivo en Baires y, a pesar a las librerías tan lindas, prefiero los huequecillos de libros viejos. Son más baratos y ¡hay novelas! :)

Javier -

Muchas gracias por el comentario tan halagador!! Espero que hayan llegado muy bien y vuelvo a pedirles disculpas por no haber podido estar más tiempo con ustedes pero estaba y estoy con varios finales. La próxima será. Y espero que sea pronto!

álvaro ortiz -

jefe!
pero que viajecitos tan interesantes se hace usted!

disfrute mucho, y abrazos transoceánicos!

á
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