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El Blog de Sergio del Molino

LE MOT JUST

Hay épocas en las que no te sientas bien. No es que tú te sientas mal, es que no te sientes bien contigo, que es muy distinto. No te sientes bien con ese cuerpo, con esa cara o con esa voz. Yo no me siento bien con mis palabras y mis frases. Me llevo muy mal con mis textos: discuto con ellos, me enfado, los borro, los retuerzo, los destrozo. A veces (para mi desgracia, todas las semanas), no me queda más remedio que publicarlos, y entonces los veo sobre el papel de periódico, sin remedio, sin que mi boli corrector tenga ya ningún efecto sobre ellos, y me entran ganas de encerrarme en una cueva y no salir. De hecho, si no cambio de arriba abajo este blog es porque me lo he propuesto como ejercicio supuestamente sano: lo que se publica, se publica con todas las consecuencias, ya no hay vuelta atrás.

Dudo, dudo terriblemente. Hay épocas más alegres en las que todo fluye más fácil y, aparentemente, con la fisicidad adecuada. Pero en estos días gana la incomodidad. Es una sensación asquerosa: como si ninguna prenda te sentara bien, como si no encontraras jamás la postura buena en la cama.

En fin, uno se va volviendo más exigente y tiene el vicio de leer demasiada literatura buena. Estoy intoxicado de literatura, me tengo que rehabilitar. Cortázar tenía el cuajo de decir que los cuentos casi le salían solos en un proceso casi inconsciente. Está ahí, en sus entrevistas. Que si el cuento se redactaba por si mismo, que si él apenas intervenía, que se dejaba fluir tras el fogonazo inicial... Por los cojones, don Julio, por los cojones. Sus cuentos son mecanismos narrativos perfectos, que funcionan con precisión suiza. No hay nada casual, nada "inspirado", nada dejado al azar. Son el resultado de un trabajo obsesivo, de un perfeccionismo patológico que desconfiaba muchísimo de su talento natural. ¿Por qué si no era tan cuidadoso al publicar? ¿Por qué si no publicó con seudónimo sus primeras obras? ¿Y por qué, si no, no tuvo empacho en tirar a la papelera cientos y cientos de páginas que cualquier otro escritor menos escrupuloso hubiera publicado sin miramientos? Porque perseguía una perfección que no le venía de las musas, sino de años y años de trabajo puntilloso de relojero. Porque perseguía "le mot just" con más fiereza que nadie.

El reverso tenebroso de Cortázar es otro argentino, César Aira, que publica todo lo que escribe sin apenas corregir nada. De hecho, publica más libros de los que son capaces de leer sus lectores, en una estrategia pensada para apabullarles, ahogándoles en un torrente de escritura contínua muy parecido al que desatamos los blogueros, que no nos callamos nada.

Estoy intoxicado de libros y tengo que rehabilitarme. M. G. me vaticina un agostamiento estilístico (antes incluso de haber encontrado mi estilo, qué guay) provocado por la práctica indiscriminada y en sobredosis de un periodismo en el que a muchos nos resulta cada día más difícil creer (porque está dejando de ser una cuestión profesional para convertirse en cuestión de fe. Pura supervivencia). Me noto como hinchado, y no son los kilos que me sobran. Son los tópicos que no controlo, que se me escapan en los textos y que me duelen como latigazos. Son los adjetivos mal puestos, las frases demasiado largas, las reiteraciones que se escapan, los ripios, la literatura de relleno y retórica que me empacha como un bollo pretencioso. Y, sobre todo, el atasco intestinal que padezco al tener perfectamente clara en mi cabeza la historia que quiero contar y cómo llevo casi dos años dando vueltas sobre la forma definitiva sin encontrarla.

Me estoy desbrozando, intento ponerle remedio a la parálisis. He solicitado la ayuda del doctor Espinosa, esteta chileno dotado de la crueldad que solo tienen los verdaderos escritores y que a mí me hace falta. Necesito limpiarme, desbrozarme, saber qué coño quiero hacer con estas palabras que no puedo dejar de escribir. De momento, aquí está este blog, este cuaderno de notas en el que me peleo con mis pudores y en el que me desfogo y me río a gusto.

Habrá que esperar tiempos mejores.

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4 comentarios

Antonio -

Te entiendo: ¡No sabes cuánto! ¡Coincidencias, cosas de blogueros!

Gilgamesh -

Sé lo que siente, amigo Del Molino... déjelo, estará toda la vida igual, dándole vueltas a ello...

Evita -

siento llegar tarde al post.
o nunca hay demoras en matrix?
bueno... prometo hacerte llegar los vinum de nuevo, kopf hoch.

Anakrix -

No sé si esto te va a servir de mucho metido como estás en plena crisis existencial... pero si algo haces bien es escribir, Del Molino. Los que pasamos de vez en cuando por este blog tenemos eso muy clarito. Un beso
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